Un mensaje ideológico

Carlos Peña

Interesante análisis ideológico del discurso de Sebastián Piñera, que realiza el rector de la Universidad Diego Portales, donde demuestra su inclinación notoria a políticas derechistas. Profundizando y expandiendo el análisis se verían nitidamente el nazi-fascismo en sus postulados programáticos.

Un mensaje ideológico

Carlos Peña (Tomado de El Mercurio)

El discurso del 21 de mayo dejó ver el puñado de ideas que, simplificadas a más no poder y bajo la forma de ideología, orientan a la derecha.

Desde luego, está la convicción de que si usted remunera una cierta conducta, la gente tenderá a realizarla. La muestra más notable, y cercana a la caricatura, de ese prejuicio (cuyo origen está en la economía neoclásica), fue el anuncio de un bono para quienes sostengan su matrimonio por medio siglo. ¡Piñera presentó la idea como una forma de promover la familia!

¿Habrá alguien que piense, de veras, que ese bono ayudará a disminuir eso que Baudelaire llamó el “horror doméstico”? ¿Alguien que a la vista de un bono pueda tolerar el hastío con que la vida lo maltrata? El anuncio de Piñera fue un ejemplo de cómo una buena idea (la de usar incentivos en las políticas públicas) puede ser transformada por el apuro retórico en una simple estupidez.

En materia de educación apareció otro de los rasgos ideológicos que inspiran a Piñera.

La derecha piensa que la buena educación depende, en una medida importante, de la elección familiar. Es la vieja idea de Friedman: si usted tiene un mercado abierto de proveedores educativos y deja a la gente escoger, los padres sancionarán las malas escuelas y matricularán a sus hijos en las de mejor desempeño. Esta idea inspiró parte importante de los anuncios educativos de Piñera.

Parece una idea sensata, pero a poco de analizarla se descubre un error. Como la literatura muestra hasta el hartazgo, la familia es una de las principales causas de la desigualdad escolar (puesto que la familia transmite redes, capital cultural, habitus y ese tipo de cosas). ¿En virtud de qué la causa de un problema podría ahora, repentinamente, transformarse en la solución? La famosa frase del Parsifal —la mano que inflige la herida es la misma que la cura— no se aplica desgraciadamente en educación.

La idea de los liceos de excelencia muestra también otro rasgo ideológico de interés.

Es verdad que si existieran colegios de excelencia habría una mayor cantidad de alumnos talentosos y sin recursos que podrían aspirar al éxito (medido por su acceso a cupos universitarios valiosos). Pero ocurre que una medida como esa —que Piñera anunció— simplemente descremará al sistema público: concentrará, mediante la selección por rendimiento, a los más talentosos y resilientes, y aislará a los más deprivados; dará a los que tienen y quitará a los que no tienen. ¿En qué sentido una medida como esa corrige la desigualdad? Sólo si usted piensa que el rendimiento escolar es producto de la voluntad del alumno (y no, en su mayor parte, reflejo de dotaciones involuntarias) esa es una medida justa.

En fin, el tema de la seguridad pública mostró otra característica de la ideología que inspiró el discurso.

La derecha piensa que una de las claves del incremento de la inseguridad es la existencia de demasiadas garantías. Entre ellas se contaría la defensa penal pública. ¿Acaso —parece preguntar Piñera— no es el colmo que el Estado financie la defensa de quienes delinquen y en cambio deje indefensa a las víctimas? Es lo que subyace en el anuncio de la creación de una defensoría de las víctimas.

Ese punto de vista descansa en un malentendido. El Estado ya financia la persecución penal (esa es la tarea de la fiscalía). Y cuando paga la defensa de los imputados lo hace para legitimar el castigo. El Estado de Derecho consiste en eso: en respetar con escrúpulo las reglas a la hora de aplicar la coacción. Así, entonces, no es que el Estado esté del lado de los delincuentes (como sugiere Piñera cuando anuncia que ahora se pondrá del lado de las víctimas). Simplemente está del lado de la ley.

Y no hay pragmatismo que pueda relativizar eso.

Pero si esos anuncios muestran los rasgos ideológicos de la derecha, hubo un gesto que los subraya hasta el hartazgo: junto a la tontera de las bodas de oro, Piñera guardó silencio sobre las parejas gay. Un buen gesto para el conservantismo, pero un engaño para todos los interesados en las libertades, quienes, creyendo lo que oyeron en la campaña, votaron por él.

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