Son las ideas justas, estúpidos

Manuel E. Yepe (Tomado de La República, España )

Quien quiera comprobar, o demostrar, la solidez del proyecto revolucionario cubano y su irreversibilidad, puede tomar como base para el análisis la actitud de los cinco cubanos que permanecen como prisioneros políticos en cárceles de Estados Unidos hace más de once años, distantes entre sí y sometidos a múltiples vejámenes, por delitos de los que no son culpables, según criterio de cuanta persona inteligente y honrada de cualquier parte del mundo que se ha interesado en el caso.

Son las ideas justas, estúpidos

Manuel E. Yepe (Tomado de La República, España )

Quien quiera comprobar, o demostrar, la solidez del proyecto revolucionario cubano y su irreversibilidad, puede tomar como base para el análisis la actitud de los cinco cubanos que permanecen como prisioneros políticos en cárceles de Estados Unidos hace más de once años, distantes entre sí y sometidos a múltiples vejámenes, por delitos de los que no son culpables, según criterio de cuanta persona inteligente y honrada de cualquier parte del mundo que se ha interesado en el caso.
Millares de prestigiosas personalidades de las artes, las letras, las ciencias y la política se han pronunciado contra la injusticia, incluyendo un buen número de premiados Nobel, prestigiosas organizaciones de juristas y parlamentos de varios países.

Sin contacto alguno entre ellos, estos cinco patriotas cubanos han dado muestras reiteradamente, hasta en las condiciones más extremas de aislamiento, de una unidad de acción y una lealtad a su pueblo, a su patria y a sus ideales comunes que solo puede corresponder una nueva calidad humana que se ha forjado en la confrontación entre la revolución cubana y la superpotencia hegemónica.

Frente a las ficciones de la campaña difamatoria de Estados Unidos contra Cuba está la de la continuidad de la revolución en el tiempo se debe a la persistencia en su liderazgo de la generación de dirigentes que encabeza Fidel Castro, y ningún mejor desmentido para ello que la firmeza de estos jóvenes patriotas. En ella hay una clara demostración de que la revolución independentista que vive Cuba desde 1868, que transcurre actualmente por su etapa decisiva en lucha contra el poder imperialista que pretende el lugar de la corona española, no depende de la decisión de un hombre por inmenso que éste sea, ni resulta de la voluntad de un grupo de personas sino del propósito congénito de una nacionalidad forjada en su propia lucha.

El proceso legal que se ha seguido contra estos cinco antiterroristas  está siendo uno de los más prolongados y más sinuosos –por el cúmulo de arbitrariedades promovidas por el poder ejecutivo- en la historia  judicial de Estados Unidos.

Esta historia comenzó en los años 90 del siglo XX, tras la caída del bloque socialista en Europa, cuando Cuba, necesitada de suplir la pérdida de ese mercado, el mayor en su comercio exterior y fuente casi única de créditos, optó por promover el turismo y la inversión extranjera como estrategia de supervivencia económica.

En Estados Unidos, los grupos contrarrevolucionarios cubanos financiados, entrenados y dirigidos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) arreciaron su guerra terrorista contra Cuba, en especial contra objetivos relacionados con el turismo y la inversión extranjera en la isla. Se llevaron a cabo acciones con explosivos contra algunos de los mejores hoteles y restaurantes de Cuba por mercenarios contratados en terceros países, a través de Miami. Las autoridades estadounidenses nada hacían contra estas formaciones terroristas.

Cuba, en legítima defensa, asignó a un grupo de jóvenes escogidos entre los millones con similares condiciones con que cuenta el país, la riesgosa tarea de infiltrarse, desarmados, en las filas de esas agresivas organizaciones mafiosas de Miami, para monitorear sus preparativos terroristas a fin de denunciarlos y así neutralizarlos.

Los resultados de ese peligroso trabajo fueron puestos en junio de 1998 a disposición del entonces presidente  Bill Clinton por el escritor colombiano Gabriel García Márquez a solicitud del entonces presidente cubano Fidel Castro. Así llegó esa información al FBI que, de inmediato, en vez de arrestar a los terroristas, apresó a los antiterroristas.

Luego ha habido una sucesión de arbitrariedades que han enlodado el prestigio del sistema judicial estadounidense y, de paso, agravado el desprestigio de los medios de prensa en la nación, que prácticamente han hecho del proceso un secreto absoluto. Según encuestas, más del 90% de la ciudadanía no ha oído, visto o leído jamás información alguna acerca de éste, uno de los escándalos que mayor divulgación merecería en un país que alguna vez se proclamó paladín de la libertad de prensa.

Contra ellos, las autoridades de Washington han intentado de todo, aprovechando su situación de extrema indefensión. Incluso les han formulado, tanto al efectuarse los arrestos como recientemente, a lo largo de los once años transcurridos, reiteradas propuestas de colaboración y traición a su patria -que ellos han rechazado con vehemencia- a cambio de más benévolas sentencias.

Fernando González, René González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández y Ramón Labañino, son jóvenes intelectuales cubanos plenos de ideales de justicia y patriotismo que asumieron la heroica tarea con total conciencia de los peligros y la cumplieron exitosamente.

Su audaz acción sirvió para desarticular planes criminales de lesa humanidad y salvar cientos o miles de vidas de civiles, no solo en Cuba, sino también de Estados Unidos, ya que, si bien la campaña terrorista contra Cuba ha costado a la isla 3 400 muertos en los últimos 50 años, a estos grupos de mercenarios cubanos manejados por la CIA se atribuye participación en más de 360 hechos terroristas en territorio de EE.UU. desde 1959, entre ellos, el magnicidio de John F. Kennedy.

Los Cinco ostentan ya el título de Héroes de la República de Cuba como justo reconocimiento de sus compatriotas y han sido propuestos por organizaciones pacifistas de diversas partes del mundo para el Premio Nobel por la Paz, del que serían merecedores legítimos.

En las graves condiciones carcelarias, no ha decrecido el talento artístico, técnico o político que bullía en ellos cuando fueron apresados. Por el contrario, se les desarrolla cada vez más, en la medida en que su ejemplo se extiende, más allá de las nuevas generaciones de cubanos, a otras juventudes del continente que aspiran a ser como ellos.

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