Serios momentos de disyuntiva

(Comunismo o barbarie)

José Leiva

En consecuencia, para lograr una vida mejor, nuestro pueblo debe asumir el protagonismo en la lucha. Debe organizarse en torno a demandas políticas estructurales con todas las organizaciones sociales, y construir un partido político revolucionario. Éste es un paso insoslayable para avanzar de manera decisiva en la construcción del comunismo.

Serios momentos de disyuntiva

(Comunismo o barbarie)

José Leiva

La época que vivimos

Cada época histórica se distingue por características específicas que son transversales a la gran mayoría de países del planeta determinando así su vida social, económica y política.

Son las grandes potencias las que encabezan y dirigen estos sistemas imponiendo sus voluntades e intereses políticos y económicos al resto del planeta.

Si quisiéramos caracterizar la época que estamos viviendo, sin duda, diríamos que es de profunda crisis sistémica del capitalismo, con claros indicios de ser terminal.

¿Qué define o determina el carácter terminal de esta crisis? ¿Por qué no se puede considerar como una más de tantas que han ocurrido periódicamente en el capitalismo?

Podemos responder sin temor a equivocarnos que es por lo siguiente:

1.- Copamiento y saturación de los mercados de capitales sin que exista posibilidad de abrir nuevos, lo que ralentiza y /o estanca su circulación, función principal para obtener ganancias.

2.- Desarrollo industrial y tecnológico mundial conduciendo la producción de mercancías a niveles superiores de lo que requiere la población mundial y soportan los mercados. También esto frena la economía.

3.- Incentivación del desarrollo científico–tecnológico con el fin de abaratar costos de producción, supliendo la mano de obra humana por la robotización y automatización. Siendo paradojal, es a la vez, el punto más crítico del sistema capitalista porque acelera el fin de la producción de capitales. El sistema capitalista no puede subsistir sin la generación de plusvalía (ganancias), propiedad exclusiva del ser humano. El robot puede producir bienes materiales, pero no generar ganancias.

La guerra como solución para el imperialismo

Como consecuencia de cada crisis advinieron guerras. Mientras más grande es la crisis más Estados se ven involucrados.  Con razón se dice que en toda guerra hay intereses económicos que las impulsan. Estados Unidos, junto a las economías capitalistas históricas son los más afectados. El fuerte desarrollo de China, India y Rusia es la causa principal de la falta de mercados para los capitales imperialistas.

Yugoslavia, Afganistán, Irak y Libia fueron guerras impuestas con el fin de recuperar las economías, pero insuficientes. Solo una destrucción masiva y de enormes fuerzas productivas podrá revivir al capitalismo.

A Estados Unidos no le queda otra alternativa que frenar las economías de las potencias emergentes. De lo contrario, tiene que abandonar su estilo de vida, que con todas las contradicciones acumuladas en su historia, lo conducirá indefectiblemente a una implosión, a una guerra civil.

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos no fue una casualidad ni la voluntad de su pueblo. Fue decisión del sector más reaccionario de la oligarquía industrial y financiera del imperialismo. Hoy se sabe el papel que tuvo la empresa “Cambridge Analytica”, especialista en manipular conciencias y elecciones, para que Trump ganara la presidencia.

Trump es el Hitler moderno. Es una caricatura, marioneta de las grandes corporaciones, tal como lo fue Hitler, y como éste, puede llevar a la humanidad a otra tragedia histórica.

Como en toda guerra la justificación para iniciarlas, es la mentira. A Irak le costó un millón de muertos y un país destruido por la falsa acusación de poseer armas de destrucción masiva. Hoy vemos que se inventan mentiras en torno a Siria.

El imperialismo, Estados Unidos, Europa y Japón, iniciaron la guerra comercial contra China y Rusia, principales objetivos a destruir. Las sanciones comerciales siempre anteceden a las acciones militares.

Hoy las capacidades militares de las grandes potencias son tales, que cualquier guerra sería un retorno a la edad primitiva, a la barbarie.

La única alternativa, el Comunismo

Ante esta realidad, no queda otro camino que hacer cambios radicales en todo el sistema económico y político. Se requiere de un sistema revolucionario que traiga prosperidad y ponga fin a todas las lacras del capitalismo: las guerras, la discriminación de toda índole, la explotación del hombre por el hombre, la criminalidad como forma de subsistencia, etc.

La humanidad requiere de una nueva forma de distribución de los frutos del trabajo del hombre. Hoy la industria y la tecnología permite abastecer a toda la población mundial de sus necesidades básicas: salud, educación, vivienda, vestuario, medios de comunicación, de transporte y alimentos. Solo se requiere un nuevo sistema de distribución, de relaciones productivas basadas en la “propiedad” social de los medios de producción.  La riqueza creada por el trabajo debe ser para todos y no para unos pocos.

En el comunismo es donde la libertad llega en su plenitud, donde a “cada cual se le exigirá según sus capacidades y a cada cual se le dará según sus necesidades”.

Chile requiere de revolución

Nuestro país tiene capacidades para ser un país desarrollado con un alto nivel de bienestar económico y social. Sin embargo, sus ingresos van a manos privadas, cuyos intereses no son precisamente el progreso de Chile.

La crisis estructural del sistema ya es parte de nuestra vida. El sistema judicial funciona para los que tienen dinero; el sistema de salud público es un desastre y el que funciona bien es el privado, que sólo beneficia a los que tienen mucho dinero. El sistema político administrativo es controlado por la clase más rica del país, a través de coimas, pago de campañas políticas y todo tipo de granjerías. Los inmigrantes, que vienen en busca de trabajo, son sobreexplotados y víctimas del racismo y el chovinismo imperante en Chile.

Podemos hacer de Chile un país próspero, solidario y pacífico, como lo intentó Salvador Allende y la Unidad Popular.  Si el imperialismo yanqui no hubiera intervenido en nuestro proceso, no hubiera ocurrido el golpe sangriento, y hoy Chile sería un país del “primer mundo”. Con sus riquezas naturales y su pueblo trabajador no hubiera sido difícil lograrlo, pero los intereses egoístas de la burguesía y el imperialismo, truncaron el sueño de nuestra nación.

En los 28 años de “democracia”, a pesar de todas las promesas, Chile sigue hundiéndose en la descomposición social, medioambiental, económica y política. Ninguna reforma ha cumplido el objetivo anunciado y prometido. Todos prometen más reformas y lo que vemos a medida que el tiempo pasa es más corrupción y los ricos son cada vez más ricos.

Chile no necesita reformas, necesita una revolución.

La lucha política y revolucionaria del pueblo es el imperativo de hoy

Nuestro pueblo ha sido infatigable en su lucha por demandas económicas y sociales. Desde el gobierno anterior de Sebastián Piñera, las movilizaciones han sido permanentes.  A veces con mayor intensidad que otras, pero la manifestación de descontento y por la búsqueda de soluciones a los problemas de nuestro pueblo, han sido continuas en el tiempo. Las pocas migajas que se alcanzan a arrebatar a los dueños de este país al poco tiempo se esfuman.

Así como el mundo va hacia un abismo, Chile como país totalmente dependiente, será arrastrado a la vorágine del caos guerrerista. Nos esperan duros momentos. Si el período anterior de Piñera las movilizaciones fueron masivas, ahora serán de mayor intensidad y más violentas.

Hasta ahora el pueblo se ha organizado en torno a las demandas con éxitos efímeros. Es hora que el pueblo tome su destino en sus manos, pasando a luchar por demandas políticas. Las organizaciones sociales, colectivos, juntas de vecinos y todas las organizaciones de nuestro pueblo deben unirse en torno a demandas políticas concretas, tales como:

– Nacionalizar las grandes empresas transnacionales y estratégicas

– Nacionalizar la banca privada

– Desarrollar una política de industrialización del país

– Cambiar el sistema político administrativo representativo por uno participativo

– Un nuevo sistema educacional en función del país y no del mercado

– Cambiar sistema previsional

– Cambiar el sistema judicial

– Cambiar la política de seguridad nacional y a las Fuerzas Armadas

– Desarrollar una verdadera política de integración regional

En consecuencia, para lograr una vida mejor, nuestro pueblo debe asumir el protagonismo en la lucha. Debe organizarse en torno a demandas políticas estructurales con todas las organizaciones sociales, y construir un partido político revolucionario. Éste es un paso insoslayable para avanzar de manera decisiva en la construcción del comunismo.

 

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