REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y POPULAR

EDITORIAL

fin al lucroNo es extraño que todas las encuestas y la última elección reflejen que el 60% de la población no cree en el sistema político vigente ni en “la clase política” de la que es parte y, lo más probable,  es que no puede haber cambios bajo esta Constitución. En estas condiciones  lo único conducente a que la participación electoral tenga un sentido, además de crear conciencia política de la realidad, organizarse, hacer campañas de adhesión partidista y levantar un proyecto revolucionario, es una acción masiva de protesta contra el régimen vigente y su clase política votando por candidatos que estén por cambiar de raíz todo el sistema político y económico. Obviamente no entran aquí ni la Concertación (incluidos el PC, MAS, PRI y todos los partidos funcionales al sistema)  ni la Alianza.

REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y POPULAR

EDITORIAL

 

INTRODUCCIÓN

En el mundo político no hay duda de la crisis que está atravesando el capitalismo. Aun sin poder encontrarle una salida se ha ido adaptando y en cierto modo “controlando” su evolución con salvavidas financieros y fuertes ajustes a las economías nacionales. Los esfuerzos realizados por los países imperialistas y sus centros financieros han logrado desplazar la crisis a países y regiones determinadas permitiendo mantener un desarrollo productivo en otras regiones. Este hecho es lo que refleja el crecimiento de los países exportadores de materias primas.

En el caso de Chile, el optimismo que muestra la imagen de un país con alto ingreso per cápita y un crecimiento sostenido impide ver el desastre que se va incubando. Las políticas instauradas durante la dictadura militar y profundizadas durante los gobiernos de la concertación y de la alianza permiten a las grandes empresas transnacionales y nacionales explotar y depredar a la población y la geografía a su antojo siendo avaladas y apoyadas por las leyes e instituciones del Estado. El desenfreno de estas políticas es la causa no solo de un agravamiento de las injusticias y abusos sino también de la generación de serios trastornos en la forma de vida de los chilenos.

Los cambios que necesita el país deben ser revolucionarios si queremos evitar una catástrofe social, económica y política.

El 2013 es un año esencialmente político; es un año electoral donde no más del 40% de los electores manifestará su preferencia; las movilizaciones sociales continuarán siendo la otra forma de expresar la opinión que el gobierno y el parlamento no pueden atender; es un año en que se cumplen 40 años del golpe militar contra Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular;  y, sobre todo, un año de construcción de un proyecto revolucionario.

 LAS ELECCIONES PRESIDENCIAL Y PARLAMENTARIAS

La interrogante que emerge es si debemos participar o no en las elecciones venideras. Para dar respuesta a esta interrogante es necesario entender el papel que juegan las elecciones en cualquier sistema democrático, sea este para definir a un presidente de centro de alumnos o a un presidente del gobierno del país.

En general el sistema electoral está determinado por el sistema democrático y los intereses políticos de los sectores dominantes de una sociedad. Desde el punto de vista marxista, todas las formas de organización social están casi totalmente influenciadaspor los designios de las clases dominantes de esa sociedad y del modo de producción vigente.  En otras palabras, la democracia es propia de una sociedad dividida en dominantes  y dominados, o mejor dicho, en clases sociales irreconciliables. Son los intereses económicos, en última instancia, los que determinan las definiciones políticas.

En el sistema capitalista es donde más y mejor se ha desarrollado la democracia y hasta se podría decir que es su producto más genuino aunque los sistemas democráticos existían incluso en las sociedades esclavistas pero solo dentro del círculo dominante siendo absolutamente vetado para los esclavos. En consecuencia no existe una democracia en general, sin “apellido”. Son varias y todas ellas, tanto por su contenido como por su forma, van en directo servicio de los sectores dominantes. En ciertas circunstancias temporales, cuando son inefectivas o no pueden satisfacer los intereses de las clases dominantes, se instauran dictaduras donde la fuerza y su violencia es el eje ordenador.  Eximiendo del análisis a las dictaduras como fenómenos de corta duración dentro de los procesos históricos, las democracias cumplen un rol consustancial en el desarrollo del sistema económico y político vigente. Como el contenido determina la forma, eso también se ve en el  sistema capitalista.

Así como los anteriores sistemas sociales tenían sus “propias” democracias, mucho más estrechas y limitadas socialmente, la del capitalismo es más avanzada y amplia siempre para beneficio de una minoría de la sociedad. Pero al mismo tiempo, el desarrollo económico, industrial, tecnológico y comunicacional va permitiendo el surgimiento de nuevos tipos de democracias en directo conflicto con la representativa, propia del capitalismo, derivadas de la misma profundización de la contradicción entre la socialización de la producción y de la apropiación privada de la las “riquezas” producidas por el hombre. El carácter burgués de la democracia representativa está determinado por la necesidad del capitalista de delegar sus intereses políticos en representantes impuestos por la división social del trabajo.

Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, es evidente que la crisis por la que está atravesando el modo de producción capitalista es la peor de su historia y se ve reflejada y transferida a todas sus instituciones administrativas, jurídicas e ideológicas.

Las masivas y múltiples movilizaciones sociales son muestra de la incapacidad de las instituciones estatales para resolver  los problemas, ejemplo de ello son los dos años de movilizaciones ininterrumpidas de los estudiantes pese a las cuales aun no se ha resuelto nada. El Crédito con Aval del Estado (CAE) y como se distribuyó es un pequeño botón de muestra de la profunda descomposición del sistema educacional.

Una vez instalado el modelo económico del libre mercado y adecuado totalmente el sistema jurídico para su funcionamiento, desbocado el capital, fueron generándose serios conflictos en el modo de vida, el medioambiente y la economía de la mayoría de la población. Las movilizaciones de Magallanes, de Aysén, de los pescadores, de los campesinos contra Colbún, de Freirina y Huasco, el desastre ambiental de Ventanas, la de los estudiantes, etc, son señales más que suficientes para entender la urgencia de cambios estructurales que está exigiendo la mayoría de la población.

No es extraño que todas las encuestas y la última elección reflejen que el 60% de la población no cree en el sistema político vigente ni en “la clase política” de la que es parte y, lo más probable,  es que no puede haber cambios bajo esta Constitución. En estas condiciones  lo único conducente a que la participación electoral tenga un sentido, además de crear conciencia política de la realidad, organizarse, hacer campañas de adhesión partidista y levantar un proyecto revolucionario, es una acción masiva de protesta contra el régimen vigente y su clase política votando por candidatos que estén por cambiar de raíz todo el sistema político y económico. Obviamente no entran aquí ni la Concertación (incluidos el PC, MAS, PRI y todos los partidos funcionales al sistema)  ni la Alianza.

DE LA DEMOCRACIA BURGUESA A LA DEMOCRACIA POPULAR

La transición a una democracia participativa y popular es inevitable. Pensar en las posibilidades de transformar y solucionar las serias contradicciones dentro del capitalismo, en general, y particularmente dentro del modelo neoliberal son solo fantasías de mentes pequeño burguesas. Sin embargo, la paradoja reside que las condiciones para transitar a una sociedad socialista están muy lejos de su madurez planteando como la tarea de primer orden crear dichos factores.

El paso a una institucionalidad basada en una democracia popular y participativa es el primer paso para realizar las transformaciones necesarias en el nivel económico, social y político que genere las bases para una revolución socialista. El fundamento de la nueva institucionalidad  se logra si el pueblo asume realmente el control de la gran producción. Hoy, en la economía globalizada, el imperialismo no puede lanzar al mercado sus reservas de cobre u otras materias primas con el fin de ahogar a las economías de los países que buscan su independencia, como lo hizo con el gobierno de Salvador Allende.

El cambio principal para salir del cataclismo en que se hunde la sociedad es dejar de conducirse por la voluntad del gran capital logrando que las grandes empresas y el mercado estén bajo la voluntad de la gran mayoría de la población.  Esta es la primera medida que debe tomar la nueva democracia participativa. Es ilusorio plantearse una Asamblea Constituyente bajo las instituciones actuales, solo se reproduciría la misma Constitución con retoques superficiales. Las asambleas ciudadanas y populares son hoy el embrión de la nueva institucionalidad  que permita plantear una cambio de constitución, pero en la medida que dichas asambleas se expandan a todos los rincones del país y su legitimidad sea indiscutible.

LAS MEDIDAS DEL NUEVO GOBIERNO

La primera: Junto con tomar el control de la gran producción, del sistema energético, financiero, comunicacional y  servicios básicos disolver el parlamento existente convocando a una Asamblea Constituyente basada en asambleas populares locales y regionales. Solo de esta manera se pueden lograr las transformaciones estructurales que necesita nuestro pueblo.

Segunda: Establecer una educación gratuita; una salud digna y desarrollada al alcance de todos bajo la responsabilidad del Estado y no del mercado; leyes laborales que favorezcan a los trabajadores basada en la sindicalización de todos ellos; nacionalización del cobre cuyos ingresos sean sustento de las transformaciones sociales;  establecer políticas hacia los pueblos originarios respetando sus formas de vida productivas, sociales y culturales.

Tercera: El nuevo sistema político y económico tendrá como base la integración regional, enmarcando la solución de todos los problemas limítrofes dentro del desarrollo de las economías y los lazos fraternales superando la historia de las guerras en función de intereses imperialistas.

Cuarta: Reestructuración  de las Fuerzas Armadas basada en una doctrina en defensa de los intereses del pueblo, la nación y la región; y un nuevo orden jurídico basado en el respeto irrestricto a los derechos humanos.

Quinta medida: Desarrollar una política de industrialización del país que permita la autosustentabilidad fundamentada en el fomento de la mediana y pequeña empresa que conduzca a la formación de la gran industria nacional. Chile tiene potencialidad para ser parte activa e importante en el progreso de la región y del mundo dejando de lado su rol de dependencia histórica.

Estas son algunas medidas básicas que nos planteamos, imprescindibles para cualquier futuro gobierno que quiera sacar al país de su expoliación, depredación y al pueblo de su estado de alienación. Son la antesala de la emancipación misma del pueblo.

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