PS: se cuidan los zapatos andando de rodillas

Ernesto Navarro Guzmán

Tal como lo dice el tango, la dirigencia actual del PS decidió, desde hace años, andar de rodillas para cuidar los zapatos*. Y ello según lo que amerite la Internacional Socialista sucesora de la Segunda Internacional, conjuntamente con las determinaciones de las transnacionales que en conjunto pagan los dichosos zapatos.

Es la situación a donde han llevado al país los gobiernos de la dictadura y luego los de la Concertación; de estos últimos el Partido Socialista ha sido integrante, entregando la soberanía, las riquezas y el patrimonio nacional en general al capital extranjero.

PS: se cuidan los zapatos andando de rodillas

Ernesto Navarro Guzmán

Tal como lo dice el tango, la dirigencia actual del PS decidió, desde hace años, andar de rodillas para cuidar los zapatos*. Y ello según lo que amerite la Internacional Socialista sucesora de la Segunda Internacional, conjuntamente con las determinaciones de las transnacionales que en conjunto pagan los dichosos zapatos.

Es la situación a donde han llevado al país los gobiernos de la dictadura y luego los de la Concertación; de estos últimos el Partido Socialista ha sido integrante, entregando la soberanía, las riquezas y el patrimonio nacional en general al capital extranjero.

La política expansiva de la social democracia europea en los países dependientes y subdesarrollados, y de manera muy especial, los de América Latina y el avance del capitalismo en su versión neoliberal, se desarrollaron también en el interior del PS, expresados por un grupo excluyente, sumado a ello los advenedizos –por ajenos a la historia del PS– de origen Demócrata Cristiano, que han secuestrado al Partido –pues el PS lo siguen constituyendo sus ofendidas bases, y es patrimonio del pueblo chileno–. De tal forma que se entronizaron opciones que propusieron renovar el PS, redefiniendo de hecho su pensamiento, para adecuarlo al proyecto de intereses y hegemonía de las clases dominantes aliadas con el capital extranjero. Y todo ello sin que sea el propio partido, a través de una seria discusión interna, quien resuelva qué es valedero y qué está caduco de su formación teórica y política. Extraño y contradictorio pues la propuesta política propiciada por las actuales directivas poco o nada pueden ofrecer para la solución de los agudos problemas y retos inéditos de la región, y del mundo actual en crisis, lo cual de cualquier forma no se encuentra entre las preocupaciones de tales dirigentes, que prometían “hacer nueva política”.

Algunos social demócratas sostienen que no existe conflicto alguno entre la economía capitalista en su versión neoliberal y su particular definición de una “sociedad de bienestar” –que ni medianamente llegó a América Latina– en donde se trataba de “mejorar al capitalismo” mediante el llamado pacto social caracterizado por la intervención del estado en la economía y amortiguador de los conflictos sociales. Pero actualmente la social democracia abandonó sus postulados de antaño y asimiló la llamada economía social de mercado y convertida en realidad en sostenedora de las crisis del capitalismo en su versión más feroz. No obstante que algunos gobiernos europeos han aplicado en los últimos años la variante llamada “tercera vía”, con los resultados que hoy vemos en la economía de la región europea. De todas maneras intentaron aplicar sus planes de supuesto bienestar social, permitiendo y facilitando que capitalismo desarrollara libremente, generando monopolios, concentración de la riqueza, y por lo tanto generadora de pobreza, destrucción del planeta a través del crecimiento económico ilimitado, inseguridad, guerras, vulgarización y banalización de la vida. Comparten la situación, sin duda, los que debiendo haber asumido los retos actuales, como “los pensantes” latinoamericanos y en particular los del PS y su dirigencia ejecutora. Pero ellos, por el asunto de cuidar los zapatos, no han cumplido con sus funciones y obligaciones, expresado en las inhibiciones y renuncia en las críticas al capitalismo y el abandono del esfuerzo de ver más allá de sus narices.

Esto es así porque  frente a la llamada crisis de los paradigmas o referentes, especialmente el marxista, no solo significó un cambio en las propuestas teóricas y filosóficas inherentes a dicha concepción del mundo, sino a una renuncia total a seguir pensando e interpretando a la sociedad actual desde esta proposición. Es decir los marxistas del PS y latinoamericanos –no todos claro está– para usar un lugar común, se podría decir que: “tiraron el agua sucia de la bañera con niño y todo”, abjurando de todas sus anteriores propuestas, y asumieron la “buena nueva del neoliberalismo”. Frente a su arrollador avance, sus adversarios –los supuestamente marxistas– en vez de enfrentarlo, lo adoptaron e hicieron suyas sus principales premisas, declarando que todo lo anteriormente sostenido estaba  equivocado, así de sencillo.

Luego, se agrega a ello, el que se ha visto resurgir al pensamiento liberal actualizado, que fue acosado durante largos años por el pensamiento marxista como también por el “keynesianismo”, para presentarse como “única alternativa” histórica para la sociedad actual. Durante largos años de trabajo, de reflexión, de revisión, de permanecer atento a lo que sucedía en su entorno social, sin romper con las concepciones fundamentales de los viejos cultores del liberalismo, siguieron interpretando la historia que transcurría. Y este pensamiento liberal se renovó de tal manera que a su debido tiempo –crisis del modelo fordista de producción y cuyo detonante es la crisis del petróleo de 1973– pudo entrar de nuevo en acción con un nuevo proyecto de sociedad, argumentando que sus políticas eran “las mejores”, para luego mas tarde  cuando el desarrollo del modelo iba perdiendo impulso, señalar que son “las únicas”, y seguir presentándose como triunfador indiscutido junto con “el fin de la historia”, –haciendo caso omiso de que los hacedores de la historia, los hombres y las mujeres, están vivitos y coleando–. Frente a esto se han realizados demasiados diagnósticos del PS actual, por lo que no se trata entonces de agregar más descripciones, explicaciones y críticas a un período determinado en la vida del partido o de reprobaciones a la conducción reciente de él, o las deficiencias y debilidades de la “organización”, sino se trata de salir al paso del exitoso intento de la descalificación histórica del partido, de su larga praxis que le ha permitido enraizarse en el pueblo trabajador chileno y ser su legítimo representante. Se trata entonces, por el contrario, de contener la penetración y desarrollo de ideologías que no se corresponden a la realidad e intereses de Chile y América Latina en general, no obstante que ya se ha consumado aprovechando el desconcierto y la confusión provocados por la histórica derrota del 73. Y ahora, por el fracaso de la coalición de la cual formaba el parte el PS y que aún exigen una discusión democrática.

Esta es la expresión más grave, el ignorar la realidad, de la crisis del Partido Socialista, pero no es la única. Como reflejo de legítimas inconformidades con determinados procesos que se manifiestan en el ideario socialista, Con toda la gravedad de la crisis pensamos, que el tiempo no ha pasado en vano. Por lo que ha llegado el momento de enfrentar de una vez los desafíos que la evolución de los procesos partidarios han experimentado, ello distendiendo los endurecimientos y superando los individualismos y cacicazgos para alcanzar la integración del socialismo chileno cualitativamente superior a los logros pasados. Ello sobre la base de lo que el Partido ha llegado a configurar como pensamiento político en años de confrontaciones teóricas y prácticas. Es necesario excluir exitismos fáciles y proyecciones de grupos –lotes se dice ahora– para confluir al gran cauce identificado con los principios comunes. Pero de ninguna manera para amalgamar todo lo que se mueva bajo el nombre de socialismo sin ser consubstancial a esa definición, sino para fundir concepciones coincidentes y forjar un instrumento organizacional partidario, democrático, orgánico, compacto y duradero.

Abundando, se puede afirmar que el PS se fundó por el pueblo chileno como instrumento revolucionario, basado en la teoría y la práctica del marxismo. En los fundamentos de su Programa de 1947 reafirmó esta posición y la reiteró, una y otra vez, en formulaciones posteriores. Nunca fue parte de la social democracia, por lo que se alejó progresivamente de partidos afines a esta corriente eurocentrista para así estrechar lazos con los grandes procesos de transformación social surgidos del corazón de los países de llamado “tercer mundo”. Por lo tanto se puede afirmar que el espíritu internacionalista que impregna su larga ejecutoria nunca ha sido desmentido.

No ha sido ni es, lo mismo, un socialismo a la española, como ha pretendido hoy esta propuesta –sensibilidades se dice ahora–, orientada a “administrar lo que hay”, y por lo tanto no a hacer política, y cuando mucho, a reformar levemente el capitalismo, sosteniéndolo en épocas de  crisis, de lo cual somos testigos hoy más que nunca,

La visión del PS sobre el porvenir de América Latina, se ha visto confirmada por la evolución de los acontecimientos. Las tesis sobre la revolución del continente, formuladas tempranamente continúan iluminando las luchas populares, con avances y retrocesos. No obstante frente a ningún reflujo transitorio lo ha conducido al escepticismo, –al menos a las mayorías de su base– sino que, por el contrario, ha reafirmado la validez de la teoría revolucionaria, no obstante las inhibiciones e insuficiencias de las críticas al capitalismo. Cada día que pasa se hace más evidente que sólo se superará el subdesarrollo, la dependencia, la inequidad, la destrucción del planeta, la recuperación de los derechos de las mujeres, niños y minorías étnicas y de otro tipo, a través de la revolución social y que el origen y destino comunes de nuestros pueblos le confieren a esta lucha un carácter continental y solidario. Con las formas que su diversidad y desarrollo desigual determinen, y teniendo como fuerza impulsora primordial a la clase trabajadora. Actualmente la democracia chilena se encuentra estancada y determinada por una constitución espuria heredada de la dictadura. La sociedad está desmoralizada, atemorizada e inmovilizada por el desarrollo de una política que tenía exactamente ese propósito. Los politicastros, ensimismados en rencillas domésticas y sus pequeñas ambiciones, –y sus zapatos– deambulan generando otras propuestas melifluas y nada serias –el progresismo—pero más que nada preocupados en la próxima cita electoral y no en los problemas esenciales de las mayorías país. Por ello, la política es vista equivocadamente, por la gran mayoría de los chilenos, como un espacio ajeno a sus intereses. Se insiste, desde la clase dominante, en asegurar que las salidas posibles sólo se darán a través del mismo sistema neoliberal que hace agua en todo el  mundo, un modelo económico ya fracasado y que ha conducido al planeta a su más grave crisis desde los años treinta. Esto incluso, también por supuesto, desde el interior del Partido Socialista. Ello, no obstante que el mundo de los socialistas revolucionarios es más diverso que nunca, y que por lo tanto el único camino para consolidar un sistema político capaz de representarlos radica en reconocerlo llevándolo a un Congreso, como lo propuso la Comunal México ya hace bastante tiempo. Nadie que esté en su sano juicio puede rechazar el diálogo para unir y fortalecer la política y las acciones que de ella emanen, pero no es menos obvio que la necesidad del debate, surge por la ausencia de una idea compartida, común, acerca de que significa aquí y ahora convocar a un Congreso. La pluralidad lejos de constituir una amenaza, constituye la mejor garantía para la estabilidad y desarrollo del PS y su política consecuente construida a través de la historia. La pluralidad que ha vivido el Partido constituye la conquista más importante que ha logrado en su evolución hacia una organización democrática. Ahora es tiempo de que, asumiéndolo como parte de la naturaleza política del PS, se le de plena presencia en su funcionamiento, una vez restaurada la organicidad del Partido, a través de tal Congreso –se llame extraordinario, ordinario, numerario o supernumerario– en donde se expresen las diversas ópticas que permanecen soterradas sin voz ni voto, simplemente interdictas.

* Qué me van a hablar de amor” de Stamponi y Expósito

México D.F junio 2010.
Ernesto Navarro Guzmán
Presidente Comunal México

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