“No estamos para defender los intereses de los trabajadores frente a los empresarios, sino para representarlos mediante la alta capacidad de diálogo y la búsqueda de acuerdos”

Oscar Olivos:“No estamos para defender los intereses de los trabajadores frente a los empresarios, sino para representarlos mediante la alta capacidad de diálogo y la búsqueda de acuerdos”

Para hablar de la crisis y otros temas importantes del sindicalismo en Chile, conversamos con el presidente de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT), Oscar Olivos, organización surgida en 1995 y cuya afiliación está compuesta en un 95 % por trabajadores que provienen del área privada.

 

 

 “No estamos para defender los intereses de los trabajadores frente a los empresarios, sino para representarlos mediante la alta capacidad de diálogo y la búsqueda de acuerdos”

Oscar Olivos, presidente de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT)

Lisa Aniuta

Empleo precario y flexible, bajos sueldos,  subcontrato y baja tasa de sindicalización (cercana al 15%) son  algunas  consecuencias, en el mundo del trabajo, de la modalidad neoliberal del sistema capitalista vigente en Chile.

A mayor tamaño de la empresa, más alta es la tasa de sindicalización, no obstante,  en nuestro país 5.000.000 de empleos son creados por las micro, pequeñas y medianas empresas (1 a  200 trabajadores), donde la tasa de sindicalización no supera los dos dígitos, el empleo es altamente inestable y concentrado en el comercio. La gran empresa, por otro lado, es la que menos empleo -directo- genera y más utilidades recauda, además posee exclusividad para operar en el sector industrial y estratégico, donde el subcontrato asciende al 60%.

Muchas empresas despiden trabajadores para volver a contratarlos mediante un contratista, generando trabajadores de primera y segunda categoría; de planta y subcontratados, diferenciados esencialmente en las condiciones de trabajo así como el salario. De esta manera se divide y fragmenta a la clase trabajadora. El sector público no está ajeno a esta realidad, se estima que en la actualidad un 40% de los empleados no están contratados directamente por el Estado.

Desde su nacimiento en 1988, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), creada -supuestamente-para continuar la lucha de su antecesora, en defensa de los derechos de los trabajadores, ha sido cuestionada por la clase trabajadora chilena. Los líderes de la organización durante los últimos 27 años, han demostrado una debilidad política y un oportunismo evidente, actuando como caja de resonancia de los gobiernos de turno, lo que ha permitido mantener incólumes los intereses del empresariado, a costa de un incesante proceso de precarización laboral.

Actualmente, la CUT enfrenta una crisis de proporciones, donde a la desconfianza creciente de los trabajadores por la debilidad demostrada por la entidad, a la hora de defender los intereses del sector, se suman las acusaciones de un eventual fraude en las elecciones pasadas. Esta situación, provocó la suspensión de las elecciones previstas para el 20 de abril pasado, por resolución del Tribunal Electoral, hasta que se esclarezcan los hechos y se identifique a los responsables de las eventuales irregularidades. Lo anterior, ha generado la amenaza de una verdadera diáspora de organizaciones como la Agrupación de Empleados Fiscales (ANEF), la Confederación Nacional de Funcionarios de la Salud (CONFUSAM) y el Colegio de Profesores, que mantienen su participación congelada y han planteado la posibilidad de abandonar la CUT. Al respecto, se puede ver como una señal importante, el hecho de que el pasado 1° de mayo, este sector disidente, asistiera a la convocatoria paralela realizada bajo la consigna “No + AFP” y no a la “oficial” de la CUT.

Para hablar de la crisis y otros temas importantes del sindicalismo en Chile, conversamos con el presidente de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT), Oscar Olivos, organización surgida en 1995 y cuya afiliación está compuesta en un 95 % por trabajadores que provienen del área privada.

 

Nace la CAT

¿Cuál es el origen de la CAT? ¿Por qué surge?

La Central Autónoma de Trabajadores nace en 1995, producto de una separación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), de cuya construcción fuimos parte en 1988. La CUT había acordado en un congreso constituyente, que tendría relaciones fraternales con las tres organizaciones de trabajadores existentes a nivel mundial: la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y la Federación Sindical Mundial (FSM), donde confluían corrientes de izquierda, centro, independientes y de derecha. Lamentablemente, en 1993, en un congreso bastante extraño, la CUT acordó asociarse a la CIOSL, lo que provocó que las organizaciones que venían del área social de izquierda, decidieron retirarse y constituir una central autónoma de la visión político partidista. La CAT surge para constituir sindicatos en aquellos sectores donde no había más del 8 o 10 por ciento de los trabajadores sindicalizados. Había campo fértil para construir sindicalismo en esos sectores.

¿Por qué era tan bajo el nivel de sindicalización y hacia qué área orientaron su trabajo?

La dictadura había dejado una herida muy profunda en el movimiento sindical, con muchos costos. Existía miedo de los trabajadores en general a organizarse. Por ello, nos pusimos en campaña para construir sindicatos en el área privada, que en la actualidad es nuestro fuerte.

¿Cuántos afiliados tiene la CAT y en qué sectores se concentran?

Como le decía, hemos constituido la gran mayoría de nuestros sindicatos, confederaciones, federaciones o asociaciones gremiales en el área privada de los sectores del comercio, industria y transporte, entre otros. La CAT cuenta con  aproximadamente 350 mil afiliados, entre la primera y la octava región del país, y el 95 por ciento de ellos pertenece al área privada. También tenemos asociados más de 10 mil trabajadores del ámbito público, agrupados en un colegio técnico de la Quinta Región y dos asociaciones: de gendarmería y de funcionarios municipales. En la CAT todo el mundo es bienvenido. Si hay empleados públicos que consideran que podemos ser parte de su visión y empujar juntos el carro, bienvenidos sean.

¿Qué relación tiene la CAT con los partidos políticos?

Somos una organización político sindical bastante sólida, que sigue manteniendo su autonomía. No somos ni anti ni pro gobierno. Hemos tenido una relación con altos y bajos con la Concertación, la derecha y la Nueva Mayoría. Hemos sido críticos en algunas cosas y respaldado otras que consideramos importantes para los trabajadores. Somos propositivos, porque creemos que la crítica sin propuesta no tiene valor. Lo esencial para nosotros es mantener la autonomía, fundamentalmente de los partidos políticos. No porque seamos anti partidos – de hecho en nuestro consejo directivo hay integrantes de todos los partidos políticos -sino porque nuestra acción político sindical no está ligada a ellos. No tienen mayor injerencia en el accionar de la central. Nuestro trabajo está orientado al dirigente sindical de base.

¿Cómo se financian?

Nos autofinanciamos. Aquí ningún dirigente del consejo directivo nacional recibe un peso de la central. Trabajamos ad honorem. Sólo recibe sueldo la secretaria, el junior y la contadora. El consejo directivo está compuesto por 30 dirigentes, y 29 de ellos, trabajan de manera productiva. Soy el único que se dedica a tiempo completo a la organización, financiado para ello.

 

Sindicalismo del Siglo XXI

¿Cuál es su percepción de la situación actual del sindicalismo en Chile?

El sindicalismo está pasando por un muy mal momento por hechos que son de público conocimiento. Me refiero concretamente a elecciones fraudulentas y otro tipo de situaciones que perjudican a los trabajadores y al movimiento sindical. Nosotros hemos potenciado lo que denominamos “Sindicalismo del Siglo XXI”, donde asumimos que el mundo cambia de manera acelerada y violentamente, y en ese contexto, el movimiento sindical no puede quedarse atado en el pasado.

¿A qué se refiere con Sindicalismo del Siglo XXI y cuál es el aporte concreto  de esta nueva modalidad a la lucha de los trabajadores?

Cuando hablamos de Sindicalismo del Siglo XXI, significa que el movimiento de trabajadores tiene que modernizarse para enfrentar lo que viene. Por ejemplo, definimos la empresa como una alianza del capital humano con el capital financiero. Juntos pueden funcionar, separados no. La idea, es que cuando a la empresa le va bien, también le debe ir bien al trabajador, no como ocurre hoy día que sólo se beneficia el capital.  Tenemos que introducir en el ADN de la discusión nuestra idea, y para ello, hemos creado una mesa de diálogo con los empresarios de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA). Fijamos una ruta de trabajo, para buscar un acuerdo que permita que nos vaya bien a todos: empresa y trabajadores. También estamos buscando establecer un diálogo social con el gobierno.

Al parecer, la respuesta del gobierno no ha sido la mejor ¿no?

Lo que pasa es que el gobierno, tiene su central. La coalición política que gobierna es la misma que maneja la CUT. Como nosotros somos autónomos, quedamos  en el limbo. A pesar de ello, seguimos intentando hacer nuestros planteamientos, porque en el fondo lo que a nosotros nos interesa es fortalecer a los trabajadores, a través de sus organizaciones sindicales.

Dado el nivel de fragmentación existente en el mundo laboral y la bajísima  sindicalización, ¿cree usted que hay posibilidades de unificar al movimiento  y fortalecerlo para poder incidir frente a los empresarios y al gobierno?

Siempre he pensado que el gran drama del movimiento sindical es la división. En el Transantiago operan siete empresas y existen 842 sindicatos. Lo ideal, sería que hubiesen siete sindicatos y una sola federación. Serían muy poderosos, y eso al gobierno no le conviene. Cualquier  gobierno -no sólo el actual-  va a impedir que el movimiento sindical tenga peso, porque así negocia con un movimiento dividido y débil. Nosotros pensamos que no tiene que haber una lucha. Debemos lograr una convergencia, entre empresarios, gobierno y los trabajadores para que seamos grandes.

¿Qué responsabilidad tienen los partidos políticos en la fragmentación y debilidad del movimiento sindical?

Son responsables por sus ansias de poder. Fui miembro del tribunal calificador de elecciones en 1988 en Punta de Tralca y la directiva de la CUT no la eligieron los dirigentes sindicales. La definieron los partidos Socialista, Comunista, Radical, Mapu e Izquierda Cristiana. Desde ese momento partió mal la cosa. El objetivo de los partidos políticos debería ser que le vaya bien al país, pero el poder es más fuerte que la visión de construir algo para todos. Lamentablemente, esa misma lógica se traslada al movimiento sindical. No estoy en contra de los partidos políticos. Son fundamentales en cualquier país y sociedad democrática, pero creo que el movimiento sindical tiene que madurar mucho para tener una visión propia. Por ello, nosotros apostamos a un sindicalismo de tipo moderno, diferente, donde podamos sentarnos a conversar con cualquiera. Finalmente, con el que tengo que entenderme yo es con el empresario.

¿Qué han hecho ustedes en la CAT para cambiar eso?

Hemos incorporado lo que denominamos “sindicalismo horizontal”. Hay un  presidente y directores, porque tiene que haber un orden. Sin embargo, nosotros como dirigentes estamos al servicio de los trabajadores. Existe una horizontalidad que no encuentras en otras organizaciones. Pedir una entrevista para conversar con la Presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, es más difícil que hablar con la presidenta de la república, y se supone que es la dirigente de los trabajadores.

 

Adecuarnos al sistema

 ¿Qué modificaciones requiere el movimiento sindical para salir del mal momento que vive?

Pensamos que el movimiento sindical requiere cambios profundos, porque estamos en un sistema diferente al de hace 50 años atrás. Quien no lo entiende así, no comprende nada.  No podemos seguir con las viejas consignas de la lucha de clases, porque la caída del Muro de Berlín mató la lucha de clases. Hoy existe la clase trabajadora, la clase intelectual, empresarial y la clase política, pero eso no significa que los trabajadores estemos en guerra con nadie. Hemos hecho un gran esfuerzo para preparar dirigentes sindicales de alto nivel con capacidad de diálogo y de lograr acuerdos. No estamos para defender los intereses de los trabajadores, porque defender significa choque, pelea. El movimiento sindical es para representar los intereses de los trabajadores frente a los empresarios. En ese diálogo tenemos que ver cómo convergemos para que a la empresa que conformamos empresarios y trabajadores, le vaya bien.

Si para usted la lucha de clases ya no existe, ¿descarta que la solución del problema de los trabajadores pase por realizar cambios estructurales al sistema?

Hace 43 días están en huelga los trabajadores de Minera La Escondida, y los mineros de las demás empresas del rubro siguen trabajando. Han limitado su apoyo a un saludo. En la actualidad no existe conciencia social, solidaridad, compañerismo. Todo eso lo borró la dictadura, que todavía la gente no comprende que fue una dictadura refundacional. Se cambió, a sangre y fuego la constitución, la legislación laboral, la previsión y la Concertación profundizó aún más el modelo neoliberal. Las mayores privatizaciones se hicieron en democracia. China comunista es la potencia más grande, está invadiendo el mundo y sigue siendo comunista neoliberal. Rusia también está en el mismo modelo, y nosotros en Chile, queremos dárnosla de revolucionarios. La lucha de clases murió y lo que tenemos que hacer es adecuarnos a este sistema.

¿Cree usted que en Chile están dadas las condiciones para lograr el cambio que ustedes plantean, donde trabajadores y empresarios puedan prosperar en paz y armonía?

Tenemos que crearlas, y para eso trabajamos. Tenemos que construir un sindicalismo diferente, donde el trabajador sea un actor relevante en la empresa. No quiero que mi empresa se vaya a la quiebra, por pedir aumento de salarios, y quedarme sin trabajo. Quiero que si a la empresa le va bien, me vaya bien a mí también. En Chile todavía exportamos barras de cobre, y la segunda o tercera fase exportadora no existe. Exportamos el litio y las baterías de los celulares que importamos son de litio. Si dejáramos de vender sólo materias primas y produjéramos productos con valor agregado, tendríamos mucho poder. Lamentablemente, los mismos que hablan de lucha de clases, hoy gobiernan, ganan mucho dinero y no hacen nada. Dicen una cosa y hacen otra.

¿Y cuál es la alternativa para cambiar esta situación? ¿Se puede cambiar dentro del sistema?

Si uno se va al extremo y plantea una revolución, tendrá un gran problema: quedará aislado, porque el mundo de hoy está globalizado. Soy de la época de Salvador Allende, voté por él, milité en las Juventudes Socialistas y estuve preso después del golpe de estado. Pienso que Allende fue presidente en una época equivocada. Fue un gran estadista y demócrata, pero lamentablemente gobernó en el contexto de la guerra fría. Los norteamericanos jamás iban a permitir que Chile, tuviera un gobierno socialista, democráticamente elegido y que fuera exitoso. En la actualidad, ya no existe ese contexto. Vivimos en un mundo globalizado donde la lucha no es política, sino económica. Rusia ya no es la  Unión Soviética y se enfrenta con Estados Unidos por razones económicas, no políticas. En este escenario, chile sólo puede mirar para el lado e ir hacia donde van todos. Patricio Aylwin tuvo que hacer la transición a la democracia, y de ahí para adelante, sólo tenemos el modelo existente.

En su opinión entonces, los trabajadores sólo pueden aspirar a lograr mejores condiciones económicas dentro del actual sistema.

Nosotros luchamos desde el punto de vista sindical, por construir un poder que sea capaz, no de pelear con una contraparte, sino un poder que logre imponer la discusión del movimiento sindical. ¿Qué quieren los trabajadores en este país? Salarios y condiciones de trabajo dignas. Quieren una casa, salud, educación. Tenemos que ser productivos en este país para que nos vaya mejor. Vivo hace 40 años en Cerro Navia, una de las comunas más pobres de Chile. En el pasaje donde vivo, hace treinta años al que le iba mejor, apenas tenía moto. Actualmente, todos tienen autos nuevos, porque existen posibilidades, medios para ello. No nos ha ido tan mal.

¿Considera usted una contradicción que el Partido Comunista sea parte de la Nueva Mayoría, considerando que históricamente fue el partido de la clase obrera?

Si uno analiza la historia, comprende que lamentablemente el Partido Comunista ha fracasado en la conducción del movimiento sindical. La última comunista que hubo en ese partido, fue Gladys Marín. En la actualidad, no existe la mística que conocí antes. Son comunistas para la “pantalla”, que viven de los lujos del sistema que supuestamente rechazan.

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