La República y el Ejército de Chile

Camilo Muñoz

Con el devenir histórico y lo acontecido desde las primeras masacres obreras en los albores del siglo XX al golpe de Estado de 1973 y la dictadura militar, el pueblo ha ido constatando y comprendiendo que tras la máscara del patriotismo y la seudo libertad, siempre ha estado presente el poder de la oligarquía, de la burguesía, de las transnacionales; en suma, del poder de los dueños del dinero y también la presencia de este cuarto ejército, con una fuerte ideología de clase, siempre dispuesto a resguardarle sus intereses políticos y económicos, por encima de la explotación, de la desigualdad social y del sufrimiento de la inmensa mayoría de la población.

La República y el Ejército de Chile

Camilo Muñoz (Tomado de G80)

Lo que no se dijo en el “Acto de Conmemoración de los 200 años del Ejército de Chile”, el 02 de Diciembre pasado.

Un poco de historia:

Desde los albores de la República los sectores dominantes de la aristocracia criolla se polarizaron en término de sus intereses y levantaron sus propios proyectos políticos para el país, conformaron agrupaciones políticas y hasta sus propios ejércitos para disputarse el poder e imponer su dominio y control en la administración del nuevo Estado-nación.

En su caminar de más de 200 años por su senda de codicia y en su afán de satisfacer sus ansias de poder y de riqueza insaciables, fueron dejando, desde las primeras décadas de nuestra historia patria, una trágica estela de confrontaciones, guerras, muerte, miseria y represión.

En los primeros 80 años de la historia republicana (1.811 a 1.891) estas disputas llegaron a niveles que derivaron en cruentas guerras civiles, y donde los combates entre los bandos en conflicto alcanzaron tal grado de virulencia y barbarie como no se manifestó en las batallas contra adversarios externos.

Cinco guerras civiles ocurrieron en Chile en éste período (1814,  1829, 1851, 1859 y 1891). Particularmente las cuatro últimas fueron verdaderas guerras de exterminio, llevadas a cabo con odio inusitado entre los bandos. La razón de fondo fue siempre la misma: la disputa por el poder político entre sectores de la aristocracia.

Los resultados de estas contiendas fueron moldeando el tipo de sociedad que se iba construyendo y caracterizando cada una de las etapas por las que fue forzada a transitar nuestra historia republicana. No sólo fueron condicionando el destino de la civilidad, también tuvieron un efecto determinante en lo que sería el Ejército de Chile, que después de su creación por los Padres de la Patria y tras legarnos una nación independiente, fue destruido, recreado, manejado y reestructurado a su arbitrio por los grupos de poder, para mantenerlo bajo su control a fin de utilizarlo como garante de su sistema de dominación, por sobre los intereses del conjunto de la sociedad. No le faltaron para ello, y en cada oportunidad, individuos dóciles, ambiciosos y serviles, que desde el interior de sus filas se prestaran a sus planes, traicionando a la Patria, a los intereses superiores de la nación y a la confianza y fe pública de sus conciudadanos.

Esto trajo como consecuencia la ausencia de una continuidad evolutiva desde el Ejército Independentista hasta llegar al actual, imagen erróneamente proyectada también por consignas como “Ejército vencedor, jamás vencido”, generando una sucesión de rupturas, aniquilamientos y re-creaciones, en la cual podemos distinguir claramente cuatro ejércitos distintos, constituidos por chilenos, pero en ningún caso una entidad única, que en propiedad pudiera identificarse como “el” Ejército de Chile.

A).- El primer Ejército de Chile: el Ejército Independentista.

Todos los antecesores de Carrera, incluidos “los exaltados” habían concebido las acciones independentistas al amparo de las leyes españolas, con las juntas gubernativas, a través de la elección del Congreso, promoviendo reformas políticas y sociales. Ninguno se había planteado la necesidad de armar al pueblo y la organización de preparativos para una guerra contra los realistas, que tarde o temprano iban a reaccionar contra estos avances.

La idea de un ataque punitivo exterior o de una insurrección interior de los realistas eran riesgos que se consideraban remotos. El  01 de Abril de 1811 debía efectuarse en Santiago la elección de los representantes al Congreso, ocasión ante la cual se sublevó con las tropas a su mando el Cnel. realista Tomás de Figueroa (Motín de Figueroa). Al no plegarse otras unidades de la guarnición el motín fracasó; Figueroa fue arrestado y en un juicio sumarísimo fue condenado a muerte por la Junta de Gobierno (presidida en forma interina por Juan Martínez de Rozas) y fusilado la misma tarde de la asonada. Este hecho despertó en algunos independentistas el temor a la represalia, pero en definitiva nada se hizo para contrarrestarla.

Tras el golpe de Estado del 04 de Septiembre de 1811, José Miguel Carrera, a diferencia de sus antecesores patriotas, dirigió el curso de las acciones independentistas como militar más que como político. Comprendiendo que muy pronto vendría la reacción de los hispanos, ordenó que se reclutaran soldados, se formaron batallones, se activó la disciplina, se fabricaron armas, se aprontaron pertrechos y municiones. Creó una bandera y un escudo para el naciente Estado-nación,  lo que equivalía a la proclamación formal de la Independencia. Fundó una imprenta y estableció un periódico para fomentar el entusiasmo por la Patria y la aversión contra la metrópoli. Se dio así origen al primer Ejército de Chile, el Ejército Independentista, que habría de enfrentarse a las tres expediciones invasoras realistas durante la Patria Vieja.

A fines de Enero de 1813 llegó a Chiloé la primera expedición invasora, comandada por el Brigadier español Antonio Pareja, la que sumando fuerzas realistas en Chiloé, Valdivia, Concepción y Chillán logró reunir un ejército entrenado y disciplinado de 4.000 hombres. O”Higgins, a la fecha Diputado por Los Angeles, decidió dejar su retiro en su hacienda Las Canteras y reuniendo a milicianos de La Laja, a inquilinos y peones de su propia hacienda, se dirigió a Talca donde se reunió con J. M. Carrera, poniéndose bajo sus órdenes. Carrera llegó a reunir en esa ciudad una fuerza también de 4.000 hombres, pero con escaso entrenamiento militar. Este fue el Ejército Independentista de la Patria Vieja, que salvo unos pocos oficiales profesionales, fue fogueándose en las batallas mismas como militares y soldados de la Patria y que tuvo su bautismo de fuego en la sorpresa de Yerbas Buenas (26.04.1813).

Este heroico Ejército, por los desencuentros y confrontación entre las dos voluntades independentistas representadas por el Padre de la Patria y el Libertador, es finalmente derrotado y exterminado en Rancagua, con lo que se inicia la

Reconquista española, el exilio masivo de patriotas a Mendoza y la formación del ejército libertador de Los Andes.

En el ejército de Los Andes participó una muy reducida cantidad de chilenos, más bien ligados a O”Higgins, exiliados en Mendoza. Los restos carrerinos del Ejército Independentista no aceptaron sumarse a ese ejército argentino, controlado por la Logia Lautarina, y lucharon al lado de las fuerzas federales que finalmente en la batalla de Cepeda (01.02.1820) derrotaron a las de las Provincias Unidas del Río de la Plata, dejando temporalmente al ejército de los Andes y a su Jefe, José de San Martín, sin un gobierno del que depender.

B).- El segundo Ejército de Chile: el Ejército de la Patria Nueva

Después del triunfo en Chacabuco (12.02.1817) O”Higgins dio forma al nuevo Ejército de Chile, el que se estructura sobre la base de algunos oficiales y tropas o”higginistas, que habían participado en los combates de la Patria Vieja y los pocos exiliados chilenos que participaron en el ejército de Los Andes.  A estos se agregaron nuevos y numerosos contingentes reclutados a partir del triunfo mismo de esa batalla. Fue aquel pequeño y reducido número de hombres, el único hilo conductor que lo vincula con el anterior: el fenecido y heroico Ejército Independentista, mayoritariamente carrerino.

Este nuevo Ejército de Chile, ahora numeroso, se aboca, en lo interior, a la llamada “Guerra a Muerte”, la que se va a extender desde 1819 hasta 1832 (por tanto, va a ser continuada por un segundo nuevo ejército, mercenario y pelucón, después de derrotar y destruir completamente en la batalla de Lircay, a este primer nuevo Ejército). En ésta “Guerra a Muerte” este nuevo Ejército de Chile se confronta a 3 fuerzas: los restos del ejército realista acaudillados por el desertor chileno Vicente Benavides Llanos, la “banda” de los Pincheira (formada por los hermanos Antonio, Santos, Pablo, José Antonio, Rosario y Teresa Pincheira, cuyo contingente con organización y estructura militar llegó a contar con unos mil efectivos) y a grupos mapuche alzados contra el gobierno en defensa de su territorio ancestral. En lo exterior, O”Higgins organiza la primera Escuadra Nacional, la pone bajo el mando de Manuel Blanco Encalada y su gobierno organiza y financia la Expedición Libertadora al Perú, para librar a ese país del dominio realista y acabar así con la permanente amenaza que significaba para la naciente Independencia de la joven República de Chile. Para esa empresa pone al frente de la Escuadra a Lord Thomas Cochrane y a José de San Martín al mando de las tropas compuestas por 4.100 hombres, de las cuales un 86% eran soldados chilenos y un 14% argentinos de los restos del ejército de Los Andes.

Para la formación de los futuros oficiales O”Higgins funda el 16 de Marzo 1817 la Academia Militar, pero que por problemas de financiamiento fue cerrada antes de los dos años de funcionamiento, el 31 de Enero de 1819, y sus integrantes enviados a reforzar unidades en la frontera sur.

La oposición de la aristocracia terrateniente a las reformas y medidas tomadas por el gobierno de O”Higgins, que golpeaban sus intereses y privilegios, originó una profunda crisis política que estuvo a punto de provocar una guerra civil. Para evitarla O”Higgins abdicó al mando de la nación el 28.01.1823 y se exilió en Perú.

El Gral. Ramón Freire Serrano fue elegido nuevo Director Supremo el 04.04.1823. A la sazón, con 34 años de edad y de concepciones liberales. Había participado desde muy joven junto a O”Higgins en las batallas de la Independencia (Quilo, El Roble, Rancagua, en el ejército de los Andes al mando de una columna que ingresó por el paso El Planchón y tomó la ciudad de Talca, y en Maipú). Fue Intendente de Concepción en el gobierno del Libertador, pero terminaron distanciándose para siempre debido al carácter autoritario y personalista que caracterizó la gestión de O”Higgins al final de su gobierno.

Durante su mandato, el 14.11.1823 el Gral. Freire al mando de 2.500 hombres partió a conquistar Chiloé, el último bastión español al sur de Chile. Tras las batallas de Pudeto y Bellavista, los realistas se rindieron y el 19.01.1824 se firmó el Tratado de Tantauco, por el que se incorporó definitivamente  el archipiélago al territorio y a la soberanía nacional. Debido a la agitación política con que se encontró a su regreso, renunció al mando de la nación. Manuel Blanco Encalada resultó electo, siendo el primero en hacerlo bajo el título de “Presidente de la República”. No obstante, nuevamente fue elegido el Gral. Freire, el 27.02.1827, por un segundo mandato y ahora con el título de Presidente de la República, pero una vez más renuncia al cargo el 05.05.1827. Esta vez, le sucede el Gral. Francisco Antonio Pinto Díaz, también liberal (pipiolo), quien el 13.02.1927 había sido electo Vicepresidente de la República y que a pesar de su negativa inicial debió asumir el gobierno de Chile por insistencia del Congreso Nacional.

El 11.05.1927 Francisco Antonio Pinto nombra como Ministro de Guerra al Gral. José Manuel Borgoño, el que efectúa una Reforma Militar y por la cual redujo la plantilla de los pocos oficiales que provenían del antiguo Ejército Independentista, por medio del recurso de la jubilación. Por ley del 27.12.1828 otorgó el retiro voluntario con indemnización a todos quienes habían servido en el Ejército desde el 18 de Septiembre de 1810 en adelante, y fijó el contingente del Ejército de Chile en 2.715 hombres. Aunque esta reforma tenía una razón económica, en la práctica también significó otro paso más en la extinción de los últimos vestigios del primer Ejército de Chile.

El 08 de Agosto de 1928 promulgó la “Constitución de 1928”. El 19 de Octubre de 1929 Francisco Antonio Pinto resultó electo Presidente de la República por mayoría absoluta, sin embargo existió una fuerte, amañada y artificial disputa por la legitimidad del Vicepresidente electo, el también pipiolo José Joaquín Vicuña, que aunque había logrado la cuarta mayoría en los comicios, la Constitución de 1828 permitía su nominación al no alcanzar la mayoría absoluta ninguno de los candidatos. Asumió la Presidencia de la República para el período constitucional 1829-1834 pero los pelucones utilizaron la designación del Vicepresidente,  por el Congreso Nacional, como pretexto para reaccionar, enardecieron los ánimos y encendieron la mecha para la Guerra Civil de 1829-1830.

Ante tal estado de cosas, y con el propósito de aplacar los ánimos, el Gral. Francisco Antonio Pinto renunció a su cargo y el 02 de Noviembre de 1829 dejó el mando de la nación en manos del presidente del Senado, Francisco Ramón Vicuña, hermano de José Joaquín Vicuña, después de ejercer por sólo 14 días la Presidencia. Sin embargo, al día siguiente que el Congreso proclamara al  Vicepresidente, las provincias de Concepción y Maule, además de algunos batallones del sur liderados por el Gral. José Joaquín Prieto, quien también había sido candidato por los conservadores pero resultó derrotado, desconocieron su legalidad. Los pelucones que se habían unido en bloque común con o”higginistas y estanqueros en contra del gobierno, organizaron un movimiento golpista de carácter conservador y oligárquico que estalló el 07.11.1829.

C).- El tercer ejército de Chile: El ejército pelucón conservador.

El alzamiento fue ejecutado por un ejército mercenario, financiado con aportes de los estanqueros de Diego Portales y otros comerciantes, para la contrata de inquilinos en los fundos y la adquisición de armas y uniformes, a los que sumaron algunas tropas que Manuel Bulnes trajo de La Frontera donde combatían a los mapuche. Comandado por el Gral. José Joaquín Prieto Vial, su primo el Cnel. José María de la Cruz Prieto y su sobrino el Cnel. Manuel Bulnes Prieto.

El triunfo del ejército mercenario de José Joaquín Prieto en la batalla de Lircay, significó la derrota y la destrucción del Ejército nacional, heredero del que formó O”Higgins en su gobierno. Sus oficiales, dados de baja por el tri-ministro Diego Portales, entre estos, connotados soldados del Ejército Independentista como los ex gobernantes Francisco de la Lastra de la Sotta y Francisco Antonio Pinto Díaz. Más de 100 oficiales liberales, entre los que combatieron en Lircay y los que se negaron a reconocer al “nuevo ejército”, como el Gral. José Manuel Borgoño, fueron borrados del escalafón (o sea, expulsados sin derecho a pensiones, indemnizaciones ni pago de sueldos atrasados). Los batallones que habían apoyado al Gral. Ramón Freire Serrano fueron disueltos, sus oficiales ejecutados o enviados al exilio y las tropas sobrevivientes exoneradas sin pago alguno. Desaparecía así el Ejército de Chile formado por O”Higgins junto con los últimos vestigios del Ejército Independentista.

En 1931, el ahora “nuevo ejército de Chile”, quedaba limitado a 2.300 efectivos, en tanto que la Guardia Cívica, creada por el estanquero Diego José Pedro Víctor Portales y Palazuelos para controlar al “nuevo ejército” y bajo su mando directo, contaba con más de 25.000 hombres. El salario de un hombre de tropa del ejército era de $ 6 pesos al mes, en tanto el de un “cívico” alcanzaba los $ 12 por mes. Portales refundó la Academia Militar el 19.07.1931, con un cupo de 80 plazas, donde sólo tenían cabida los jóvenes de familias peluconas, para reproducir al interior del “nuevo ejército” el clasismo propio de la aristocracia conservadora.

Tras el fallecimiento del Presidente interino José Tomás Ovalle, el 21 de Marzo de 1831, en el Congreso, ahora conformado casi en su totalidad por pelucones y estanqueros, fue nominado Presidente de la República el Gral. José Joaquín Prieto, y Diego Portales continuó ejerciendo como tri-ministro. Se establecieron las bases de la República Conservadora y se promulgó la Constitución de 1833. Se restableció la Academia Militar y se dictó la Ordenanza General del Ejército de 1839, bajo el modelo imperante francés.

Los conflictos políticos internos en Perú y la creación de la Confederación Perú –boliviana por el Mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz, la que fue percibida como un peligro para el desarrollo económico del país, además de la deuda impaga que mantenía el Estado peruano por la Expedición Libertadora enviada por O”Higgins, llevaron al gobierno de José Joaquín Prieto, a instancias de Portales, a preparar y enviar un ejército para destruir la Confederación.

Se reclutaron tropas mediante el sistema de enganche y una Ia Expedición Restauradora, con 3.200 chilenos y 420 peruanos exiliados en Chile, fue enviada en Septiembre de 1837 bajo el mando de Manuel Blanco Encalada, pero fracasa y negocia con Santa Cruz el Tratado de Paucarpata, que fue rechazado y desautorizado por el gobierno. Se envía entonces, en 1838, una IIa Expedición Restauradora con 5.600 hombres al mando del Gral. Manuel Bulnes Prieto, que tras los victoriosos combates de Portada de Guías (21.08.1938), combate naval de Casma (12.01.1939) y la batalla de Yungay (20.01.1939) derrota completamente a Andrés de Santa Cruz y desintegra la Confederación. Esta guerra tuvo un gran impacto en la consolidación de la identidad nacional y vino a iniciar una especie de “limpieza de imagen” del origen mercenario y pelucón del segundo “nuevo ejército” al integrarse en sus filas masivos contingentes de extracción popular que con su decidido y valiente accionar fueron en gran medida el factor determinante de la victoria.

El autoritarismo de los gobiernos aristocráticos conservadores y la persecución a sus opositores políticos dio origen a constantes asonadas y a dos guerras civiles durante el gobierno de Manuel Montt Torres: la de 1851 y la de 1859.

Posteriormente y con la victoria en la Guerra del Pacífico (1879 – 1883) sobre la alianza de Perú y Bolivia, y el surgimiento de muchos y notables héroes nacionales provenientes de los más variados sectores de la sociedad civil, que mediante el tradicional sistema de enganche habían sido movilizados para la guerra, este ejército, continuador histórico del ejército mercenario pelucón, se ve beneficiado una vez más al capitalizar como Institución los resultados y consolida grandemente su prestigio, “purgando” en el inconsciente popular el estigma de su origen, aunque no su utilitarismo de clase, y termina imponiéndose en el inconsciente colectivo como “el” ejército de Chile, al reconocérsele su condición de vencedor y por un cierto sentido de identidad otorgado por las masas populares que habían conformado los batallones y participado en las batallas.

Una nueva confrontación que llevó a la Guerra Civil de 1891 estalló ese año cuando la elite tradicional conservadora, ya acostumbrada a detentar el poder total y representada por la mayoría parlamentaria en el Congreso, se enfrentó con una nueva oligarquía emergente, más avanzada, que desde el gobierno y junto al Presidente José Manuel Balmaceda Fernández, buscaba sentar las bases de un Estado moderno. Eran los tiempos del auge del salitre. Respecto de la propiedad salitrera, Balmaceda consideraba que ésta no debía estar totalmente en manos de capitalistas y empresarios ingleses sino que defendía el derecho a la incorporación de los empresarios y capitales chilenos en esa actividad económica. Sin embargo, como esta postura nacionalista de su programa ponía en peligro los intereses del capital británico, éste se alió con el sector oligárquico tradicional, conspiró contra el gobierno y financió la guerra civil para derrocarlo.

La mayoría de los congresistas, muchos de ellos vinculados a los industriales del salitre, hicieron una oposición ciega contra el Presidente y conspiraron encontrando eco en la oficialidad media de la Armada, con quienes conformaron el bando Armada-congresista en contra del Presidente constitucional y sumados a un escaso número de oficiales del ejército, algunos de ellos resentidos por razones políticas con el gobierno de Balmaceda, se alzaron en armas y formaron un nuevo ejército mercenario, financiado por los empresarios salitreros.

Este ejército, nacido de la conspiración facciosa, acaba finalmente imponiéndose al derrotar y aniquilar completamente en las batallas de Con-Con (21.08.1891) y Placilla (28.08.1891) al ejército gubernamental, que había permanecido leal al Presidente José Manuel Balmaceda.

D).- El cuarto ejército de Chile: El ejército prusiano y represor de las luchas obreras.

El ejército que en el inconsciente popular había “purgado el estigma de su origen” conquistando victorias en sus campañas militares durante la Guerra del Pacífico, con sus héroes y veteranos provenientes en su mayoría del pueblo movilizado, desaparecía para siempre con su tropa y mandos exterminados o dados de baja y pasaba a ser reemplazado, una vez más en la historia patria, por un nuevo y cuarto ejército, nacido de unos pocos mandos conspiradores, facciosos y resentidos, y de tropas mercenarias reclutadas en las salitreras con la ayuda y el dinero de los empresarios del salitre; tropas que se vieron reforzadas a última hora, después de la batalla de Concón, con lo peor del ejército gubernamental: aquellos batallones que al verse perdidos se cambiaron de bando para salvar su pellejo.

En la primera mitad del siglo XIX se habían desarrollado fuertemente actividades mineras, bancarias y comerciales, lo que dio origen al surgimiento de la burguesía nacional basada en la acumulación de grandes fortunas y capitales en estos sectores económicos. En la segunda mitad del siglo XIX los profundos cambios que en todo sentido experimentaba el país, repercutieron en la estructura y el modo de ser de la sociedad, que pasó del carácter paternalista agrario a una sociedad de carácter capitalista (por fusión simbiótica de la aristocracia y la burguesía, que dio origen a una nueva oligarquía). Esta nueva oligarquía accedió al control del poder desplazando a la vieja oligarquía terrateniente tras la guerra civil de 1891 y a partir de entonces se va a imponer a sangre y fuego, recurriendo en forma reiterada a la represión, masacres obreras y golpes militares, para asegurarse el poder y mantenerlo. A partir de 1891 las confrontaciones o guerras civiles dejan de ser disputas por el control del poder político entre sectores de la oligarquía y devienen en confrontaciones de clase entre la burguesía y el proletariado, volcando todo el odio, la virulencia y la barbarie que les había caracterizado en sus antiguas contiendas, ahora hacia el proletariado que comenzaba a luchar por mejorar sus condiciones de vida.

Un análisis y reflexión de la alta oficialidad de la época acerca de los graves problemas y deficiencias que habían quedado al descubierto en las campañas de la Guerra del Pacífico, llevaron, durante la administración del Presidente “liberal-portaliano” Domingo Santa María González, a la conclusión de que se hacía necesaria una completa reorganización y modernización del ejército y para lo cual se contrató la asesoría prusiana. Esta llegó en 1885, a cargo del Cap. del ejército prusiano Emil Körner Henze. Fue, el entonces Cnel. Jorge Boonen Rivera uno de los principales impulsores de la transformación de ese ejército.

Durante el gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda Fernández este proceso, llamado “la prusianización del ejército de Chile”, continuó desarrollándose. En su contexto se reformuló la Escuela Militar, se modificaron y actualizaron los programas de formación de oficiales, se creó la Academia de Guerra, encargada de formar oficiales de Estado Mayor de los que el país carecía (la que inició sus actividades el 19.09.1886, un día después de asumir el mando el Presidente Balmaceda), se creó el Estado Mayor del ejército y se echaron las bases para terminar con los tradicionales procedimientos de enganche y sustituirlos por el Servicio Militar Obligatorio, el cual comenzaría a operar posteriormente, a partir del año 1900.

No obstante la lealtad mayoritaria del ejército al Presidente Constitucional, previo al alzamiento mismo, hubo algunos militares que hicieron llamados a la desobediencia contra el Presidente Balmaceda. Uno de los más activos fue el Cnel. Boonen Rivera, profesor de la Academia de Guerra. Una semana antes del alzamiento golpista escribió en “La Epoca”, diario de Agustín Edwards Ross (quien fuera Ministro de Hacienda, por el Partido Nacional, en el primer gabinete de Balmaceda) el artículo “La obediencia militar”, donde llamó públicamente a los militares a desobedecer al Presidente. El Cnel. Boonen también escribió proclamas y llamamientos golpistas. Era el brazo derecho del ahora Mayor prusiano Emil Körner, al que convenció de pasarse con él al bando faccioso Armada-congresista. Los facciosos organizaron su ejército mercenario con cesantes y trabajadores  contratados en las salitreras, financiados por los dueños de la industria del salitre y entrenados por el Mayor Körner.

Los golpistas instalaron en Iquique su Junta, presidida por el auto-designado “Almirante” Jorge Montt.  Ministro de Guerra y Marina de la Junta de Iquique fue designado el Cnel. Adolfo Holley Urzúa y Emil Körner, ascendido a Coronel, fue designado Jefe del Estado Mayor de los facciosos.

Al imponerse por las armas el ejército mercenario del bando Armada-congresista sobre el anterior ejército de raíz conservadora pelucona, es elegido por el Congreso, ahora de mayoría conservadora, como Presidente de la República el faccioso Jorge Montt. Este, en 1895, envía a Emil Körner a Alemania, a buscar oficiales prusianos para continuar con la reorganización de este nuevo ejército. Llegan entre otros Herman Rogalla von Bieberstein, Walter von Köningsmarck, Gunther von Below y Fritz Guttlich. La infantería chilena deja así el uniforme francés y lo remplaza por el prusiano. El prusiano Emil Körner Henze pasará a ser el Cmte. en Jefe de este nuevo ejército chileno entre 1900 y 1910, sucediendo al miembro de la Junta golpista Adolfo Holley Urzúa, que fue jefe del ejército entre 1894 y 1900. A Körner le sucederá en la jefatura del nuevo ejército, entre 1910 y 1921, su amigo el faccioso Jorge Boonen Rivera.

También en la Junta golpista de 1891 participó el Mayor Roberto Silva Renard. Después de la victoria del bando Armada-congresista Silva Renard llegaría a alcanzar el grado de General, en los fracasados gobiernos que caracterizaron a la República Parlamentarista, por sus “notables servicios” como el mayor represor y asesino de obreros y sería enviado a Londres como Agregado Militar en pago a sus destacadas muestras de incondicional servilismo a los intereses de los capitalistas británicos.

Para el nuevo ejército y para Silva Renard, la paz social sería entendida como la tranquilidad para los negocios y la explotación sin límites de los trabajadores por la gran burguesía, con un valor muy por encima de las vidas de miles de seres humanos. En consecuencia, las huelgas y toda forma de lucha reivindicativa económica y social debían ser reprimidas a toda costa. Se inicia así el ciclo de vigencia del cuarto ejército de Chile: el ejército prusiano y represor, que inicia su accionar con Cnel. Roberto Silva Renard (ejecutor, entre otras, de la masacre de la Oficina salitrera CHILE el 17.09.1904, Mitin de la carne el 22.10.1905 y Escuela Santa María de Iquique el 21.12.1907)  y tendrá el punto culmen de su actuar en la dictadura terrorista de Estado de Augusto Pinochet Ugarte de 1973-1990.

Este cuarto Ejército, prusiano y represor, que sus más gloriosas batallas han sido las masacres de trabajadores desarmados y los golpes de Estado contra gobiernos civiles, la tortura (incluyendo la violación a mujeres indefensas) y la desaparición forzada de opositores políticos, parece haber hecho suya la máxima del Canciller del II° Reich Alemán entre 1900 y 1906, el Príncipe de la nobleza prusiana Conde Bernhard Heinrich Karl von Bulow, antes de ser obligado a dimitir:“A los idealismos franceses sin significado, de Libertad, Igualdad y Fraternidad, les oponemos las tres realidades alemanas: Infantería, Caballería y Artillería” y por lo cual muchos de sus “más destacados” oficiales se han hecho acreedores a las más altas condecoraciones al “mérito militar”.

No obstante, durante la existencia de estos dos últimos ejércitos, también  hubo soldados que llevados por una auténtica vocación militar y verdaderamente patriótica, mantuvieron una conducta elevada, digna y ejemplar, de honrosa memoria, que prefirieron la muerte a traicionar a la Patria, entre los que cabe destacar:

a) En los batallones y compañías formadas durante la Guerra del Pacífico:

* Cap. Ignacio Carrera Pinto, nieto de José Miguel Carrera, y los 77 heroicos combatientes,  pueblo-movilizado, que bajo su mando componían la 4aCompañía del Batallón 6° de Línea “Chacabuco”.

b) En nuestro pasado reciente:

* Gral. René Schneider Chereau: Cmte. en Jefe del ejército, militar democrático, constitucionalista, respetuoso de la voluntad popular, asesinado a fines de Octubre de 1970 por el grupo sicario neofascista “Patria y Libertad”, financiado por la CIA, para impedir la asunción del mando de la nación del Presidente electo Salvador Allende Gossens.

* Gral. Carlos Prats González: ex Cmte. en Jefe del ejército, identificado con el proyecto nacional, democrático y de justicia social, del gobierno del Presidente constitucional Salvador Allende. Asesinado en Buenos Aires junto a su esposa, por la policía política de la dictadura (DINA), el 30.09.1974.

* Gral. Joaquín Lagos Osorio: Cmte. de la Ia División del ejército, con sede en Antofagasta, en 1973. Militar profesional y digno. Denunció los crímenes cometidos en su jurisdicción por la Caravana de la Muerte, renunció a su cargo y pidió su retiro del ejército.

* Todos aquellos oficiales, suboficiales y tropas que se negaron a plegarse al golpe de Estado en contra del Presidente constitucional, a tomar parte de asesinatos y violaciones de derechos humanos, a traicionar a su Patria obedeciendo doctrinas y lineamientos de una potencia extranjera para salvaguardarle sus intereses políticos y económicos. Todos ellos debieron pagar con su vida, torturas, vejámenes, humillaciones o marginación de las filas, su leal cumplimiento a lo que habían jurado ante su bandera.

Con el devenir histórico y lo acontecido desde las primeras masacres obreras en los albores del siglo XX al golpe de Estado de 1973 y la dictadura militar, el pueblo ha ido constatando y comprendiendo que tras la máscara del patriotismo y la seudo libertad, siempre ha estado presente el poder de la oligarquía, de la burguesía, de las transnacionales; en suma, del poder de los dueños del dinero y también la presencia de este cuarto ejército, con una fuerte ideología de clase, siempre dispuesto a resguardarle sus intereses políticos y económicos, por encima de la explotación, de la desigualdad social y del sufrimiento de la inmensa mayoría de la población.

E).- Una reflexión final

¿Qué características debería tener el quinto y verdadero Ejército de Chile?

Esta es una interrogante que necesariamente deberá tener una respuesta colectiva, dada por la nación entera, pero que requerirá primero de profundos cambios en la estructura social y económica del país. Jamás podría darse dentro de una estructura social donde impera la codicia insaciable y la ambición desmedida, generadora de desigualdades sociales que sobrepasan toda valoración ética, que corrompe las instituciones del Estado y las moldea y utiliza a su particular interés.

No obstante y a la luz del análisis de nuestro pasado histórico y al nivel del desarrollo actual alcanzado por la humanidad, podríamos aventurar algunas características que debería tener nuestro Ejército, el Ejército de Todos los Chilenos:

Un profundo amor a la Patria y a su pueblo.

Verdaderamente democrático en su composición, sin distinción de origen étnico, social o religioso. Como lo soñara Bernardo O”Higgins, sin más requisito que el honor personal, para ser parte de sus filas.

Supeditado a las autoridades civiles democráticamente elegidas. Respetuoso y defensor de la soberanía popular, radicada en la voluntad mayoritaria del pueblo y expresada en forma libre y democrática por las distintas etnias  y sectores sociales que lo componen.

Que una de sus definiciones doctrinarias sea no volver jamás, y bajo circunstancia alguna, las armas de la nación en contra de su propio pueblo.

Con una doctrina militar donde el golpe de Estado y la violación a los derechos humanos tenga la misma connotación que la traición a la Patria.

Que tenga como una de sus directrices principales de la conducta y del honor militar el irrestricto respeto a los derechos humanos y el cumplimiento de los convenios internacionales en esta materia, tanto en tiempos de paz como en circunstancias de conflictos armados.

Defensor de la integridad territorial y de sus recursos naturales, no haciéndose partícipe de su entrega a la voracidad y saqueo de los grandes consorcios internacionales como actualmente ocurre con las riquezas mineras, marinas y energéticas, sino que sean fuente de riqueza, trabajo y bienestar para toda la nación.

No supeditado a los intereses del gran capital nacional ni extranjero.

Altamente profesional y capacitado en las técnicas y exigencias de la guerra moderna.

Dotado de los mejores recursos que el nivel de desarrollo económico del país lo permita.

Sin vínculo orgánico alguno con centros de formación y entrenamiento extranjeros, ajenos a su doctrina y a los intereses nacionales.

Entonces, y sólo entonces, habremos vuelto y nos habremos reencontrado con el Ejército de Chile que soñaron construir y por el cual lucharon José Miguel Carrera, Bernardo O”Higgins, Ramón Freire, Francisco Antonio Pinto, el Huaso Santiago Bueras y tantos miles de ciudadanos-soldados patriotas, que se batieron y entregaron sus vidas en los campos de batalla por hacer de Chile un país y una patria libre, independiente, justa y verdaderamente soberana.

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