La democracia es el poder hegemónico en manos de la mayoría

Nico Fuentes

la comuna de paris 2No existe solución para la crisis económica, alimentaria, energética y medioambiental dentro del capitalismo. Tampoco habrá en Chile reforma laboral, tributaria, de salud y educación, con Bachelet  en el gobierno. El pueblo no puede ni debe esperar nada de un parlamento dominado por corruptos al servicio del capital y de sus propios intereses. La democracia es el poder hegemónico en manos de la  mayoría. Es el pueblo organizado en miles de comités, quien debe disputar el poder a esa minoría parásita y explotadora, que hoy tiene el descaro de protestar contra la delincuencia en sus palacetes de La Dehesa y Lo Curro.

La democracia es el poder hegemónico en manos de la mayoría 

Nico Fuentes

La grave crisis económica que afecta al mundo, y por cierto, también a Chile, sólo golpea a la gran masa de los habitantes del planeta. Mientras el hambre crónica, según la FAO, afecta a 1.040 millones de seres humanos en el mundo y mueren 10 mil niños al día por la misma causa, el modelo de acumulación funciona a la perfección. Así lo demuestra el crecimiento del número de familias millonarias en el mundo y en Chile, que según información publicada por El Mostrador, no detiene su curso. Los datos basados en un informe del Boston Consulting Group son elocuentes: la riqueza financiera de las familias a nivel mundial creció un 11,9% en 2014, sumando un total de US$ 164,3 billones. El número total de familias millonarias fue de 17 millones (en 2013 había 15 millones de familias millonarias).

Chile no se queda atrás: en el país hay más de 11 mil familias con un millón de dólares o más para invertir, y existen 45 familias que acumulan una riqueza financiera superior a los 100 millones de dólares. Este grupo maneja, sumados y en total, activos por 36 mil millones de dólares. A nivel mundial, el patrimonio de las familias millonarias concentra el 41% de la riqueza privada mundial y se estima que para 2019 representará el 46%, publica El Mostrador.

El récord que ostenta Chile, como uno de los países con mayor desigualdad económica y social del mundo, donde el 1 % de la población se apropia del 31 % del PIB, es la gran herencia del modelo neoliberal implantado en Chile por el imperialismo norteamericano en 1973. Ese modelo, impuesto a través de la dictadura cívico militar que asoló el país durante 17 años, ha sido legitimado, administrado y profundizado por La Concertación, que hoy travestida en Nueva Mayoría, continúa defendiendo los privilegios de clase que les asegura el modelo neoliberal.

Esa es la realidad de la democracia chilena, el “estado de derecho”, apuntalado por la élite económica, a través del aparto represivo y comunicacional, que “emboba” sin descanso a un pueblo cada vez más ignorante y alienado por la farándula y el opio futbolero. Porque un modelo de acumulación bárbaro como el chileno, sólo es posible, con altos niveles de ignorancia, alienación y derrota subjetiva. Y si ello falla, entonces está la represión.

En síntesis, tenemos un modelo económico y político en crisis, que no corre el menor peligro, al menos en lo inmediato, debido al bajo nivel de conciencia del  pueblo. Las demandas estudiantiles de 2006 y 2011, fueron importantes, en términos del nivel de movilización alcanzado, pero seamos claros: esas demandas eran por mejoras dentro del modelo, no por un cambio estructural que termine con el sistema. No obstante ello, la élite tomó nota, y apareció Michelle Bachelet ofreciendo las tibias reformas sectoriales, que permitieron desmovilizar a una muchedumbre que se movilizó justamente por eso: por reformas al sistema de dominación.

Hoy, tenemos una economía que no crece, lo que preocupa fundamentalmente al empresariado que ve mermadas sus posibilidades de maximizar aún más sus ganancias siderales. Toda la clase política y el empresariado están hundidos en el lodazal de la corrupción y es natural que así sea. No hacen nada distinto de lo que han hecho siempre: robar, explotar, mentir, y si es necesario torturar, asesinar y desaparecer al pueblo, lo harán nuevamente, sin la menor duda. Esa es la esencia del capitalismo.

En este contexto, con una caída estrepitosa en las encuestas, Bachelet cambió el gabinete y dio un paso atrás en las reformas. La primera víctima fue el ex ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, fiel representante de esa pandilla de tecnócratas arribistas del PPD,  enquistados en el gobierno y el aparato público. Peñailillo había jugado un rol central en la llegada de Bachelet a La Moneda por segunda vez,  consiguiendo el apoyo económico del empresariado pinochetista, que les permitió costear la campaña presidencial, además de aumentar la propia billetera. Bachelet  dio la espalda a su delfín político e instaló a la vieja guardia concertacionista, encabezada por el Demócrata Cristiano, Jorge Burgos en el Ministerio del Interior.

El nuevo ministro de Hacienda Rodrigo Valdés, ha calmado al empresariado, prometiendo que no habrá “aventuras”, y que destinará todos los esfuerzos al crecimiento económico. El ministro ha concitado  el apoyo solícito de la élite política, incluida la presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende, quien también se unió al llamado a privilegiar el crecimiento económico y morigerar las reformas. Por su parte, Burgos desde Interior, les asegura respeto irrestricto al estado de derecho neoliberal, configurando el mejor de los mundos para los usureros agrupados en la Sociedad de Fomento Fabril y la Confederación de la Producción y el Comercio.

Para ello, ha dado su respaldo absoluto a la brutal represión ejecutada por carabineros en el último tiempo, que dejó un reguero de heridos. Entre ellos,  el estudiante Rodrigo Avilés, a quien personal de Fuerzas Especiales de Carabineros  lanzó el chorro del carro lanza agua, directo al cuerpo y a muy corta distancia, dejándolo al borde de la muerte. Quedó acreditado, que la acción fue premeditada y que el alto mando de carabineros mintió de manera descarada para evadir la responsabilidad en el hecho. No obstante, Burgos dio su total apoyo a la institución, con el silencio vergonzoso del Partido Comunista de Chile, “apotingado” en el vagón de cola de un gobierno, que sirve a los intereses de la élite nacional, transnacional y al imperialismo.

Lo anterior, demuestra un vez más, el carácter estratégico de la relación existente entre la derecha fascista, la Concertación y las fuerzas represivas. Son aliados indispensables, porque un modelo como el chileno, con niveles de acumulación y de injusticia social sin precedentes, se sostiene con la ignorancia del pueblo y la violencia. Sólo cuando el pueblo, y principalmente los trabajadores, adquieran un mayor nivel de conciencia política, serán una amenaza verdadera para el sistema. Para entonces, habrá que estar preparados, porque la represión al servicio del capital, golpeará como siempre lo ha hecho: sin contemplaciones.

Por ello, es urgente la conformación de un partido revolucionario, que proponga al pueblo un proyecto de construcción socialista. Es prioritario, avanzar en la conformación de miles de comités (soviets), en las poblaciones, en los sindicatos de trabajadores, en todo el territorio, para crear un poder popular efectivo, que se oponga de manera consciente y activa al sistema de dominación capitalista y nos permita avanzar hacia el socialismo.

No existe solución para la crisis económica, alimentaria, energética y medioambiental dentro del capitalismo. Tampoco habrá en Chile reforma laboral, tributaria, de salud y educación, con Bachelet  en el gobierno. El pueblo no puede ni debe esperar nada de un parlamento dominado por corruptos al servicio del capital y de sus propios intereses. La democracia es el poder hegemónico en manos de la  mayoría. Es el pueblo organizado en miles de comités, quien debe disputar el poder a esa minoría parásita y explotadora, que hoy tiene el descaro de protestar contra la delincuencia en sus palacetes de La Dehesa y Lo Curro.

Hay que hacer un esfuerzo serio y definitivo para incorporar en la lucha a los trabajadores, porque sin ellos, no existe posibilidad alguna de derrotar el capitalismo. Hay que crear conciencia de clase para que los trabajadores dejen de luchar por mejoras económicas parciales dentro del sistema, y asuman el rol protagónico en la construcción de su propio destino, que es el socialismo.

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