Krugman vs Paulson

Manuel Riesco

¿Quien tiene la razón? – se pregunta Business Week. Paulson ha puesto dinero sobre la mesa, pero el riesgo de ambos es su reputación. ¿Será solo una maravilla más de Wall-Street por una vez? ¿Será Krugman otro académico-demasiado-habiloso-para-su-propio-bien, sin pálpito por los instintos animales?  El primero puede llevar una ventaja puesto que simplemente está jugando a los mercados. Krugman está apostando a la historia, lo cual es más complicado, concluye la publicación estadounidense.

Krugman vs Paulson

Manuel Riesco (Tomado de G80)

De ese modo titula el Business Week del 1 de julio del 2010 una interesante nota en que resume dos posiciones opuestas respecto del actual estado del mundo. ¿Estamos en medio de la Tercera Depresión, como tituló el premio Nóbel Paul Krugman su columna del 27 de junio en el New York Times? ¿Estamos iniciando una sostenida recuperación en los EE.UU. y el riesgo de una recaída es menos de 10 por ciento, como sostuvo una semana antes en la London School of Economics el ahora célebre especulador John Paulson?

La fama de Paulson se origina en la reciente acción del gobierno estadounidense, que lo acusa de haberse coludido con el banco de inversiones Goldman-Sachs en armar derivados financieros con los bonos basura más fétidos que encontraron, para luego de venderlos a inversionistas desprevenidos, apostando al mismo tiempo que iban a caer en cesación de pagos. Según describe una reciente biografía, surgió de la obscuridad explotando la tendencia inveterada de los inversionistas en tiempo de euforia a tomar riesgos que no comprenden, como comprar los malhadados CDO cocinados por él mismo con Goldman-Sachs.

Ahora se dio vuelta la chaqueta. Tiene la teoría que los inversionistas están equivocados al revés, es decir, que es tiempo de comprar de todo. Adquirió acciones de los bancos el 2008, apostando correctamente que el gobierno los iba a salvar en lugar de nacionalizarlos, como proponía Krugman. Ha comprado propiedades inmobiliarias en California, Florida y donde sea que el mercado se haya desplomado. De ese modo, tal como antes se transformó en un gurú de la caída a la cual había apostado, ahora propaga el evangelio de la recuperación que lo haría doblemente millonario.

Por su parte, el premio Nóbel que visitó Chile el 2009 invitado por Harvard Business Review América Latina, fue el primero en advertir lo que venía, en una famosa columna de febrero del 2007, en la que escribió que la brusca caída de casi un 10 por ciento ocurrida por esos días en la bolsa de Shanghai y que fue como un relámpago en un día claro, probablemente iba a ser identificada por los historiadores económicos como el primer anuncio de la Gran Crisis de inicios del siglo 21.

Hoy argumenta que si los gobiernos hacen lo que dijeron en la reciente cumbre del G-20 de Toronto y recortan el gasto fiscal,  el mundo enfrenta nada menos que una Tercera Depresión, quizás no tan devastadora como la Gran Depresión de los años 1930, pero si comparable a la Depresión Larga que siguió al Gran Pánico de 1873. En ambos casos, se trató de períodos de severas turbulencias y elevado desempleo, que se arrastraron a lo largo de más de dos décadas. Junto a otro episodio similar pero menos agudo que se inició en 1969, conforman los ahora bien conocidos ciclos depresivos seculares que ha atravesado la economía mundial. El actual, que se habría iniciado en realidad en 1999, podría llegar a ser, según Krugman, al menos tan severo como el de 1873 si los gobiernos aflojan antes de tiempo en su empeño reactivador.

Ha llamado la atención a muchos que se enteraron de estos largos episodios recién por la amplia difusión de la columna de Krugman – en Chile la comentó en forma destacada El Mercurio del 29 de junio, por ejemplo – el que haya recordado que no fueron “eras de caída sin parar – por el contrario, ambos incluyeron momentos en la economía creció. Sin embargo, estos episodios de mejoría nunca fueron capaces de deshacer el daño de la caída inicial y fueron seguidos por recaídas,” como lo formula en su columna, que se transformó en un clásico instantáneo.

El premio Nóbel argumenta que los mercados financieros de hecho ya asumieron en su caída iniciada en abril del 2010, que la apretada de cinturón de los gobiernos va a producir una recaída económica general. Lo comprueba, en su opinión, el hecho que los gobiernos que cedieron a las presiones de los acreedores y anunciaron recortes más drásticos, como Grecia o Irlanda, han visto bajar sus bonos mucho más que otros que han sido más reticentes en los recortes, como España.

Constata que el desempleo continúa en niveles que habrían sido considerados catastróficos hace un tiempo y advierte que los EE.UU. y Europa se encuentran bastante encaminados hacia una trampa recesiva como la que ha atenazado a Japón a lo largo de las últimas dos décadas.

Se lamenta del triunfo de una ortodoxia que en su opinión tiene poco que ver con el análisis racional y cuya principal baza es que imponer sufrimientos a otras gentes es la forma de mostrar liderazgo en tiempos difíciles. Los que pagarán el precio de tal ortodoxia son las decenas de millones de trabajadores desempleados que pasarán años sin encontrar un empleo, algunos de los cuales no podrán trabajar nunca más.

¿Quien tiene la razón? – se pregunta Business Week. Paulson ha puesto dinero sobre la mesa, pero el riesgo de ambos es su reputación. ¿Será solo una maravilla más de Wall-Street por una vez? ¿Será Krugman otro académico-demasiado-habiloso-para-su-propio-bien, sin pálpito por los instintos animales?  El primero puede llevar una ventaja puesto que simplemente está jugando a los mercados. Krugman está apostando a la historia, lo cual es más complicado, concluye la publicación estadounidense.

Manuel Riesco

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