FORTALEZAS Y DEBILIDADES DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

José Leiva

Las condiciones objetivas que requieren cambios estructurales se mantienen tanto en Chile como en el mundo. Las movilizaciones de los estudiantes han servido de incentivo para que también en otros países también se inicien movilizaciones por cambios en la educación. Pero alcanzar los objetivos se logrará únicamente con transformaciones de fondo al conjunto de la sociedad en que vivimos. Eso será posible en la medida que la lucha de los estudiantes no se sectorice ni se restrinja exclusivamente a la educación. Al ampliar el movimiento a toda la sociedad con sus correspondientes problemas, ésta también asumirá la educación como suya propia. La crisis inevitablemente alcanzará a todos los sectores de la sociedad plegando al conjunto del pueblo a la lucha por cambios estructurales.

 

FORTALEZAS Y DEBILIDADES DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

José Leiva

Indudablemente la fortaleza del movimiento estudiantil radica en los elementos objetivos de su génesis. Esto factores, propios de la  crisis del modelo neoliberal y del sistema capitalista, han  colocado al planeta en una caldera en ebullición. Algunos elementos más distintivos de esta crisis son la imposibilidad de encontrar salida dentro del marco del mismo sistema; hacer recaer el peso de la crisis en los trabajadores asalariados, la pequeña y mediana empresa; recortar los beneficios sociales de la población con lo cual se le suma una paulatina profundización del empobrecimiento y endeudamiento generando un gran sentimiento de inseguridad. La incapacidad de reinvertir las ganancias provoca nuevas y más grandes burbujas financieras (los bancos han tenido ganancias estratosféricas en este año) poniendo en peligro los ahorros de años de los sectores medios y pobres. Por último y obvio, por su dependencia, un debilitamiento extremo de la economía nacional.

Los dirigentes estudiantiles con sabiduría supieron descifrar el estado de la crisis estructural en que se encontraba no solo el sistema educacional sino también el político. Llegaron a la conclusión que para transformar la educación deberían a la par realizar profundas transformaciones en el sistema político y económico. Las consignas “educación de calidad y gratis” iban acompañadas de “Asamblea Constituyente”, “plebiscito” y “renacionalización del cobre”. El apoyo masivo a este movimiento  se produjo, principalmente, porque todos los sectores de la sociedad, de una u otra manera,  se sintieron interpretados pues sus propias problemáticas requieren de las mismas exigencias. No solo la educación está en crisis, sino todo el sistema y la principal fortaleza del movimiento, sin la menor duda, consiste en vincular la educación a todos los aspectos de la actividad productiva, social y política del país. Así se inició el movimiento y así adquirió su fuerza un movimiento estudiantil político extensivo al resto del pueblo.

Todos los acontecimientos ulteriores eran, más o menos, predecibles. El gobierno iba a reaccionar tanto como “policía bueno” y “policía malo”. Por un lado demostrando benevolencia para realizar cambios y por otro lado endureciendo el sistema represivo. Tácticas dilatorias, amenazas de diversa índole, abuso de recursos legales para dividir y neutralizar al movimiento estudiantil. La Concertación se iba a sumar al petitorio buscando ventajas políticas contra la Alianza pero dentro del sistema. El PC merece un análisis aparte pero en lo central su estrategia no se sale del marco sistémico.

La debilidad principal del movimiento radica en quitarle el carácter universal de sus peticiones, es quitarle el  carácter político y llevarlo exclusivamente al plano técnico, reivindicativo y exclusivo al educacional. Con ello automáticamente lo aísla del apoyo masivo y concreto del resto del pueblo.  La exposición hecha en el Senado demostró dos hechos: que el Estado, así como está, es incapaz de realizar las transformaciones exigidas; y, que la “clase política” no tiene ninguna voluntad de realizar esos cambios.

A pesar de que la encuesta CERC es lapidaria con el gobierno, la clase política, las instituciones estatales, etc, en los medios siguen apareciendo como los principales actores de la vida política. Es evidente que los medios de comunicación masivos se han transformado en un instrumento descarado de dominación a través de las medias verdades, ocultamiento o tergiversación de la realidad y la generación de formas de manipulación social como ha ocurrido con la tragedia de la isla Juan Fernández. La posible suspensión del paro a causa de esta tragedia ha sido exclusivamente una manipulación mediática ante la cual el movimiento no tuvo capacidad de reaccionar demostrando debilidad política y ser factible a la neutralización. Los intereses del pueblo no se pueden supeditar a una tragedia accidental y en consecuencia la reafirmación del paro en medio de la asonada mediática y farandulera  habría sido una muestra de firmeza que no se produjo. No obstante  ello, el paro que venía fue igualmente masivo pero quedó una estela de vacilación en el aire.

Otro aspecto, no menos importante, ha sido la autonomía e independencia que el movimiento mostró en sus inicios pero que posteriormente se fue diluyendo. El anuncio y deseo de transformarse en referente político se fue desvaneciendo a medida que abrieron la primera brecha de debilidad ante el gobierno.  La desconfianza hacia los partidos existentes tenía comprensibles razones, pero no significa que se podía luchar sin dirección y sin organización: los propios estudiantes necesitaban elevarse a nivel de partido. Lamentablemente esto no ha podido ser pues la mayoría de sus dirigentes son militantes o están vinculados a partidos de la Concertación y en especial al Partido Comunista.  El rechazo a los partidos y el propósito de ser ellos mismos un referente político quedó en el discurso y en las consignas. El desafío entonces es darse una orgánica con una fuerte democracia interna y sin embargo capaz de aglutinar fuerzas, aunar voluntades y dirigir el movimiento a formas superiores de lucha, un partido de nuevo tipo que supere a los existentes aislados de la realidad.

Históricamente el PC ha iniciado procesos de lucha que ha sido incapaz de mantener. Nunca considera aptas las condiciones para desarrollar procesos independientes de las legalidades imperantes; sufre de complejo de inferioridad y se atemoriza ante los grandes “desafíos”. Tanto en frases de los dirigentes como en documentos internos se ha reflejado una política del PC afanosa por encauzar al movimiento dentro de los carriles institucionales y transformarse ellos  mismos en los principales protagonistas de la solución del “problema”. De lo cual resultan evidentes las clarísimas intenciones de obtener ventajas políticas para las futuras elecciones e imponerse como fuerte interlocutor ante el resto de la Concertación y la clase política. La idea de ‘clases con paros’ es la típica táctica de medias tintas de no perder “ni pan ni pedazo” que solo ha conducido a la derrota indigna y desprestigio del nombre de comunista.

En la creación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, enmarcado en la estrategia de Rebelión Popular y Sublevación Nacional contra la dictadura militar, al ver las dimensiones que tomaba su accionar el PC hizo enormes esfuerzos en intentar desmantelar y “desmovilizar” al FPMR y a sus combatientes que, en definitiva, asumieron una política independiente. Con los estudiantes simplemente no midió que se podría haber conducido a un proceso de cambios reales. Para tales procesos nunca se encuentra preparado, como ha ocurrido en ocasiones precedentes. Ahora por la crisis, surge intempestivamente la necesidad de terminar con el sistema capitalista, donde el socialismo o un gobierno popular se presentan como real alternativa pero para el PC no están las condiciones ni tampoco están preparados para ello.

El gobierno y su ministro de educación Bulnes se ríen y actúan a placer con los estudiantes gracias a las debilidades de sus dirigentes. No sacaron la lección del Senado: la principal fortaleza fue la claridad y la televisación del encuentro. Ante el gobierno renunciaron tanto a las exigencias de garantías como a la televisación del encuentro por unas actas que jamás nadie las va a leer; empero con la transmisión por TV medio Chile habría estado frente a las pantallas. Todo el mundo sabe que el gobierno no puede ni quiere aceptar ni una sola de las peticiones estudiantiles y la mesa de diálogo únicamente habría sido de provecho para conocer en directo su desarrollo y con ello dar a conocer al mundo sus exigencias y propuestas políticas.

Las condiciones objetivas que requieren cambios estructurales se mantienen tanto en Chile como en el mundo. Las movilizaciones de los estudiantes han servido de incentivo para que también en otros países también se inicien movilizaciones por cambios en la educación. Pero alcanzar los objetivos se logrará únicamente con transformaciones de fondo al conjunto de la sociedad en que vivimos. Eso será posible en la medida que la lucha de los estudiantes no se sectorice ni se restrinja exclusivamente a la educación. Al ampliar el movimiento a toda la sociedad con sus correspondientes problemas, ésta también asumirá la educación como suya propia. La crisis inevitablemente alcanzará a todos los sectores de la sociedad plegando al conjunto del pueblo a la lucha por cambios estructurales.

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