Exigimos respeto para Cuba y Venezuela

(Editorial de “Punto Final”, Chile)

Manuel Cabieses

Al tomar parte protagónica en la campaña contra Cuba y Venezuela, el PS ha cerrado un ciclo de vergonzante traición de su historia y de sus principios. Lo inició al asumir la defensa del capitalismo y al identificarse con la economía de mercado y sus inhumanas consecuencias sociales. Lo completó al dar la espalda a la vocación latinoamericanista de su origen.

Exigimos respeto para Cuba y Venezuela

Manuel Cabieses

(Editorial de “Punto Final”, Chile)

Resulta bochornosa la conducta de los partidos de la Concertación respecto a Venezuela y Cuba, países hermanos que se ven acosados por una campaña de calumnias que promueven los sectores más reaccionarios de EE.UU., América Latina y Europa.

No es novedad que el Partido Demócrata Cristiano encabece junto a la derecha iniciativas destinadas a insultar a Cuba y Venezuela. En cuanto miembro decisivo de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), de antigua participación en acciones abiertas y encubiertas contra la Revolución Cubana, el PDC ha hecho lo posible por contribuir al éxito de las agresiones, bloqueos, campañas y maniobras contra la isla, irreductible bastión de las ideas y principios revolucionarios en América Latina. El objetivo de la ODCA, durante muchos años, ha sido instalar en Cuba una cabeza de playa opositora que le permita aspirar a conducir el país en un futuro incierto. Pero ha debido conformarse con financiar un grupo de payasos del exilio. En los mismos pasos y con similares propósitos, anda la Internacional Socialista. Sin embargo, la realidad política de Cuba no se ha modificado un ápice ni por el bloqueo yanqui ni por las maniobras socialdemócratas y democratacristianas durante medio siglo.

Por otra parte, la hostilidad del PDC (y la ODCA) contra el presidente Hugo Chávez y la revolución bolivariana, lleva también algunos años -más de doce- estrellándose contra el muro de una realidad que ni siquiera intentan comprender. La primera elección de Chávez, a fines de 1998, marcó el principio del fin de partidos históricos que se turnaban en el poder desde 1958: Copei (democratacristiano) y Acción Democrática (socialdemócrata), partidos hermanos de la DC y el PS de Chile. El profundo cambio político y social que significó la llegada de Chávez al gobierno, al iniciar una revolución popular que puso proa hacia el socialismo, significó casi la desaparición de Copei y AD. Esos partidos clientelares abandonaron todos los principios democráticos que decían profesar y se desprestigiaron al apoyar el fracasado golpe de Estado de abril de 2002 y el paro patronal y sabotaje petrolero de 2002-2003. En definitiva, AD y Copei -y los desprendimientos que surgieron de esos partidos- terminaron convertidos en obedientes ejecutores de los proyectos políticos que elabora el Departamento de Estado en Washington.

La agresiva actitud de la DC chilena contra Cuba y Venezuela es la continuidad de una línea que la llevó en los años 70 a conspirar contra el presidente Salvador Allende -y a celebrar su derrocamiento como un “triunfo democrático”-. Pero a ella se han sumado el Partido Socialista y el Partido por la Democracia (PPD). Llama la atención sobre todo el vergonzoso comportamiento del PS. Al asumir las posiciones anticubanas y antivenezolanas de la DC y la derecha, lo hace con mayor odiosidad aún, y aparentando la defensa de “derechos humanos” que son violados a diario bajo sus propias narices en Chile sin que se den por aludidos.

Al tomar parte protagónica en la campaña contra Cuba y Venezuela, el PS ha cerrado un ciclo de vergonzante traición de su historia y de sus principios. Lo inició al asumir la defensa del capitalismo y al identificarse con la economía de mercado y sus inhumanas consecuencias sociales. Lo completó al dar la espalda a la vocación latinoamericanista de su origen.

El PS -no gastemos pólvora en el PPD que es una ridícula murga disfrazada de partido- tiene suficiente experiencia histórica como para saber qué intereses se esconden detrás de las campañas contra Cuba y Venezuela. Sabe bien quién paga la música que hace bailar a los títeres de El Mercurio. ¿Hace falta que la sombra de Allende venga a reclamarles con voz tronante la desvergüenza de dirigentes que arrastran por el lodo la historia de ese partido? ¿No les causa siquiera rubor que la derecha los aplauda por sus insultos y calumnias contra Cuba y Venezuela? ¿No se dan cuenta que hasta la Cancillería -¡de este gobierno!- mantiene una posición mesurada y prudente que la diferencia de la histeria de los monstruosos quintillizos de la Concertación y la derecha?

Cuba y Venezuela -mañana sin duda la campaña se ampliará a Bolivia y Ecuador-, merecen más respeto. Se lo han ganado por la férrea voluntad, coraje y sacrificio de sus pueblos. Sus problemas e insuficiencias -¿y qué país no los tiene?- han de resolverlos ellos mismos, sin presiones ni amenazas externas. El rol de las naciones hermanas es fomentar sus lazos de solidaridad a través de su progresiva integración económica, cultural y política. Debemos impedir, sobre todo, que el imperio nos utilice para sus propios fines. Para esto hacen falta verdaderos partidos socialistas, capaces de incorporar a sus países a esta nueva época que comienza a vivir el continente, y que hace realidad lo que soñaron líderes visionarios como Allende y el Che.

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Fidel y Chávez


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