En relación a la violencia

Nico Fuentes

los queñesEn momentos en que ha sido procesado el ex Comandante del Ejército, Emilio Cheyre, por su participación en los asesinatos de la Caravana de la Muerte, han salido en su defensa personeros de la derecha y la Concertación. Lo llaman el general del “nunca más”, por el pseudo reconocimiento que hizo de la participación del ejército en los crímenes de la dictadura. Ese “nunca más” hipócrita planteado por Cheyre, Aylwin, Lagos y otros acólitos del imperio, va dirigido siempre al pueblo. Le niegan la posibilidad a los explotados a utilizar la violencia para defenderse y luchar contra el sistema de explotación. Pretenden –y lo han logrado–, tener la legitimidad sobre el uso de la fuerza, la que usan de manera indiscriminada, cada vez que sus intereses de clase se ven amenazados.

En relación a la violencia

Nico Fuentes

La violencia nunca es un fin en sí mismo, sino un medio para resolver una contradicción o conflicto, y conseguir determinados objetivos estratégicos de carácter político-económicos. Como señaló Clausewitz, la guerra “constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”.

No se trata del enfrentamiento entre hombres buenos o malos, sino de fuerzas, determinadas por condiciones materiales de existencia concretas y objetivas, dispuestas a aniquilarse para lograr propósitos muy definidos. Esos objetivos, van desde obtener mayor riqueza o preservarla; apoderarse de territorios y materias primas; imponer o cautelar un sistema de dominación determinado, enfrentados a quienes se oponen de manera consciente a la imposición de ese orden, y que luchan por construir una alternativa.

Lo fundamental, es tener claro que la fuerza motriz de la historia es la lucha de clases, y mientras no se resuelva la contradicción principal capital-trabajo, la violencia aumentará y se profundizará en todas sus formas. Lo que ocurre hoy en Chile y el mundo es fiel reflejo de ello. Quienes desconocen este principio y proponen vías alternativas de conciliación, omiten el peso de la realidad objetiva, que demuestra que los capitalistas roban, torturan y asesinan, porque la esencia del capitalismo es justamente esa: bestializar al ser humano. Los últimos atentados en Europa son el claro reflejo de una sociedad enferma, que hunde a los seres humanos, fundamentalmente a los jóvenes, en un nihilismo destructivo, cuyo cauce natural es la violencia irracional.

No existe posibilidad de cambio dentro del sistema, porque es el modo de producción el que determina la conciencia. No es casualidad que toda la clase empresarial y política chilena esté hundida en el lodazal de la corrupción. Es muy simple: no pueden abstraerse de la lógica del propio sistema. Como dijo Marx: somos como producimos. En el caso de la élite chilena habría que decir que es como explota, roba y especula.

Es el instinto de una clase dispuesta a todo por cautelar sus intereses económicos, la que lanzó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, el napalm en Vietnam, los bombardeos en Libia, Afaganistán, Irak, Pakistán y que promovió y apoyó las dictaduras militares en Chile y el resto de América Latina. Ese mismo instinto, determina el accionar presente y futuro del imperialismo –nuestro enemigo principal– en el contexto de la grave crisis multifacética del capitalismo.

Seamos claros: la violencia es inherente a toda sociedad constituida por clases antagónicas, y por ello, la historia de la humanidad, es la historia de la lucha de clases. En el capitalismo, el origen de la violencia es de carácter estructural y se expresa de múltiples maneras: una minoría explotadora y parásita se apropia del trabajo ajeno y condena al hambre y la desnutrición a 795 millones de personas en el mundo; a la muerte por falta de alimento a 35 millones de seres humanos al año; la muerte diaria de 8.500 niños producto de la desnutrición severa y a que 160 millones de niños sufran raquitismo. La irracionalidad de este sistema criminal, no tiene  límite, si consideramos que en el mundo se producen alimentos cada año, para alimentar a 12 mil millones de personas, es decir, el doble del total de habitantes del planeta (1).

A lo anterior, hay que sumar los más de 2 millones de seres humanos asesinados en Irak, Afganistán, Pakistán y Siria, en la “guerra contra el terrorismo” (2) impulsada por Estados Unidos y sus aliados, para apoderarse de los recursos naturales y controlar una zona estratégica para los intereses del imperio.

En Chile, el Estado es un instrumento de dominación de clase, que ha estado siempre al servicio de la oligarquía nacional y del imperialismo. Las matanzas de miles de obreros, campesinos, pobladores y mapuches ejecutadas por el ejército y las fuerzas represivas a lo largo de nuestra historia, constituyen una prueba insoslayable, que en Chile los conflictos de clase, son resueltos a través del genocidio.

En la actualidad, los grupos económicos nacionales, trasnacionales y el imperialismo, siguen contando con un estado que utiliza la violencia contra los estudiantes, pescadores, pobladores y mapuches. En el sur de Chile, el territorio indígena ha sido intervenido por las fuerzas policiales, que realizan constantes allanamientos a las comunidades mapuches,  reprimiendo en forma violenta a mujeres, ancianos y niños. Michelle Bachelet, prometió durante la campaña electoral para su segundo mandato, que no volvería a aplicar la Ley Antiterrorista contra el pueblo mapuche. Sin embargo, como era de esperar, no cumplió su promesa y ha militarizado la zona para defender los intereses de las empresas madereras, que han saqueado un territorio rico en especies nativas, provocando un daño ambiental irreversible.

En todo el país, el gobierno y sus aparatos represivos actúan con brutalidad y total impunidad contra el movimiento social que se rebela ante las injusticias evidentes del sistema. Esa violencia, se agudizará  en la medida que la crisis del modelo económico extractivista se profundice y se sumen nuevas fuerzas a la lucha, principalmente los trabajadores.

En momentos en que ha sido procesado el ex Comandante del Ejército, Emilio Cheyre, por su participación en los asesinatos de la Caravana de la Muerte, han salido en su defensa personeros de la derecha y la Concertación. Lo llaman el general del “nunca más”, por el pseudo reconocimiento que hizo de la participación del ejército en los crímenes de la dictadura. Ese “nunca más” hipócrita planteado por Cheyre, Aylwin, Lagos y otros acólitos del imperio, va dirigido siempre al pueblo. Le niegan la posibilidad a los explotados a utilizar la violencia para defenderse y luchar contra el sistema de explotación. Pretenden – y lo han logrado -, tener la legitimidad sobre el uso de la fuerza, la que usan de manera indiscriminada, cada vez que sus intereses de clase se ven amenazados.

El pueblo no sólo tiene el derecho, tiene la obligación moral de terminar con el capitalismo y ser protagonista en la construcción de su propio destino, que no es otro que el socialismo. En esta lucha estratégica, el factor político ideológico es fundamental, porque la rabia y la indignación son emociones de corto alcance, sobre las cuales no se puede sustentar una lucha radical para cambiar el modo de producción capitalista.

En este contexto, el objetivo de los revolucionarios debe ser terminar con el capitalismo, que impone una sociedad dividida en clases, origen de todas las miserias de la humanidad. Ello no será posible sin un partido y un programa político para construir el socialismo. En esta tarea estratégica se deberán utilizar todas las formas de lucha, incluida la violencia revolucionaria, siempre supeditada a la concreción del objetivo político estratégico.

Muchos de nuestros compañeros que murieron en la lucha frontal contra la dictadura, lo hicieron para construir el socialismo, y tamaño desafío, nunca puede ser fruto de la ira o la venganza. Asumieron su destino de manera consciente en base a convicciones ideológicas profundas, lo que les permitió enfrentar en forma digna la clandestinidad, la cárcel, la tortura e incluso la muerte. Por ello, no pueden ser considerados víctimas de la dictadura. Ellos fueron luchadores revolucionarios, cuyo ejemplo es y será vital en el proceso de construcción de una alternativa al capitalismo.

  1. Cifras FAO 2015.
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