“En el actual modelo no hay posibilidades de producir cambios sustantivos”

Miguel Soto, secretario general de la Confederación de Trabajadores Metalúrgicos de la Industria y Servicio (Constramet)

Nosotros no somos inmunes a la permeación del modelo. Y si vemos que el tercio de los trabajadores  vinculados  directamente a las grandes transnacionales tiene un salario muy superior al resto, eso produce una separación bastante nítida e incluso aberrante. Esta situación fracciona a los trabajadores en una lucha que es tan justa, porque muchos de ellos no quieren arriesgar el status económico alcanzado. Es una forma de control objetiva con que cuenta el sistema. En la Escuela de Santa María, los obreros luchaban para que no se les pagara en fichas, y eso hoy está reflejado en el plástico, en una tarjeta de crédito, que permite endeudarte en forma irracional, lo que entrega una eficaz herramienta de control al sistema. El sistema te impulsa a convertirte en un ser individualista y egoísta. Esta realidad determina también al movimiento sindical y debemos luchar por revertirla.

Miguel Soto, secretario general de la Confederación de Trabajadores Metalúrgicos de la Industria y Servicio (Constramet)

 “En el actual modelo no hay posibilidades de producir cambios sustantivos”

El movimiento sindical chileno, ha enfrentado una situación de deterioro sostenido, cuyo origen se remonta a los albores de la democracia concertacionista. Paradojalmente, durante la dictadura, período en el cual sufrió una brutal represión, que significó la pérdida de sus mejores cuadros políticos, fue un momento de gran auge, jugando un papel destacado en la lucha contra Pinochet.

La llamada transición a la democracia, digitada por el imperialismo norteamericano, tenía un objetivo muy claro y preciso: legitimar el modelo económico implantado  en Chile por Estados Unidos, con el apoyo de la oligarquía local y las fuerzas armadas. Uno de los ejes centrales, fue debilitar y desperfilar al  movimiento sindical para asegurar la herencia de la dictadura en el ámbito laboral, que implicó la pérdida de las conquistas logradas por los trabajadores durante el período de la Unidad Popular.

Para Miguel Soto Roa, secretario general de la Constramet, “fue un error del movimiento sindical no luchar por terminar con el modelo neoliberal implantado por la dictadura, y ese error significó también que nuestro objetivo cambiara”. A lo anterior – según indica – se suma el hecho que los dirigentes con mayor sentido de clase fueron desplazados y reemplazados por representantes de sectores de la socialdemocracia.

La Central Unitaria de Trabajadores, que reemplazó a la CUT histórica, dirigida por representantes de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, se transformó en un apéndice de los gobiernos de la Concertación y en una organización funcional a los intereses del empresariado. En la actualidad, vive su peor crisis, imposibilitada de realizar elecciones por las acusaciones de fraude en las votaciones pasadas, el retiro del Colegio de profesores y el anuncio de una verdadera diáspora de otras organizaciones, que hasta ahora eran parte de la central.

No obstante, más allá de cualquier crisis, lo que no está en duda, es el papel central que debe jugar la clase obrera en la construcción de una alternativa al sistema capitalista. Para saber la opinión sobre éste y otros temas relevantes, entrevistamos a Miguel Soto.

¿Cómo evalúa usted el papel que ha jugado la CUT, y en general los trabajadores en el periodo post dictadura, donde los gobiernos de la Concertación, administraron e incluso profundizaron el modelo neoliberal impuesto en Chile por el imperialismo norteamericano y la reacción cívico militar?

Lo primero que hay que señalar es que el movimiento sindical en dictadura jugó un papel importante desde el punto de vista de la reconstrucción social y el término de la dictadura. Posteriormente, debemos reconocer que hubo una penetración del modelo en nuestro movimiento. Somos parte de la sociedad, y por tanto, somos también permeables como otros sectores. En ese contexto, si bien la CUT cumple un papel importante, no ha estado exenta de errores. Uno fundamental, es haberse acoplado a los gobiernos de la Concertación, pensando que éstos iban a cumplir los compromisos adquiridos durante la lucha contra la dictadura, cuando asesoraban al movimiento sindical. Cuando se producía un crecimiento sostenido del movimiento, particularmente desde el punto de vista de su desarrollo, se llegó a acuerdos con el sector empresarial. La dictadura estaba todavía latente en la sociedad chilena y se pensó que era importante proteger la democracia. Pienso que fue un error de apreciación, de quienes estábamos en la CUT en aquella época, no visualizar que lo correcto era presionar para cambiar el modelo. Ello generó un retroceso en el movimiento sindical.

¿En qué se materializó ese retroceso?

Los gobiernos de la Concertación profundizaron el modelo: no se realizaron los cambios sustanciales a la legislación laboral, se continuó entregando las riquezas naturales a las transnacionales, se privatizaron las  empresas de servicios básicos. Fue un error del movimiento sindical no luchar por terminar con el modelo neoliberal implantado por la dictadura, y ese error significó también que nuestro objetivo  cambiara.  Los empresarios tenían muy claro que había que profundizar  el modelo para que los trabajadores no recuperáramos los derechos ganados hasta 1973. Se dieron cuenta que habían ganado, y el estado avanzó en la profundización del sistema.

La clase obrera jugó un papel central en el proceso de la Unidad Popular y también en la lucha contra la dictadura. Si uno ve el documental  “La Batalla de Chile”, queda claro el alto nivel ideológico y político que tenían los dirigentes sindicales y trabajadores en general.  Sin duda, los asesinatos de la dictadura jugaron un papel fundamental en términos del debilitamiento y atomización del movimiento sindical al eliminar a esos dirigentes. Sin embargo, con posterioridad a la dictadura, los partidos políticos también cumplieron un rol relevante en dicho proceso. ¿Cuál es su opinión al respecto?

En el proceso de recomposición de la actual Central Unitaria de Trabajadores (CUT), los sectores con mayor sentido de clase fueron desplazados y asumieron la dirección dirigentes de la  Democracia Cristiana y de la socialdemocracia. Esa misma situación, que fue un error, sucedió en los partidos políticos, donde los trabajadores jugaban un rol  importante desde el punto de vista de su composición   y su dirección. Hoy no existen en el parlamento representantes de la  clase trabajadora. Manuel Bustos de la Democracia Cristiana fue diputado y  reemplazado por María Rozas, cuando murió, pero fue una excepción. Esta situación, la determinan las direcciones de los partidos políticos. Me refiero  a aquellos partidos populares históricamente insertos en la lucha sindical, como el Frente de Trabajadores del MIR o la dirigencia de los partidos Comunista o Socialista. Recuerdo que en el período de la Unidad Popular si uno planteaba a los dirigentes de estos partidos una posición dubitativa frente al tema de las armas, de la violencia revolucionaria, era inmediatamente catalogado de socialdemócrata. En la actualidad, ser socialdemócrata es casi ser revolucionario.

 

La unidad del movimiento sindical

El Colegio de Profesores se retiró de la CUT, y la Confusam y la Anef han planteado que están revisando su continuidad en la organización. ¿Cuál es  la posición de la Constramet frente a este tema?

Nosotros pensamos que la gran debilidad del movimiento sindical está en su dispersión. Por lo tanto, no estamos de acuerdo en crear nuevos referentes. Por ejemplo, la Central Alternativa de Trabajadores (CAT) y la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), creadas como organizaciones alternativas a la CUT, pertenecen a la misma internacional que la CUT. En los noventa la CAT y la CUT estaban en distintas internacionales, pero como hoy forman parte de la misma, aquella razón histórica que en los noventa las separó, se desvanece desde el punto de vista ideológico. Si uno lo ve en términos de la unidad del movimiento sindical, no tiene ningún sentido que existan en Chile esas tres centrales. Debiesen ser una sola, y no lo son, debido a razones personales.

¿Razones personales de los dirigentes?

Existe una actitud mesiánica en algunos dirigentes que creen que pueden salvar el movimiento sindical sin poner en riesgo la situación de sus cargos. Hay algunos  dirigentes que sólo pernoctan o sobreviven en el movimiento sindical, y no tienen ningún sentido de cambio. Esto genera que en las organizaciones la gran ausente es la democracia sindical.

¿La posición de ustedes es mantener la CUT y fortalecerla?

Pienso que todos los dirigentes deberíamos tener la disposición para hacer un gran congreso unitario, que permitiera recrear una nueva organización sindical o la misma CUT, pero con mayor amplitud. En el último congreso de la CUT se discutió la posibilidad de avanzar hacia una votación universal, que permita a los trabajadores elegir directamente a sus representantes nacionales. Las fórmulas pueden ser muchas, pero lo más importante es respetar los distintos pensamientos existentes al interior de la central, y no intentar avasallar. Quienes dirijan la organización deben contar con el consenso de la mayoría de los trabajadores del país, para avanzar en la unidad del movimiento sindical y poder enfrentar al sistema.

¿Cuál es su opinión de la conducción de Bárbara Figueroa frente a la CUT? ¿Hubo  algún aporte sustantivo de la dirigente comunista en relación a la gestión del socialista Arturo Martínez?

Siento un grado de admiración por Bárbara, porque ella no es una dirigente histórica del movimiento sindical. Es una dirigente relativamente nueva que supo darle conducción y una cara más visible y fresca a la CUT. Le tocó enfrentar una situación interna muy compleja, lo que le dificultó avanzar más rápido en  un proceso de cambios que es necesario producir al interior de la organización. Recuerdo que hace diez años renuncié a mi cargo de dirigente interino de la central, porque sostuve que era necesario un recambio de dirigentes. Y no sólo me refería a un problema de edad, porque hay muchos jóvenes que son más viejos de pensamiento que algunos viejos que pretendemos que el proceso de cambio sea mucho más dinámico. Lamentablemente, hay un estancamiento, provocado por dirigentes que solo quieren permanecer en la organización sindical, sin producir los cambios requeridos. Algunos de ellos han perdido parte de su prestigio debido a la tozudez de pensar que sólo ellos pueden producir los cambios. Lo real, es que han hecho un gran daño al movimiento sindical.

 

En las últimas elecciones de la CUT, hubo acusaciones cruzadas de fraude y para las próximas el padrón electoral es de apenas un tercio respecto de las elecciones pasadas. ¿Qué alternativa ve usted para solucionar esta situación de crisis?

El único mérito de la elección pasada es que se tocó fondo. El aumento de los padrones y el tratar de ganar la dirección de la CUT de cualquier manera, era una situación que se venía manifestando hace mucho tiempo. Me preocupa la disminución del padrón electoral, y en mi opinión se debió esperar más tiempo para el proceso de elección, con el fin de incorporar al trabajador que está afuera. Ello hubiera permitido demostrar que el nuevo proceso de dirección era más transparente al permitir la incorporación de fuerzas de trabajadores, que ciertamente podrían influir al interior de la central. En el actual contexto, la CUT tendrá una doble responsabilidad: demostrar que efectivamente es la organización capaz de conducir a los trabajadores e incorporar a aquellos amplios sectores que están fuera de la central.

En Chile las grandes empresas generan casi el 90 por ciento del PIB y  concentran apenas un 10% del empleo. Por el contrario, las micro, pequeñas y medianas empresas aportan alrededor del 10 por ciento al PIB, pero generan el 90 por ciento del empleo. ¿Cómo visualizan ustedes esta situación, desde el punto de vista de la movilización de los trabajadores si las compañías que realmente influyen a nivel productivo son las grandes empresas, que concentran la menor cantidad de mano de obra? ¿Cómo determina el trabajo sindical este hecho?

Pienso que hay una distorsión en las cifras. Si se analiza en términos de la estructura de este país, en los sectores productivos más importantes, como el cobre, forestal y la construcción, sólo está contratado un pequeño número de trabajadores. Los dos tercios son contratistas, y ahí están las pymes y mini pymes, que son explotadas y extorsionadas por las grandes empresas. Nosotros hemos desarrollado un trabajo en los últimos años hacia la minería y el sector forestal  y nos dimos cuenta que en el contexto de las movilizaciones los más afectados son los trabajadores y no las empresas. Un ejemplo claro es la huelga en la Minera La Escondida, cuya paralización le produjo a la empresa grandes utilidades, porque contratan otras empresas en forma paralela. La baja que se produce en la producción de Escondida hace que suba el precio del cobre, y le permite además, sobreexplotar a las empresas contratistas, que en su mayoría tuvieron que bajar sus costos. En el ámbito de las remuneraciones, bajaron entre un 30 y un 40 por ciento respecto de lo que pagaban a los trabajadores. Lo mismo sucede en el retail y las empresas de servicios, incluidas las que maneja el Estado, donde se explota de una forma miserable a los trabajadores. Por lo tanto, cuando se habla de que las grandes empresas no producen empleo, es un problema de forma de explotación que hoy día tiene el modelo, no es que tengan menos trabajadores.

¿Cómo evalúa usted el gobierno de la Nueva Mayoría y qué opinión le merece que el Partido Comunista, que fue históricamente el partido de la clase obrera en Chile, esté participando en este gobierno?

Hay una cuestión que es central y tiene que ver con la capacidad real que tienen los presidentes para gobernar, considerando que el Estado en Chile carece de poder. A partir de la dictadura se genera un Estado débil, sin poder y una constitución que genera un modelo de acumulación con una sociedad fácil de corromper. Las movilizaciones de 2011 generaron grandes expectativas de cambio, pero para que esos cambios se hubieran podido concretar, se debió continuar con las movilizaciones en forma permanente, pero no solamente desde el punto de vista del carácter movilizador, sino que también organizativo. Respecto a la participación del Partido Comunista en el gobierno, pienso que ha tratado de empujar los cambios, pero en términos reales las fuerzas al interior de la Nueva Mayoría son bastante minoritarias como para  influir de manera concreta. Se requiere de partidos o de la izquierda en general comprometida en una construcción de gobierno, con una mayor capacidad de integración, de unidad. Sin eso es imposible incidir y realizar  los cambios que se requieren.

¿Cuáles cree usted que van a ser los costos para el Partido Comunista por el hecho de ser parte de un gobierno que en concreto no cumplió las expectativas?

En la forma en que está constituida la sociedad chilena actual, no creo que eso se produzca en términos de costos o pérdidas. De hecho, el período de gobierno está prácticamente terminado, y no veo que el Partido Comunista tenga grandes dificultades por esa situación. El sector que gobierna este país, que son los empresarios, remarca mucho que la política no sirve, y que actuar en política es  perder el tiempo. Finalmente, lo que a ellos les interesa es seguir gobernando con la mayor facilidad, y sin injerencia de los grandes sectores de este país.

 

Cambiar el modelo económico

Hemos tenido  en Chile dos grandes procesos de movilización, el año 2006 con los estudiantes secundarios y el 2011 de los estudiantes universitarios que fue una movilización muy potente, que incluso trascendió a la reivindicación sectorial, planteando cambios de carácter estructural al modelo. Las protestas fueron apoyadas a nivel transversal, pero los trabajadores no participaron en forma activa. ¿Por qué no participó la clase obrera de manera activa en la movilización?

Nosotros no somos inmunes a la permeación del modelo. Y si vemos que el tercio de los trabajadores  vinculados  directamente a las grandes transnacionales tiene un salario muy superior al resto, eso produce una separación bastante nítida e incluso aberrante. Esta situación fracciona a los trabajadores en una lucha que es tan justa, porque muchos de ellos no quieren arriesgar el status económico alcanzado. Es una forma de control objetiva con que cuenta el sistema. En la Escuela de Santa María, los obreros luchaban para que no se les pagara en fichas, y eso hoy está reflejado en el plástico, en una tarjeta de crédito, que permite endeudarte en forma irracional, lo que entrega una eficaz herramienta de control al sistema. El sistema te impulsa a convertirte en un ser individualista y egoísta. Esta realidad determina también al movimiento sindical y debemos luchar por revertirla.

¿Cuál es la estrategia para lograrlo?

Tenemos que conformar organizaciones fuertes que no sean excluyentes. Si analizamos el caso de Escondida, tiene 2.500 trabajadores que negocian colectivamente en forma directa y más de 7.000 que son contratistas. Esta situación se replica en los sectores de la  minería y forestal, donde el 85 % es subcontratado, dependiendo del tipo de labor que tenga que cumplir.  Existen distintos tipos de sindicatos, dependiendo del RUT de la empresa, hay trabajadores contratados y subcontratados, lo que hace que si mañana en este país se dictara la ley de negociación ramal, tendríamos serios problemas para enfrentarla, debido al nivel de disgregación que tenemos. Por ello, tenemos que construir grandes organizaciones sindicales, que nos permitan imponer la negociación ramal y enfrentar al modelo en todos los terrenos. Está demostrado, que las cosas no cambian, si los trabajadores no arriesgamos incluso nuestra propia integridad para lograrlo.

¿Cree usted que existe la posibilidad de hacer cambios dentro del capitalismo o la solución es luchar, aunque sea un proceso largo, por la construcción de otro modo de producción?

Pienso que en el actual modelo no hay posibilidades de producir cambios sustantivos. Sin la construcción de una sociedad que dé cuenta de todos los problemas que hoy día nos afectan, como el medio ambiente, salud, vivienda y educación, entre otras muchas carencias que afectan a la mayoría, no habrá solución. Cualquier catástrofe natural en este país pone en evidencia las condiciones de fragilidad en la que viven los sectores más desposeídos. Debemos construir una sociedad más justa, y eso significa cambiar el modelo económico. Si no lo hacemos, no tenemos posibilidades de sobrevivencia desde el punto de vista de la sociedad.

¿Cómo visualiza usted ese proceso de cambio profundo y cómo aportarán los trabajadores, dadas las condiciones reales y concretas que tenemos hoy día para poder caminar hacia ese proceso?

Los trabajadores no solo transformamos la materia. Somos entes productores y de cambio de la sociedad.  En ese contexto, tenemos que ser capaces de cambiar las conciencias de la sociedad chilena para avanzar en un proceso efectivamente más igualitario para todos. Para ello, debemos definir un proyecto de sociedad y eso no es ajeno al movimiento sindical. No olvidemos que parte importante de la construcción de la Unidad Popular era parte del proyecto de transformación que tenía la Central Única de Trabajadores. Si tenemos un proyecto de sociedad que refleje los intereses de los trabajadores, que sea cabalmente comprendido y asumido en todos los estratos del movimiento sindical, tendremos la fuerza necesaria para incidir frente a cualquier gobierno y el país.  A lo anterior, hay que sumar la movilización constante

Por último, su opinión sobre la contingencia internacional. El sistema capitalista vive una crisis de carácter multifacética, que abarca los ámbitos económico, político, energético, medioambiental y alimentario, entre otros. En Estados Unidos, acaba de ser electo Donald Trump, que responde a los intereses de los grandes consorcios financieros y la industria armamentista, que tienen muy claro que el sistema no tiene ninguna  salida, y que Estados Unidos, está perdiendo la batalla por la hegemonía mundial con China. En ese contexto, la guerra y el acceso a los recursos naturales de otros países parece ser el único camino que contemplan. ¿Cuál es  su opinión al respecto?

Respecto de la elección de Trump, sin ser especialista en política internacional, opino que representa a ciertos sectores, que en el actual desarrollo capitalista de acumulación, sienten que han perdido parte de su poder, y pretenden recuperarlo con él en el gobierno. Es un proceso peligroso, con un ultranacionalismo que puede generar atrocidades y conflictos internacionales bastante más graves de los que uno pudiera imaginar. Hay una decisión de Estados Unidos de potenciar la carrera armamentista, China responde anunciando un aumento en la inversión militar y Rusia también hace lo propio. Ciertamente es una situación muy preocupante, que nada tiene que ver con la sociedad que todos deseamos construir.

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miguel soto


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