EL TERRORISMO DEL ESTADO ISLÁMICO (y de cualquier otra índole) ES EL FASCISMO CONTEMPORÁNEO

José Leiva

FASCISMO CONTEMPORANEOLa Tercera Guerra Mundial no la propician Rusia, China, Irán, Siria o Venezuela. Son las grandes transnacionales y los sectores más reaccionarios de las oligarquías financieras, petroleras y de la industria militar que se ponen de acuerdo en reuniones como el Club de Bilderberg para sus políticas expansionistas; ellos son los verdaderos terroristas e impulsores de una guerra mundial para salvar sus ganancias.

 

 

EL TERRORISMO DEL ESTADO ISLÁMICO (y de cualquier otra índole) ES EL FASCISMO CONTEMPORÁNEO

José Leiva

La situación mundial se ha ido deteriorando aceleradamente y la crisis del sistema capitalista la induce a asumir los únicos recursos posibles para su salvación, una economía de y para la guerra. El teatro de operaciones, hoy, se ubica en el Medio Oriente y en África, donde están los principales recursos energéticos. A un continente aún  con bastantes riquezas naturales por expoliar y seres humanos para explotar se le suma un atraso económico y cultural, caldo de cultivo para los intereses guerreristas.

La  economía de guerra consiste en la subordinación de recursos a un sistema de asignación planificada (por un Estado), y la renovación de equipos asociada a una aceleración en la innovación tecnológica. En el contexto de la crisis mundial actual, aún está por verse si el keynesianismo militar es capaz de sacar a los países desarrollados de su situación de estancamiento económico, como lo ha hecho en épocas pasadas.

En esta situación de guerra es el terrorismo islámico la forma que usa la oligarquía para imponerse, en la actualidad.

Así como en la crisis de 1929, Hitler y el fascismo fueron el instrumento con que la oligarquía financiera alemana y algunos norteamericanos impusieron una dictadura que condujo al mundo a la guerra, hoy, el Estado Islámico (EI) ocupa el lugar de tontos útiles para los sectores más reaccionarios de las oligarquías petroleras, armamentista y financiera.

No es una religión o ideología lo que mueve a miles de seres a lanzarse a la guerra. Es la pobreza; es la enorme brecha de desigualdad entre los que más ganan y las grandes mayorías sumidas en la miseria, y, por último, las relaciones sociales que no pueden superar esas iniquidades,  la real fuente de la acción terrorista. El fundamentalismo es solo su justificación. Solo grandes sumas de dinero y recursos materiales   permiten su manipulación cuando las sociedades están en decadencia.

Hitler para ser lo que fue solo necesitó tres cosas: mucho dinero aportado por los Krupp, Benz, Morgan y Bush, una crisis económica y una ideología fundamentalista para atraer a las masas desesperadas. Es lo que ha ocurrido y ocurre en los países árabes y africanos.

A los terroristas islámicos los financia Qatar; Israel los cura en sus hospitales; Turquía les compra el petróleo que roba a Irak y Siria, trafica con las antigüedades patrimoniales saqueadas con las personas que se ven obligadas a emigrar y, principalmente, los provee de armamento; Ucrania los abastece de armamento y municiones; Arabia Saudita y Estados Unidos (EEUU) los entrena y arma. Muchos otros países del occidente también han aportado al EI en su expansión y desarrollo.

Jamás un grupo de esta índole —así como los nazis en su época— hubiera sobrevivido en el tiempo sin un gran financiamiento. Los actos terroristas para los grandes oligarcas son meros daños colaterales y, a fin de cuentas, argumentos para sus guerras expansionistas. Hitler incendió el  Reichtag (parlamento alemán) para justificar el golpe y perseguir a los comunistas y todo lo que oliera a progresismo. Al Qaeda, criatura de la CIA, dio argumentos para la invasión de Afganistán e Irak.

Para muchos gobernantes, empresarios y lobistas, la muerte de millones de personas no es más que un daño inevitable para salvar lo que a menudo denominan “un estilo de vida”. Donde surge un grupo terrorista y se expande hay intereses de las grandes transnacionales norteamericanas y europeas.

Boko Haram, grupo yihadista que tiene más asesinatos a su haber que Al Qaeda, tiene sumido a Nigeria en una cruel guerra civil. Su financiamiento, armamento y entrenamiento viene de las mismas fuentes que del EI. Estados Unidos en nombre de la lucha contra el terrorismo y por los Derechos Humanos envía sus tropas, pero sus verdaderos objetivos son el petróleo y detener las inversiones de China en África que espanta a las compañías occidentales. Principalmente, porque China a cambio de extraer los recursos (petróleo, gas, minerales preciosos y metales) invierte en infraestructura y en desarrollo social en los países a los cuáles se asocia.

Siria: el principal Teatro de Operaciones Militares.

La intervención rusa en Siria frenó y cambió este panorama que amenazaba con imponerse. Además de ocasionar graves daños y enormes derrotas al EI, ha desenmascarado ante el mundo la hipocresía y doble estándar de Estados Unidos, de la OTAN y el mundo occidental. El derribamiento del avión bombardero ruso por parte de aviones turcos en vez de disminuir la presión contra los terroristas, significó en una seria derrota político diplomática de Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados.

El intento de retomar la iniciativa política, por sobre Rusia, después de los atentados de París se frustró. La OTAN quedó dividida y neutralizada como institución para la defensa de Europa. El hasta entonces rechazo unánime a cualquier tipo de colaboración con el gobierno de Asad  cambió, y, hoy, es considerada  por Francia y otros países de la Unión Europea, como indispensable para combatir al Estado Islámico.

Estados Unidos, la Unión Europea y las monarquías árabes petroleras no logran posicionarse profundizando la crisis y decadencia en que están sumidas. El derribamiento del SU-24, el asesinato del piloto y de un marino en misión de rescate fue una acción desesperada de EEUU y la OTAN en colusión con el títere de Erdogan.

El planeta se encuentra en un difícil atolladero, se expanden y agudizan las crisis por casi todos los países. Las fuerzas reaccionarias se resisten a perder su modo de vida y los pueblos adquieren cada vez mayor conciencia de quienes son sus enemigos. En algunos lugares se avanza y en otros se retrocede, pero la tendencia general es avanzar hacia una sociedad mejor.

La desestabilización de gobiernos soberanos, la injerencia en los asuntos internos, golpes de estado, intervenciones militares sin autorización, etc., son formas históricas que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia usan para seguir manteniendo su dominación. Alemania, Japón e Italia, inhabilitados por la historia de liderar cualquier acción militar por ser los desencadenadores de la II Guerra Mundial, participan en un segundo plano con todo tipo de apoyo tecnológico y logístico.  El objetivo es mantener el injusto mundo unipolar existente desde el derrumbe del campo socialista.

En más de un año la coalición liderada por Estados Unidos para combatir al terrorismo del Estado Islámico no ha producido ningún fruto. Por el contrario, el EI se ha expandido y fortalecido. Rusia ha hecho más en dos meses y ha logrado detener el avance permitiendo al ejército sirio liberar numerosas zonas de los terroristas.

No sería de extrañar que EEUU y la OTAN, con el pretexto de su lucha contra el EI, invadieran Siria. Para ellos, el éxito de Rusia en la lucha contra el terrorismo y la permanencia de Asad en el poder representa un mayor “peligro” que el Estado Islámico. Con ello, se iniciaría una escalada guerrerista con el inevitable enfrentamiento con los rusos.

La acción militar rusa en Siria junto a la sabia conducción de Putin y su gobierno están acabando con esta hegemonía imperialista abriendo paso a un justo y necesario mundo multipolar.

La Tercera Guerra Mundial no la propician Rusia, China, Irán, Siria o Venezuela. Son las grandes transnacionales y los sectores más reaccionarios de las oligarquías financieras, petroleras y de la industria militar que se ponen de acuerdo en reuniones como el Club de Bilderberg para sus políticas expansionistas; ellos son los verdaderos terroristas e impulsores de una guerra mundial para salvar sus ganancias.

 

 

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