El regionalismo latinoamericano

Alejandro de Vivar

Democratización de los contenidos de los medios, democratización de las organizaciones populares, participación de estas en las instancias sociales y políticas de las naciones y de la región, la mancomunidad de las organizaciones políticas, sociales y los gobiernos es la garantía de que los proyectos reformistas de izquierda puedan perdurar y abrir paso al socialismo.

El regionalismo latinoamericano

Alejandro de Vivar 

«Libertad e igualdad verdaderas será el orden de cosas que están instaurando los comunistas, y en él será imposible enriquecerse a costa de otros, no habrá posibilidad objetiva de someter directa o indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel que pertenecerán a la sociedad.»

(Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado – I Congreso de la III Internacional –  Lenin)

Introducción

Los regímenes de América Latina en los que prevalece un discurso regionalista y con vistas al socialismo son regímenes reformistas de izquierda. Recalcar ‘izquierda’ es destacar el compromiso real (*) con el desarrollo social, con la superación de la pobreza y la institucionalización de políticas tendientes a profundizar el modelo predominante de democracia.

En ellos ha habido importantes avances en el control estatal de sectores estratégicos de la economía y de la política. Algunas reformas han sacado de su exclusión a los pueblos aborígenes, dándoles mayor grado de autonomía y presencia en la evolución del país.

Sin embargo, ningún cambio ha tocado las relaciones de producción ni las principales relaciones de intercambio. La burguesía campea por sus respetos, tanteando por aquí, pulsando por allá, buscando mantener controlados a los gobiernos y, eventualmente, provocar su colapso. Las expropiaciones del gobierno bolivariano, por ejemplo, no han mellado el poder económico de la oligarquía; sólo han permitido al gobierno controlar aspectos claves para sus políticas distributivas.

Aún cuando los liderazgos de la región tienen distintos grados de compromiso con el socialismo, las relaciones económicas siguen siendo capitalistas, con un importante predominio del capital transnacional.

Imperialismo

El imperialismo, sobre todo el estadounidense, mantiene su atención puesta sobre la región. Esta se manifiesta en la constante presión sobre los gobiernos, acusándolos de desestabilizar la región, de apoyar movimientos insurgentes, de favorecer el narcotráfico, de apoyar regímenes declarados como amenazas a la paz, etc. Se suma a ello el cerco militar que paulatinamente está configurando una masa crítica tendiente a inmovilizar los procesos regionalistas por el simple expediente de crear un temor a detonar accidentalmente una confrontación militar a gran escala.

Los organismos estadounidenses presentes en estas naciones también desarrollan actividades desestabilizadoras, fomentando conspiraciones y sabotajes, propalando infundios y financiando organizaciones fascistas. Asimismo, hay financiamiento europeo y norteamericano a ONG que realizan labor de zapa en los distintos estamentos de la sociedad.

La política general imperialista es de contención, destinada a impedir que los gobiernos ‘se desmanden’ yendo francamente a establecer regímenes socialistas y entrando a confrontar el imperialismo; y de tanteo, pulsando constantemente las debilidades y buscando provocar errores que socaven sus posiciones.

De esta manera, en tanto no haya necesidad acuciante, el imperialismo podrá destinar sus esfuerzos a regiones más complicadas.

El todo es más que la suma de las partes

Este reformismo más comprometido imperante en varios países de la región ha configurado un entorno propicio para políticas de mayor autonomía frente a las instituciones globalistas neoliberales, lo cual ha permitido profundizar sus programas y crear mecanismos de mutuo beneficio.

En este sentido, la alianza latinoamericana adquiere un cierto carácter antiimperialista, promoviendo relaciones económicas y políticas basadas en la colaboración y en una integración que va más allá de las infraestructuras. Así se tienen instancias como Mercosur, Banco del Sur, ALBA y SUCRE, todas las cuales tienen algún grado de implementación.

El entorno regionalista ha permitido a cada uno de estos gobiernos avanzar en sus programas y desafiar las presiones imperialistas sin tener que entrar a sufrir un desgaste por cada paso que dan. De hecho, sin necesidad de tener que concitar el apoyo de los demás gobiernos, las acciones que emprenden, sirven de retroalimentación positiva para todos ellos.

Los pueblos han sido efectivamente beneficiados con las políticas sociales de sus gobiernos. La tasa de pobreza y analfabetismo ha ido gradualmente retrocediendo. Tienen acceso a mejor salud y educación. Las perspectivas laborales tienden a mejorar.

Si bien con una baja cohesión orgánica, los pueblos han correspondido a sus gobiernos en las urnas y en las movilizaciones, aun cuando algunos de estos gobiernos prefieren gobernar evitando la participación de sus pueblos.

Tenemos, entonces, un conjunto de naciones que ha podido establecer relaciones soberanas con el resto del mundo y definir un sistema de relaciones de apoyo y fortalecimiento recíprocos, permitiendo resistir eficazmente la amenaza imperialista.

Sin embargo, como nos lo recuerda Santa Fe II, los gobiernos pasan mientras que las instituciones quedan…

Los medios

Las dictaduras de los años 70-80 que devastaron los movimientos populares, también dejaron establecida como verdad incuestionable que los dueños de los medios (sobrevivientes; pertenecen, por ende, a la oligarquía) son también los representantes de ‘la opinión pública’, es decir, son los dueños de la información.

El paradigma imperante reza que la libertad de expresión se manifiesta en la libertad de los dueños de dicha ‘opinión pública’ para publicar lo que quieran y como lo quieran. En este orden de cosas, los formadores de esta opinión pública han creado un (in)consciente colectivo de rechazo a lo izquierdista en general, al ALBA en particular. Se han dedicado a demonizar a algunos Jefes de Estado y los procesos que lideran, a banalizar y farandulizar la política, trivializar en grado extremo las relaciones humanas, a criminalizar los movimientos populares, a crear –en definitiva– una predisposición contra de del regionalismo y el socialismo, sin el contrapeso de medios y organizaciones que tengan presencia significativa en las masas.

Algunos gobiernos, como los de la Concertación, se dedicaron a fortalecer los medios de las oligarquías mientras asfixiaban a los medios alternativos que la llevó al poder.

Otros gobiernos, los reformistas de izquierda, se han dedicado a combatir a los dueños de los medios y ha perfeccionar las legislaciones para acotar el poder de los medios, provocando –de paso– acusaciones de atentados a la libertad de expresión.

Sin embargo, mientras no se cuestione la falaz premisa de que los dueños de los medios son los dueños de la información, la lucha contra ellos es vana.

La información tiene carácter social y el impacto también es social. Como tal, no hay razones para que un heredero de un imperio mal habido se apropie también de la información social. Si vamos a respetar las relaciones capitalistas de producción, respetaremos el derecho a propiedad sobre los medios. Los dueños de los medios decidirán la manera en que gestionarán sus negocios y buscarán la forma de sacarles la mayor rentabilidad.

Pero es responsabilidad social el manejo de la información social. Es responsabilidad de los gobiernos establecer los mecanismos para que todos los medios, no sólo los públicos, tengan una línea editorial alineada con la visión país predominante y que –en principio– represente proporcionalmente las tendencias sociales y culturales de la nación.

Las masas

Hoy, los pueblos viven y sufren los procesos reformistas de izquierda. Se han visto beneficiados y también ha habido distanciamientos. Algunos procesos tienen fuerte tendencia a la polarización, mientras que en otros, los gobiernos se han enajenado la voluntad de organizaciones populares que constituían su base social.

El respeto de la legalidad capitalista se refleja en que el sistema democrático es representativo, por lo que la voluntad de la ciudadanía se expresa cada tantos años en la elección de autoridades y, eventualmente, en movilizaciones capaces de tumbar gobiernos o impedir asonadas.

Las organizaciones políticas que apoyan a estos gobiernos no tienen el arraigo popular necesario para constituir un cohesivo que permita que los programas y visiones trasciendan los gobiernos y se proyecten hacia una humanidad más justa. En esta situación, la verdadera influencia sobre la voluntad de las masas radica en los medios, en poder de las burguesías criollas y transnacionales.

Temerle al pueblo lleva al fascismo, mientras que desconfiar de él lleva al inmovilismo que, en definitiva, permitirá a la burguesía recuperar el poder y revertir las transformaciones. Los próximos años son cruciales para la resolución de la crisis mundial, la cual ha sido capeada por la región con menores impactos a los que están sufriendo los pueblos del resto del mundo. Sin embargo, esta situación de relativa bonanza no puede perdurar, y está en manos de los actuales gobiernos sentar las bases para que la onda de choque no golpee directamente a los trabajadores, que es lo que pretende la burguesía.

Es necesario concebir al Pueblo como una inteligencia colectiva, cuyo potencial se va a expresar en tanto pueda desarrollar sus organizaciones populares, más allá de cualquier identidad partidaria. Las propuestas partidarias sólo tienen sentido cuando el verdadero sujeto del cambio está en la plenitud de sus facultades y de su disposición al cambio.

Democratización de los contenidos de los medios, democratización de las organizaciones populares, participación de estas en las instancias sociales y políticas de las naciones y de la región, la mancomunidad de las organizaciones políticas, sociales y los gobiernos es la garantía de que los proyectos reformistas de izquierda puedan perdurar y abrir paso al socialismo.

(*) Que no ha sido el caso de los sucesivos gobiernos de la Concertación en Chile; muy por el contrario, estos han sido sumisos con el capital.

Artículos relacionados del mismo autor:

Los pueblos no yerran, http://www.generacion80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=6702

Las elecciones chilenas y el contexto regional, http://www.generacion80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=6845

Miedo al pueblo. A propósito del artículo ”Ser o no ser” de Manuel Cabieses, http://www.generacion80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=6568

Crítica a la carta Nuevos tiempos políticos, http://www.generacion80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=7486

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