El aporte de los trabajadores de la construcción

Entrevista a Miguel Nazal, presidente del Sindicato de Trabajadores Unidos (STU)

Por Camelia Rodrigo y Delfo Acosta

Portal Rodriguista entrevistó a Miguel Nazal, presidente del Sindicato de Trabajadores Unidos (STU), quien fue anteriormente presidente del Sindicato de Trabajadores de CENCOSUD. ¿Cuál es la historia de los trabajadores de la construcción y cuál ha sido su aporte a la lucha sindical? ¿Cómo construyen organización los trabajadores de la construcción? En la presente entrevista podrá conocer la respuesta a ésta y otras muchas preguntas.

“Cuando hicimos el paro de 2012, nos costó mucho convencer a los compañeros que pararan por algo que no fuera plata contante y sonante a fin de mes. Fue una pelea grande y lo logramos por el buen trabajo sindical que hicimos. Ese trabajo se debe replicar por cientos de miles para pasar de una lucha económica a una lucha política.

A mí lo que me preocupa cuando se habla de la crisis del neoliberalismo, es que su muerte puede durar 30 años sin problemas, con todos los costos que ello implica. Si nosotros no estamos organizados, unidos como clase trabajadora, aquí se nos instala el fascismo y sin golpe de estado.”

 

Entrevista a Miguel Nazal, presidente del Sindicato de Trabajadores Unidos (STU)

El aporte de los trabajadores de la construcción

Por Camelia Rodrigo y Delfo Acosta

Portal Rodriguista entrevistó a Miguel Nazal, presidente del Sindicato de Trabajadores Unidos (STU), quien fue anteriormente presidente del Sindicato de Trabajadores de CENCOSUD. ¿Cuál es la historia de los trabajadores de la construcción y cuál ha sido su aporte a la lucha sindical? ¿Cómo construyen organización los trabajadores de la construcción? En la presente entrevista podrá conocer la respuesta a ésta y otras muchas preguntas.

 

¿Cómo nace el Sindicato de Trabajadores Unidos y qué lo caracteriza?

Nuestro sindicato nace a finales de 2008, en el contexto de la construcción del megaproyecto Costanera Center, implementado en la comuna de Providencia. Somos un sindicato interempresa, pero enfocado fundamentalmente al sector de la construcción. Funcionamos como la mayoría de los sindicatos, con directorio, pero con algunas características que nos diferencian. En nuestro caso por ejemplo, no es un requisito ser elegido para formar parte del directorio. Integramos en la toma de decisiones a los compañeros que demuestran en la práctica un compromiso y esfuerzo constante. Es una forma de reconocerlos y premiar su trabajo abnegado. También incorporamos a algunos delegados que no necesariamente son directores.

De acuerdo a la legislación laboral vigente, ¿se puede incorporar al directorio a personas no elegidas?

La estructura legal del código del trabajo obliga de alguna manera a tener un directorio que se forme de una u otra manera. Nosotros sobrepasamos eso, porque como en toda actividad humana, hay compañeros que se sacrifican más en el trabajo, y por lo tanto, tienen el derecho a dar su opinión en el directorio. Generalmente sumamos más que restamos. No vetamos a la gente para estar en el directorio.

 

 

¿Con qué número de afiliados cuenta el sindicato?

En nuestro caso, como somos un sindicato interempresa, ese dato es relativo. El número de afiliados en la construcción depende de las obras.  Sólo un dato: nosotros en algún momento hemos sido 12 miembros, y en otras ocasiones 3.000. En la actualidad, somos alrededor de 600 socios en el sindicato.

¿Están afiliados a la CUT?

Nos afiliamos el año 2016 a la central y demoramos ocho años en hacerlo. Pensamos que la situación de crisis que ha vivido la entidad, es una oportunidad para influir en la conducción de la CUT. Digo influir, porque no seremos nosotros los que determinaremos qué va a hacer o no va a hacer la central. Sin embargo, pienso que junto a otros sectores podremos influir y aportar para fortalecer al movimiento sindical.

¿Qué papel han jugado los trabajadores de la construcción en la lucha popular, a través de la historia, y qué rol tiene el sindicato que preside actualmente?

El aporte del movimiento sindical de la construcción, no solo al tema laboral sino a la cuestión social y política de este país ha sido vital, desde la URE de 1917 (Unión en Resistencia de Trabajadores de la Construcción) e incluso antes. Con la gran infinidad de gremios que se agrupaban en esos momentos, como los carpinteros, yeseros, estucadores, excavadores, fueron, y digo fueron, porque creo que hoy en día todavía estamos faltos de un actor principal en el movimiento social y político.

En el año 70 los trabajadores lograron trabajar organizados más allá del sindicato y eran más organizados que los sindicatos. Teníamos 5 mil trabajadores luchando por el tema de la producción en ese tiempo. La construcción tiene un elemento vital que es parte de la construcción de un sujeto revolucionario.

Recuerdo que en 1988, cuando nuestro movimiento ya estaba debilitado, fuimos nosotros los que pusimos el local de Serrano 444 para que fuera velado el compañero Raúl Pellegrin, jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Todo lo anterior, demuestra que los trabajadores de la construcción hemos sido un actor no solo social y laboral, sino que político muy fuerte. La inestabilidad que vivimos en la construcción tiene sus pro y sus contras. Su contra es la inestabilidad, pero ello mismo hace que tengamos mucho menos que perder a la hora de luchar.

¿Eso es determinado por las condiciones actuales del modelo productivo?

Por el actual y el antiguo. Con la diferencia que en los años 40 y 50, cuando el estado toma un rol mucho más fuerte y se crean empresas de la construcción del estado, se afianzan más. Si bien, los trabajadores de la construcción se hicieron más poderosos como institución, al mismo tiempo perdieron libertad de acción para ejercer diferentes formas de lucha, porque podían perder el trabajo.  Tenían algo que perder.

 

 

 

La CUT

¿Cuál es su evaluación del papel de la CUT y en general de la clase obrera en el periodo postdictadura, donde los gobiernos de la Concertación han profundizado el modelo?

La CUT, es una expresión de lo alicaído que quedó el movimiento sindical, producto de los golpes asestados a la izquierda y por cierto al movimiento sindical, por la dictadura pinochetista. No podemos responsabilizar sólo a la CUT de no levantar el movimiento social, cuando el pueblo, el trabajador estaba embobado con la aparición del celular, la televisión y los mundiales de fútbol. Existe una tendencia a buscar chivos expiatorios para poder vivir bien. En un momento, fue el movimiento de izquierda, el Partido Comunista, el MIR, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, es decir, aquellas fuerzas políticas que lucharon más fuerte en la década  de los ochenta, que pagaron los costos en represión y en vidas.  En ese contexto, la CUT no fue un actor de pelea, pero cuando la central llamó a paro, los sindicatos no se sumaron. Entonces todos decimos que la CUT es amarilla porque no llama a paro, pero cuando lo hace, los sindicatos de base no se suman.

¿Hay una responsabilidad también de la base?

Pienso que el pueblo, la clase trabajadora como tal, también tienen un rol, no sólo la dirigencia. Los dirigentes tienen responsabilidad, y lo tenemos claro, pero llegado un momento también el pueblo debe sacudirse un poco de la propaganda, de la editorial del Mercurio, participar y exigir.

¿Qué papel que han jugado lo partidos políticos en el debilitamiento y atomización de la CUT y en el movimiento sindical en general?

Soy muy crítico de la situación actual, y qué decir de la década de los 90, que fue una desgracia para este país. Sin embargo, también pienso que hay una cosa acomodaticia en la gente. Los partidos políticos juegan un papel representativo de sus sectores de clase. Entonces, hablar de partidos políticos en general, como que castra un poco la posición que uno podría tener como persona de izquierda. Los sectores populares y los sectores trabajadores tienen derecho a tener partidos, representantes políticos pero que sean de los trabajadores. Lamentablemente, los partidos no hicieron muchos esfuerzos para revertir la pasividad de la gente, porque en los años 90 y 2000, uno no veía al pueblo en la calle con rabia para reventar esto. La gente fue domesticada, y por ello, para mí esas décadas fueron terribles.

Me quedó dando vuelta el tema de esta domesticación porque ocurre que de 1917 que es la URE, sucede que de alguna manera desde ahí a los 70 digamos, unidad popular incluida, da la impresión de que la clase obrera tenía un postura mucho más de clase, en dictadura de alguna manera se levanta y después, bueno caen los socialismos reales, y producen una suerte de claudicación o dispersión ideológica y esta lo de los 90. ¿Qué está ocurriendo hoy día con los trabajadores, su conciencia?

Considero que hay que tratar de levantar la voz más allá de lo establecido. Ha habido una mayor presencia sindical en la conducción de las reivindicaciones de la gente, y eso significa organizarse, mostrar sindicato. A nivel cupular podríamos decir también, que es interesante esto de la crisis que se está viviendo en la CUT. Pensamos que puede ser una oportunidad para que incluso sectores que están en la central, levanten cabeza y creen una CUT más contestataria, más grande y unitaria, no sólo en el discurso. Pienso que los nuevos actores que han ingresado a la central, están provocando esta crisis con los viejos actores, poniéndola en jaque. Esperamos que esto la fortaleza y no genere dispersión y división. La fragmentación en varias centrales, no sé si sería bueno para la clase trabajadora.

Lo que ha ocurrido desde los 90 en adelante, es la profundización del modelo.

Efectivamente, pero creo que hubo una profundización del modelo desde el año 1990 hasta el año 2014, donde hubo un freno. Nadie puede decir que después de 2014, el neoliberalismo ha tenido las manos libres para hacer lo que quiera. Comenzaron a instalarse las reformas educacionales, reformas que no eran las que queríamos, porque no eran las más avanzadas. En ese sentido, se puede plantear, que no avanzamos, pero el neoliberalismo tampoco avanzó como lo venía haciendo durante los últimos 20 años. Hubo freno a la instalación del neoliberalismo, esa es mi percepción. No es que el pueblo haya avanzado, pero sí hubo un freno.

¿No cree usted, que ese freno está dado por la crisis de 2008? El hecho que Donald Trump esté instalado en la presidencia de Estados Unidos, de alguna manera da cuenta de una crisis global del sistema.

A mí lo que me preocupa cuando se habla de la crisis del neoliberalismo, es que su muerte puede durar 30 años sin problemas, con todos los costos que ello implica. Si nosotros no estamos organizados, unidos como clase trabajadora, aquí se nos instala el fascismo y sin golpe de estado. No hay una fuerza, no hay una idea, y la gente todavía está muy permeable a los medios de comunicación, que todos sabemos en manos de quiénes están. También sabemos en manos de quiénes están las fuerzas armadas y la economía en este país.

El papel del Partido Comunista

¿Cuál es su opinión de la participación del Partido Comunista, que fue históricamente el partido de la clase obrera, en el gobierno de la Nueva Mayoría?

Recuerdo una entrevista a Pepe Mujica por el Frente Amplio en Uruguay, donde señalaba que para conseguir lo que lograron en Uruguay, tuvieron que comer sapos. Decía que la política no es la religión, porque en ella se comen sapos, y para eso hay que estar en diferentes lugares. Pienso que el Partido Comunista, al margen de haber comido sapos, junto a algunos socialistas y democratacristianos, que tienen más de derecha que de centro o izquierda, no se sintió tan incómodo en la Nueva Mayoría. A mí no me complica como militante de izquierda que el PC esté en la Nueva Mayoría, porque creo que algún ruido hizo allí. Sin duda, el partido se sentiría mucho más cómodo en un frente de izquierda, mucho más consolidado a nivel de profesionales, trabajadores  y estudiantes, pero pienso que al PC no le da confianza ese sector todavía. Conociendo el partido como lo conozco, porque soy de familia PC y pertenecí a las JJ.CC., creo que aunque le complica estar en la Nueva Mayoría, por esto de comer sapos, se siente cómodo haciendo esa política.

¿No le parece que el Partido Comunista ha desperdiciado un momento histórico al preferir aliarse con sectores que defienden el modelo en vez de conducir a la clase obrera para construir una alternativa al capitalismo en crisis?  

Pensamos que el desperdicio histórico lo vamos a entender cuando sea historia. Hoy en día no es historia, es coyuntura. Pienso que tenemos una relación muy fuerte con España, porque hemos repetido sus aciertos y los errores. España fue uno de los pocos países que sacó un frente popular con la Republica, y Chile también fue uno de los pocos que lo hizo. Sabemos lo que pasó en España y en Chile, lo que sucedió con el partido socialista español, el vuelco tremendo que se dio hacia la derecha más extrema, al igual que en Chile. Sin embargo, hoy aparece el Podemos en España, que tarde o temprano se terminará aliando con la Izquierda Unida. Es un fenómeno interesante, que también podría suceder en Chile. Que la izquierda se refundiera de nuevo en un gran frente de izquierda, y con sectores de centro, porque en este país la izquierda sola no ha dado pruebas de poder hacer los cambios que se necesitan. En consecuencia, no creo que sea un error del Partido Comunista. A todos nos gustaría que el partico no estuviera en la Nueva Mayoría, sin embargo, ese es un deseo, y los deseos no tienen que ver con la política.

El año 2006 y posteriormente el 2011 los estudiantes lideraron manifestaciones masivas para exigir educación gratis y de calidad, y en un momento incluso plantearon demandas como la nacionalización del cobre, de las empresas de servicios básicos y otras iniciativas que pudieron haber transformado ese movimiento en un proceso político de cambio estructural. ¿Por qué los trabajadores no tuvieron una participación activa en ese proceso?

Tal como señalé antes, pienso que nosotros estamos en deuda. No tenemos la capacidad todavía para salir de nuestras reivindicaciones, y cuando hablo de esto hablo del trabajo de base.  Cuando hicimos el paro de 2012, nos costó mucho convencer a los compañeros que pararan por algo que no fuera plata contante y sonante a fin de mes. Fue una pelea grande y lo logramos por el buen trabajo sindical que hicimos. Ese trabajo que nosotros hicimos, que fue muy desgastante, se tendría que replicar por cientos de miles, para que esto pudiera pasar de ser una lucha económica a una lucha política. Es complejo.

Pero los estudiantes en un minuto lo plantearon cambios estructurales.

Sí y me pareció muy interesante. Pero para lograr cambios estructurales hay que dejar de hacer discursos y panfletos. Hay que hacerlo carne, y ahí es muy diferente. Los estudiantes plantean cambios, pero de ahí a que vayan a los centros de trabajadores, de producción, que lo lleven como bandera, es otra cosa. Cualquiera puede levantarse, pararse arriba de una mesa y decir que hay que nacionalizar esto y aquello. Pero ponerle presas a la cazuela, eso es diferente.

¿Qué acciones concretas se debieran hacer para lograr impulsar los cambios estructurales?

A nivel sindical cada uno de nosotros tiene una postura, puesta por la vida y debiera dejar de lado algunas cosas políticas o personales y sacudirse un poco de esta guerrilla que ha venido ocurriendo dentro de los últimos 20 o 30 años. En nuestro sindicato tenemos una declaración de principios, además de los estatutos y el reglamento. En ella se plantea que hay que velar por los intereses de los trabajadores, de la clase, de los estudiantes, de los pobladores. Que el estado debe velar por la salud, educación, porque los recursos naturales no estén en manos privadas.  Tiene que haber una declaración de principios de la clase trabajadora, que no la hay. Sólo existen declaraciones políticas y personalismos. Necesitamos una declaración de principios que una a toda la clase trabajadora y diga esto es lo que queremos construir.

 

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