El año de la Rata y el Frente Amplio

Delfo Acosta

Da la impresión de que el Frente Amplio no estuviera enterado de que el capitalismo ha llegado a su fecha de fallecimiento: La tendencia es a su hundimiento final, por tanto, resulta insólito afirmar que al interior del capitalismo podemos avanzar en la emancipación de la sociedad, etérea como inverosímil la tesis de la profundización de la democracia. La superación de la democracia capitalista, no es más que capitulación ideológica y vaciamiento del pensamiento revolucionario. Se denominan anticapitalistas porque el gran capital los oprime pero son incapaces de asumir los intereses del proletariado; única forma de superar el capitalismo. La pequeña burguesía tiene más porvenir en una sociedad socialista que en el capitalismo contemporáneo.

El año de la Rata y el Frente Amplio

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”

Carlos Marx, “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”

Delfo Acosta

Para entender el nuevo ciclo político en nuestro país y la emergencia del “Frente Amplio”, es preciso entender ciertos elementos fundamentales a escala mundial, entender la raíz  principal de este nuevo ciclo, que evidentemente está en directa relación con la crisis económica gatillada en 2008, “el Año de la Rata”.

Ya van casi diez años de iniciada dicha crisis, que livianamente podríamos decir que es económica y financiera, pero a estas alturas y como se han desarrollado los acontecimientos mundiales, queda claro, que es una crisis sistémica estructural del modo de producción capitalista que abarca los ámbitos económico, ideológico, energético, ambiental, alimentario, geopolítico, jurídico y moral, entre otros. Estos hechos objetivos, nos muestran claramente el momento histórico que tenemos frente a nuestras narices, y su tendencia, como lo intuyen sus propios artífices. Asistimos al colapso final, queda en evidencia que ya no hay más espacio para continuar con el sistema capitalista.

Mientras tanto en Chile, en paralelo y a destiempo, la presidencia de Sebastián Piñera ya daba cuenta de la crisis, y el 2011 “Año del Conejo” se desatan un sin número de movilizaciones sociales, cuyo principal actor es el movimiento estudiantil. El pasto estaba seco y faltaba una chispa para que el nuevo ciclo comenzara a desatar vientos contrarios, en un panorama político donde abundan las sectas y un sinfín de grupos y grupúsculos, colectivos de todo tipo, de todas las marcas y para todos los gustos.

La debilidad ideológica del Partido Comunista, lo lleva a ingresar a la Nueva Mayoría. El PC no entiende el nuevo ciclo, y se aleja hacia posiciones oportunistas y conciliadoras, desaprovechando el momento histórico, dando respiro al moribundo sistema capitalista. Peor aún, de ser el defensor de los intereses de la clase obrera, pasó a ser parte de la administración y protector de los intereses del gran capital.

En medio de cierta orfandad y a falta de posiciones más de avanzada, la constitución del Frente Amplio, es sin duda una importante noticia. Sin embargo, en medio de la peor crisis del capitalismo, su declaración de “principios” y definición ideológica, es un desperdicio del momento histórico. Se compone de fuerzas tan dispares como distintas, y cada organización presenta de manera muy vanidosa y orgullosa su señorío.

La existencia en el seno del Frente Amplio de tal “diversidad de puntos de vista”, sobre cuestiones complejas, es en sí mismo un problema estratégico. La supuesta visión virtuosa referida al pluralismo del movimiento es algo más bien jactancioso, una amalgama de ideas dispersas. La presumida riqueza de diversidad y transversalidad, es más ficticia que real, y como la lucha de contrarios no perdona, la conquista de la hegemonía es condición indispensable y tarde o temprano habrá de manifestarse con mayor énfasis en tal o cuál posición, entre Silo, liberales, autónomos, o libertarios. Pretenden, como portadores de las “mejores ideas” y erguidos como representantes del “pueblo”, pueblo que en el siglo 21 es de un carácter pequeño burgués, resolver con la democracia y las buenas ideas los problemas de la nación. La ceguera de la soberbia les impide ver que no ha sido posible cambiar nada de lo que ha instalado la dictadura.

Pero la fuerza que principalmente se manifiesta orgánicamente al interior del Frente Amplio es el pensamiento pequeño burgués, eso no es ni ofensa ni descalificación, sino más bien, la realidad objetiva de cómo se constituye o dividen los estamentos de clase en nuestro país. Pensamiento que es la manifestación de un clásico y que se presenta en pleno siglo 21, fenómeno que se ha dado a lo largo de la lucha de los pueblos por emanciparse. Decía Marx en 18 Brumario, “El carácter de los socialdemócratas, consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos capital-trabajo, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía”, “transformaciones dentro del marco de la pequeña burguesía”.

Por tanto, no es de extrañar, que busquen la conciliación de clases, o que caigan en posturas de la más vulgar socialdemocracia, propuestas poco audaces. Esto conlleva demagogia y oportunismo, falsas expectativas, descartando a la clase trabajadora asalariada como agente de transformación social principal.

Nos podemos preguntar, hasta dónde quiere avanzar el progresismo del Frente Amplio, y lo que leemos, oímos o vemos, de boca de sus dirigentes, son soluciones que apelan a lo mismo que ya está en profunda crisis.

Se vislumbra al interior del Frente Amplio un discurso reducido a cuestiones técnicas, cargada de neologismos sociológicos, un aparente temor de ir demasiado lejos, y la poca audacia de tomar una senda que se aparte de la dirección y el camino por el que el capitalismo arrastra actualmente a la humanidad.

Ha de saber el Frente Amplio, que un cambio real dependerá exclusivamente de la lucha, es decir, del estado de las relaciones políticas de clase, trabajadores versus burguesía. La clase trabajadora como un elemento fundamental,  poner por delante la cuestión de la propiedad, entendida como posesión de los medios de producción, para decidir y actuar, para desde ahí construir ese “paradigma” que vislumbran como propuesta, expropiar a los expropiadores.

Muchos de los dirigentes del Frente Amplio saben que el funcionamiento de la sociedad está determinado por la economía, de cómo se produce y cómo se distribuyen los bienes de consumo, saben que en su proceso se genera un plusproducto, un plustrabajo y un plusvalor. Que los protagonistas directos son, por un lado, los que venden su fuerza de trabajo por un salario y, por el otro, los dueños de los medios de producción que tienen el capital para reproducirlo. Sus dirigentes también saben, que en nuestro país los generadores de plusvalía corresponden a menos de un tercio de la fuerza laboral y que los dueños del capital representan menos del uno por ciento.  El resto, la gran mayoría, nada entre estas dos aguas, se sostiene y depende de estas dos fuerzas para su trabajo, el cual genera valores de consumo pero no valores de cambio.

El sistema capitalista se sostiene exclusivamente en la producción de capitales a través del proceso de circulación del dinero. Ello solamente es factible produciendo mercancías que tengan esa doble cualidad, valor de uso y valor de cambio, que pueda ser consumida y como también pueda intercambiarse por otras mercancías. La clase obrera, los trabajadores asalariados, son los productores de dichas mercancías de doble valor. En cambio muchos otros trabajadores producen bienes que únicamente son usadas para su consumo y que no pueden usarse para cambiar por otros productos. Nos referimos a los peluqueros, abogados y un sinfín de profesiones catalogadas como servicios. Otros que su producción es tan pequeña o individual que no alcanza a producir excedente para transformarse en capital o competir con los grandes empresarios.

Hablamos de la llamada “clase media”, los mapuches, pequeños y microempresarios, vendedores ambulantes, pescadores artesanales, campesinos, estudiantes, empleados públicos, etc., o sea, la mayoría de nuestro pueblo, un estamento social ampliado durante la dictadura militar a consecuencia del desmantelamiento del sector industrial manufacturero del país e implantando una economía neoliberal extractivista y exportadora de materias primas. El Frente Amplio defiende los intereses inmediatos de la gran mayoría de nuestro pueblo, pero no es capaz de hacer lo mismo con sus intereses futuros. Para ello, deben asumir los intereses históricos de la clase obrera. De cualquier otra forma caen en el patético oportunismo pequeñoburgués.

Da la impresión de que el Frente Amplio no estuviera enterado de que el capitalismo ha llegado a su fecha de fallecimiento: La tendencia es a su hundimiento final, por tanto, resulta insólito afirmar que al interior del capitalismo podemos avanzar en la emancipación de la sociedad, etérea como inverosímil la tesis de la profundización de la democracia. La superación de la democracia capitalista, no es más que capitulación ideológica y vaciamiento del pensamiento revolucionario. Se denominan anticapitalistas porque el gran capital los oprime pero son incapaces de asumir los intereses del proletariado; única forma de superar el capitalismo. La pequeña burguesía tiene más porvenir en una sociedad socialista que en el capitalismo contemporáneo.

En esta circunstancia para que otro gallo rojo cante, la lucha por una salida revolucionaria, asume el significado por la supervivencia de la civilización humana, y qué mejor tiempo que desatar esa lucha, que en el año del “Gallo de Fuego”.

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