Egipto, Cuba y The Wall Street Journal

Arnaldo Hernández

En su edición del pasado 7 de febrero, The Wall Street Journal expresó su deseo de que en Cuba se produzca una explosión social como la que protagoniza el pueblo egipcio para eliminar al régimen de Hosni Mubarak. El editorialista manifestó con franqueza algo que no entiende: ¿por qué eso pasa en Egipto y no pasa en Cuba?

Egipto, Cuba y The Wall Street Journal

Arnaldo Hernández (Tomado de La isla desconocida)

En su edición del pasado 7 de febrero, The Wall Street Journal expresó su deseo de que en Cuba se produzca una explosión social como la que protagoniza el pueblo egipcio para eliminar al régimen de Hosni Mubarak. El editorialista manifestó con franqueza algo que no entiende: ¿por qué eso pasa en Egipto y no pasa en Cuba?

Hace 20 años, los directivos del periódico se hicieron una pregunta similar: ¿Por qué se desmoronó la URSS y se acabó el socialismo en Europa del este y no pasó lo mismo en Cuba?

La imagen de sobriedad y poder no puede ocultar lo que hay de fanatismo y odio.

Existe una cuestión clave, que choca con las convicciones de los dueños del periódico: ¿cómo es posible que un gobernante subordinado a los EEUU y apoyado por el poderío del imperio pueda ser eliminado por la voluntad popular? ¿Cómo es posible que las masas desafíen los intereses de EEUU?

La contrarrevolución que financia y dirige el gobierno de los EEUU está igual, sólo que con tanta ira, que llegan a decir que el pueblo cubano es cobarde y tonto.

Ese es el cuadro.

No queda más remedio que hacerse unas preguntas más allá de la reducida y esquemática lógica imperial:
¿Por qué los cubanos no se alzan contra la atención médica gratuita? ¿Cómo es posible que no se lancen a la calle para demandar el cobro por las vacunas que se ponen a todos los niños?

¿Por qué no protestan contra la educación gratuita? ¿Por qué no cobrar $15,000 USD anuales durante 5 años para tener un título de filología?

¿Por qué no demandan el cierre de las numerosas escuelas especiales gratuitas para niños discapacitados?
¿Por qué siguen admitiendo que miles de jóvenes de América Latina y Africa estudien medicina en Cuba y que miles de médicos cubanos contribuyan a la salud en decenas de países?

¿Por qué los cubanos no restablecen la dominación de los de EEUU? ¿Por qué no incluyen nuevamente en su Constitución el derecho del gobierno de los EEUU a ocupar militarmente su territorio, sembrarlo de bases militares como la de Guantánamo y apropiarse de Isla de Pinos, de 3,056 km2, parte integral de su territorio nacional?
¿Por qué los cubanos no demandan entregar sus riquezas nacionales y su economía a los monopolios norteamericanos?
¿Por qué el pueblo cubano no se levanta para reimplantar la explotación del hombre por el hombre y la discriminación contra la mujer y el “no-blanco”?

¿Por qué insisten en mantener la justicia social y la igualdad entre los seres humanos y no aceptan las desigualdades que se derivan del dinero que tienen los ricos y no tienen los trabajadores?

¿Por qué los cubanos no contribuyen con la corrección de los principios del derecho internacional y eliminan el respeto a la soberanía de los países y a la autodeterminación de los pueblos?

¿Por qué los cubanos no honran a esos personajes que nacieron en Cuba y son asalariados de una potencia extranjera, digo, del gobierno de los EEUU, en sus planes por derribar a la Revolución?

Son cosas que no se entienden bien en un mundo como el actual: ¡querer que los cubanos se alcen para establecer en su país situaciones como las que han dado lugar al alzamiento de los egipcios!

No puede ser cobarde ni tonto el pueblo de un pequeño país que ha resistido con éxito, durante más de 50 años, agresiones militares, terrorismo de Estado, ataques mediáticos, permanentes y a gran escala, más un bloqueo económico y ataques mediáticos permanentes, masivos y a gran escala del imperio más poderoso que haya existido jamás y de sus aliados.

El periódico del “Imperio de las altas finanzas”, como denominó el economista norteamericano Victor Perlo a los monopolios financieros de Wall Street en su libro a principios de los años 60, no puede entender el odio que suscita la dominación y la injerencia de Estados Unidos en los asuntos de otros pueblos, ni la explotación de las transnacionales norteamericanas sobre los trabajadores y las riquezas de otros países.

Los que tienen el dinero del mundo y creen que pueden comprarlo todo, incluso la conciencia y la idiotez de muchos e imponer su dominación, el egoísmo y el individualismo, no entienden estas cosas.

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