Discurso de la izquierda: ¿Pueblo sordo o izquierda muda?

Rafael Sandoval

Conceptos absolutamente asociados al discurso de izquierda como “pueblo”, “proletariado”, “clase obrera”, “revolución”, han sido tomados por el discurso hegemónico y resignificados. Desde ese momento, toda vez que la hegemonía de la derecha implica la prevalencia de su sentido común por sobre el de la izquierda, cada vez que hablamos de pueblo, no estamos evocando más al pueblo de la izquierda, sino al pueblo que la derecha ha construido a través de su discurso.

Discurso de la izquierda: ¿Pueblo sordo o izquierda muda?

Rafael Sandoval (Tomado de G80)
colaboración de Salvador Muñoz

Sin duda, el mayor triunfo de la derecha en chile no ha sido instalar a Piñera como presidente a través de elecciones democráticas, sino que instalar en Chile un discurso hegemónico y su respectivo sentido común, que hoy tiene a la izquierda arrinconada, alejada de los sectores populares, y enfrascada en una estéril disputa de espacios de poder simbólicos pero sin influencia.

El discurso hegemónico ha logrado impedir que las reivindicaciones que la izquierda enarbola sean recibidas por quienes supuestamente se benefician por esas luchas. Ello mediante dos importantes procesos: la individualización del sujeto y el secuestro del lenguaje.

Respecto del primer punto, no es difícil darse cuenta que el sentido común imperante en la actualidad apunta hacia la exaltación del individuo y la renegación de la sociedad. Se nos da a entender que es el esfuerzo individual, alejado de lo colectivo, lo que finalmente nos permite satisfacer nuestras necesidades y que –a su vez- esas necesidades también son individuales o, a lo más, implican a la familia nuclear.

Conceptos como “emprendimiento” y “esfuerzo personal”, son instalados desde el discurso hegemónico mediante su difusión a través de los medios de comunicación y el sistema educacional. No es menor que hoy la ingeniería comercial sea una carrera tan apetecida por los futuros profesionales.

El segundo proceso es, sin embargo, el más importante, pues es el que permite que el discurso hegemónico se pueda desenvolver sin una articulación que le oponga resistencia. El secuestro del lenguaje ha permitido a la derecha durante los últimos 20 años evitar todo contacto entre las reivindicaciones asociadas al socialismo y al comunitarismo y “el pueblo”.

Es recurrente encontrar en las explicaciones de la poca adhesión que la izquierda tiene –electoralmente y en el mundo popular- la falta de educación, la carencia de medios de comunicación e incluso el no poder acceder al parlamento con las demandas de la izquierda.

Siendo ciertas todas esas circunstancias, cabe preguntarse si con una mejor educación, con medios de comunicación de izquierda e incluso con parlamentarios, el discurso de la izquierda sería capaz de penetrar la barrera ideológica que ha protegido a la derecha.

Es decir,preguntarse si ¿ es el pueblo el que ha estado sordo?

Al parecer, lo que ha ocurrido es más bien que la izquierda ha quedado muda. Y ello no significa que no tenga nada que decir, el problema radica en que no tiene cómo decirlo; o más bién, precisamente en cómo lo dice.

Conceptos absolutamente asociados al discurso de izquierda como “pueblo”, “proletariado”, “clase obrera”, “revolución”, han sido tomados por el discurso hegemónico y resignificados. Desde ese momento, toda vez que la hegemonía de la derecha implica la prevalencia de su sentido común por sobre el de la izquierda, cada vez que hablamos de pueblo, no estamos evocando más al pueblo de la izquierda, sino al pueblo que la derecha ha construido a través de su discurso.

La estrategia de la derecha no ha sido el negar los conceptos de la izquierda, sino que resignificarlos y dotarlos de una carga negativa en el contexto de su hegemonía. Es decir, no es que el pueblo no exista, es que el pueblo es algo negativo.

¿Qué efectos ha tenido esto? Pues que la izquierda ya no puede hablar más de “su” pueblo, pues el significante pueblo, tiene un significado que no permite establecer el vínculo afectivo entre el discurso y el interpelado, sino que es rechazado.

Este “secuestro del lenguaje” no se reduce sólo a las palabras; también ha sido secuestrado el lenguaje simbólico de la izquierda. Sus colores, su estética, sus expresiones culturales han sido resignificadas como expresión de algo antiguo, anacrónico, símbolos que atentan contra los valores hegemónicos del emprendimiento y esfuerzo personal.

Así, el discurso hegemónico no sólo resignifica a los elementos del discurso de izquierda, sino que al discurso mismo, es decir, no es lo que dice la izquierda sino que la izquierda misma la que en el imaginario instalado por la derecha significa lo que dicho discurso señala.

Con una izquierda entrabada en la estéril discusión acerca de qué es o quién es de izquierda y quién no, nos vemos enfrentados a la difícil misión de la (re)construcción de un discurso capaz de articular los intereses necesarios para crear una nueva hegemonía. Esa parece ser la tarea fundamental de las izquierdas chilena actual.

¿Cómo construir un discurso si el lenguaje asociado a la idea ha sido cooptado por la derecha?

A este respecto, surgen 3 posibilidades: 1. Recuperar el lenguaje: luchar por la recuperación de los conceptos de la izquierda y su significado; 2. Crear un nuevo lenguaje: salir a la búsqueda de nuevos conceptos que permitan construir y articular un nuevo discurso; y 3. Acudir a la  estrategia hegemonizante de la derecha: tomar los conceptos propios de este discurso y resignificarlos, darles un contenido discursivo que evoque los elementos ideológicos identificables de la izquierda.

1. Recuperación del lenguaje: esta estrategia tendría como objetivo restablecer el significado “original” del discurso de la izquierda. Recuperar el lenguaje significa recuperar el discurso en sí mismo, pues permitiría dotar de un contenido de izquierda nuevamente a esas palabras, símbolos y expresiones culturales que han sido resignificadas por la derecha. Pero esta recuperación no busca una nueva resignificación, sino que invertir la resignificación hegemónica de la derecha, para recomponer la existente previamente al “secuestro hegemónico”.

Esta estrategia tiene 2 problemas: en primer lugar, para lograr esa recuperación, no basta con ir al rescate del lenguaje. El lenguaje de la izquierda esta cooptado por una hegemonía, por lo que para recuperarlo, se requiere articular un discurso hegemónico que puede enfrentarse al ya existente; el problema es, entonces, desarrollar un discurso hegemónico con significantes que significan, bajo la lógica actual del orden social, situaciones o acciones no deseadas por el individuo. Es decir, aunque la izquierda logre volver a usar cómodamente el lenguaje en cuestión, mientras no se establezca una hegemonía de la izquierda, el uso de esos significantes será con el significado que el actual orden les confiere.

El segundo problema, que se aleja de la línea de este trabajo pero que no por eso es menos importante, es que el recuperar ese discurso, de ser posible, sólo implica volver a un punto del desarrollo de la izquierda que no necesariamente permitiría sostenerlo como hegemónico, pues él desconoce una serie de acontecimientos y elaboraciones sociales posteriores al momento en que fue secuestrado dicho lenguaje. Además, no es del todo claro que sea lo deseado volver a ese punto del discurso. Todo discurso se construye y a la vez transforma y destruye. Es ilógico pensar que el discurso hegemónico de los años 70 se mantendría incólume en la actualidad. Reivindicaciones como el feminismo, el regionalismo o el ecologismo, no se encontraban incorporadas al discurso de la izquierda en esa etapa. Incluso sectores sociales como la clase media no tenían cabida en él.

1. Crear un nuevo lenguaje: esta tarea es definitivamente muy compleja, puesto que implica la elaboración de una nueva terminología que permita construir el discurso hegemónico de la izquierda, pero también implica la renuncia al lenguaje utilizado con anterioridad.

Pero esta estrategia tampoco parece ser completamente oportuna. De lograrse establecer un nuevo lenguaje con un significado que implique los elementos identificables de la ideología de la izquierda, se tendría como particularidad positiva el hecho de no contar con una resignificación de la derecha de dichos conceptos, es decir, en ese momento el lenguaje construido evocará –o al menos permitirá la posibilidad de evocar – los elementos y características del discurso de la izquierda.

Por otro lado, será completamente desconocido para los eventuales interpelados con el discurso. Aquí entra en juego efectivamente la carencia de medios de comunicación y la existencia de un sistema de educación diseñado y controlado por el discurso hegemónico de la derecha. Difícilmente podría comunicarse masivamente el discurso constituido por los nuevos conceptos. Esto no lo hace inviable, sólo demuestra la extrema dificultad de la tarea.

1. Acudir a la estrategia hegemonizante de la derecha: ya hemos visto que recuperar el lenguaje resulta dificultoso y no necesariamente útil, y crear uno nuevo presenta dificultades para la articulación de un discurso de izquierda capaz de erigirse como hegemónico. Pero existe esta tercera alternativa, que es acudir a la misma utilizada por la derecha.

Es decir, la resignificación de conceptos afines al discurso hegemónico.

La estrategia de la derecha ha sido doblemente hábil: por un lado, ha resignificado el lenguaje de la izquierda, dotándolo de una representación negativa, no deseable. Por el otro, ha disfrazado el propio lenguaje como algo “neutro”, sin ideología.

Esto, que representa el secuestro del lenguaje de la izquierda y la implantación del sentido común dominante en la actualidad es, también, la ventana que ha quedado abierta en el discurso hegemónico para que la izquierda reconstruya su discurso.

La existencia de conceptos que han sido planteados como neutros, nos permite la utilización de los mismos para emprender una resignificación de ellos. Hay una serie de términos altamente evocativos del discurso hegemónico que actúan como si no estuviesen adscritos a dicha ideología.

Así, hacernos de ellos nos permitiría interpelar con un lenguaje conocido y no temido por los interpelados, pero esta vez dotado de elementos que emergen desde la izquierda.

Pero que quede claro: hacerse de esos conceptos implica sólo apropiarse de la exterioridad, del cascarón que los envuelve. Debemos tener la capacidad de extraer de ellos su contenido hegemónico y resignificarlos, dotarlos de un sustrato ideológico afín al ideal de la izquierda. No se trata de que la izquierda acepte los términos establecidos por la derecha en su discurso hegemónico y que desplace el territorio de sus luchas al ámbito determinado por dicha ideología. Se trata, más bien, de recurrir a significantes que se encuentras camuflados bajo un halo de “neutralidad” y mediante ellos perforar, mellar el discurso hegemónico; abrir una grieta en la construcción ideológica de la derecha para filtrar los elementos ideológicos de la izquierda.

Si logramos resignificar algunos de los conceptos “neutros” del discurso de la derecha, de llenarlos de significado de izquierda, la derecha verá amenazado su discurso hegemónico, ya que los significantes funcionales a su ideología ya no estarán asociados a los significados que le dan sustento; ante esto, tendrá dos alternativas ante esta irrupción de la izquierda que viene a alterar su hegemonía, pero ninguna de ellas logra evitar la irrupción del discurso de izquierda.

En primer lugar, la derecha puede apostar a seguir sosteniendo la “neutralidad” del concepto; con ello, deja las puertas abiertas para que la estrategia de la izquierda siga adelante.

Por otro lado, puede tomar una actitud activa y evitar la irrupción del discurso de la izquierda que se ha articulado con los significantes de su propio discurso. Ello implicaría reelaborar su propio discurso y dejar libre un espacio en el plano de las luchas políticas para que el discurso de la izquierda se erija como protagonista antagónico. Ello, porque esa reelaboración implica, por un lado, rearticular su propio discurso y, por otro, rechazar la nueva significación que tienen los conceptos del discurso agrietado, toda vez que ahora –ya resignificados por la izquierda- evocan elementos distintivos de la ideología de la izquierda y, por tanto, ya no son funcionales a la hegemonía de la derecha por lo que deben ser abandonados o recuperados.

Sea cual sea la alternativa de reacción a la irrupción de la izquierda, el efecto positivo para la izquierda es que se abre nuevamente la disputa por la hegemonía: se instalan nuevamente discursos en posición antagónica que pueden interpelar a los sujetos y acceder al poder. Es entonces tarea de las izquierdas lograr la articulación de un discurso que sea capaz de constituirse en hegemónico, tarea que va más allá de la sola elaboración de una estrategia de la recuperación del habla en la izquierda.

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