“Con el uso y en las crisis, cualquier tipo de hilo está expuesto a cortarse. Cuando esto ocurre, seguramente el punto exacto en el que se fracciona es aquel donde era menos denso, menos fuerte, es decir, donde era más delgado, más fino y, claro está, menos resistente.”

Camelia Rodrigo

El día en que hombres y mujeres trabajadores comprendan su alianza, y las estrategias de un sistema perverso, podrán trabajar por la libertad de la humanidad toda, hasta lograr la anhelada transformación social radical y las nuevas formas de reproducir la vida sin explotación. Creando nuevos modos de relaciones, que superen el castrador modelo de familia y sus formas de amor impuesto, donde el trabajo doméstico sea social, independiente del género. Y la única forma será colectivamente.

 

“Con el uso y en las crisis, cualquier tipo de hilo está expuesto a cortarse. Cuando esto ocurre, seguramente el punto exacto en el que se fracciona es aquel donde era menos denso, menos fuerte, es decir, donde era más delgado, más fino y, claro está, menos resistente.”

“El grado de la emancipación de la mujer constituye la medida natural de la emancipación general

Marx

Las mujeres hoy

Camelia Rodrigo

Una fantasma recorre el mundo: la fantasma del feminismo. Pero esta fantasma, aunque potente aún está en ciernes, es difusa, multicéfala e impensada, porque una historia larga de enajenación nos inunda. Una historia ya tan naturalizada y normalizada, que debemos comenzar a desentrañar todo su andamiaje mitológico para reescribir la historia de esta infamia.

 

El origen de nuestra desgracia no viene de la envidia del pene, ni de la costilla de Adán. Tampoco del aprecio por la serpiente y la manzana, ni de la supuesta inferioridad física o intelectual con que se nos califica entre muchas e infinitas etiquetas patriarcales. El origen es mucho más siniestro, y la desgracia mucho más extensiva que solo a nuestro genero. El sistema capitalista (explotación del hombre por el hombre) obtiene valor de la fuerza del trabajo humano.

La mujer no solo debe recrear mano de obra barata, siendo su cuerpo su primera y principal forma de apropiación violenta; sino además cargar con haber sido relegada paulatina y silenciosamente al rol de reproductora de todo el sistema de mantenimiento de este monstruo que privilegia solo a unos pocos poderosos, a través de la educación, la crianza de los hijos, la alimentación, y todos los periplos esenciales para que el hombre trabajador, con el cual realiza un contrato de vida, pueda salir sin mayores complicaciones a ser explotado diariamente, conseguir un salario que empleará en domesticar a su familia, para seguir así, perpetuando el mismo patrón.

Pero todo ese trabajo que realiza la mujer no solo es invisible, sino que además es gratuito y esclavizante. Genera dependencia, desigualdad y violencia, y como si eso fuera poco, es fatídicamente enmascarado de amor, de amor de madre, de amor de pareja, de sustento de familia, “pilar esencial de la sociedad”, pero de la sociedad burguesa. Núcleo nutricio y necesario para cultivar toda la explotación capitalista.

Una vez que la mujer se incorpora al mundo del trabajo asalariado, por necesidades propias también del sistema, ésta, no disminuye ni comparte su trabajo reproductor y pasa a ser doblemente explotada. Por eso, y a pesar de que esa reproducción conlleva toda la carga cultural asociada, no será extraño que ella sea quien inicie el movimiento emancipador. Por aquí va lo del hilo débil. Porque además tenemos registro en nuestra memoria histórica de comienzos del siglo XX, cuando las mujeres de las salitreras encabezaron grandes movilizaciones obreras a través de la llamada huelga de las cocinas apagadas, obligando así a sus maridos a luchar por sus demandas.

En esto conspiran además, la iglesia, otro monolito que cae a la par, en medio de una pública decadencia moral, sin precedentes. La entidad que domina gran parte del sector educativo, los medios de comunicación de masas sin excepción, el mercado como nuevo culto y la descomposición de los valores y afectos humanos.

Es cualidad del capitalismo hacer negocio de nuestras crisis. Con el oportunismo de siempre, lucrar con sus contradicciones, la ecología, los inmigrantes, la diversidad sexual. Aspirará a tomar una vez más el conflicto de la lucha de las mujeres para escenificarlo, hacerlo digerible y blanquearlo. Propondrá reformas nimias para que nada cambie de verdad. Asquea la forma en que la derecha ha enfrentado con sus propuestas de agenda de género las demandas del conflicto, demostrando más que una incapacidad, una contradicción inherente.

Este movimiento ha producido a su vez, que desde los inicios de esta nueva “oleada feminista” hace un par de años, según cifras de la coordinadora NiUnaMenos, los femicidios hayan ido en aumento y con mayores índices de bestialidad y violencia. Y es que las exigencias de las mujeres, crean a su vez una crisis de masculinidad, donde también sus roles y su situación de privilegio se ven cuestionados generando reacciones desesperadas ante la posibilidad de perder a quienes son consideradas como objeto de propiedad, donde además vemos a la libertad produciendo miedo.

La supuesta obviedad de que todo revolucionario era feminista, ha quedado desmoronada en la historia y en la actualidad. El tema ha sido considerado por la izquierda tradicional como una contradicción secundaria. Del machismo no estamos del todo libres ni hombres ni mujeres, y urge el hacernos cargo, como dicen las chicas, el ahora es cuando.

El día en que hombres y mujeres trabajadores comprendan su alianza, y las estrategias de un sistema perverso, podrán trabajar por la libertad de la humanidad toda, hasta lograr la anhelada transformación social radical y las nuevas formas de reproducir la vida sin explotación. Creando nuevos modos de relaciones, que superen el castrador modelo de familia y sus formas de amor impuesto, donde el trabajo doméstico sea social, independiente del género. Y la única forma será colectivamente.

Las estudiantes hoy, han comenzado por demandar educación no sexista, terminar con los abusos, discriminación y violencia, legislar sobre la igualdad salarial, es un comienzo y lo sabemos. ¿Podrá terminar esta oleada en tibias reformas o podrá generar un vuelco social que nos permita revisar otras formas de entender el mundo? Si pensamos que la violencia es ejercida no solo de modo individual, sino también por el estado, la propiedad privada y el capital, necesariamente llegaremos a la idea de revolución.

Debemos lograr, y eso es tarea de todos, la trascendencia de la discusión de los espacios estudiantiles. La organización deberá darse en cada base, en los lugares de trabajo, en la calle, en el almacén de la esquina, en la micro, en las redes sociales, y por supuesto, como dijeran nuestras compañeras en los 80, en la casa y en la cama.

 

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