Comerse las semillas no da cosechas

Elsa Claro

(…) El conjunto de estados adscritos a la UE que tienen un alto déficit público emplearon 3,7 billones de euros en ayudas a los bancos. No había dinero del Estado para crear puestos de trabajo o invertir en sanidad pero se encontró un gran botín, sacado de salarios y del fisco, para rescatar a los irresponsables financistas. Resulta terrible advertir que todavía no se dieron cuenta de que ese camino no lleva a ningún paraíso.


Comerse las semillas no da cosechas

Elsa Claro (Tomado de Cubadebate)

Si los 700 000 millones de dólares originales empleados para ayudar a los financistas se hubieran usado en la creación de bancos públicos, estarían resueltos los problemas de crédito en Estados Unidos, aseguró el Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Pero sucede que lejos de favorecer la recuperación del país, utilizaron esos fondos para seguir especulando e incrementar los salarios y bonos de sus directivos con cifras increíbles.

La idea no es novicia. En North Dakota existe un Banco Estatal desde hace 90 años, con capital formado a partir de impuestos y aranceles propios de ese Estado, uno de los más solventes en este momento. Se recordará el menoscabo sufrido por otros, como California, donde se llegó a extremos como emitir bonos en lugar de dinero, aparte de cerrar hospitales, escuelas o museos, en una parte del territorio norteamericano con capacidad productiva y financiera superior a la de muchos países.

En el reglamento interno del citado banco, se prohíben las actividades especulativas de forma expresa, por eso no están entre aquellos que adquirieron hipotecas basura, causantes de la burbuja inmobiliaria y su posterior estallido. Recientemente los parlamentos de Vermont, Virginia, Michigan y Washington State, proponen establecer también entidades de este tipo con reglas parecidas. Solo eso no les sacará de la mala coyuntura, pero puede ayudar, sobre todo si acaban de establecerse a escala federal los mecanismos de vigilancia y regulación requeridos y, mejor aún, si como aconsejan los expertos, el sobredimensionado sector financiero mundial se reduce. Hace apenas días, en EE.UU., el senado adoptó una enmienda destinada a que el banco central o Reserva Federal diga “los nombres de los beneficiarios de dos billones (millón de millones) de dólares” facilitados por el Estado para superar la crisis. Con esa cantidad, ¿cuánto pudo haberse hecho por los simples mortales estadounidenses?

DE WASHINGTON A BRUSELAS

La enésima ola de pánico -real o ficticia, difícil asegurarlo- agitó los mercados financieros y dejó en caída libre a las bolsas y a la cotización de la moneda única europea, debido a la desconfianza sobre la recuperación de la zona euro a pesar del plan de rescate aprobado para Grecia por los ministros de finanzas del Pacto Comunitario apenas una semana antes.

Los acontecimientos se precipitaron en corto lapso. Primero la UE concluyó aceptando un préstamo para Atenas, comprometida a aplicar medidas muy duras: elevar los impuestos y recortar el gasto público para bajar el déficit del 13,6% del PIB al 2,6% en el 2014. El gobierno heleno prometió además liberalizar su mercado laboral (facilitar los despidos) y abrir a la competencia sectores protegidos de la economía (nuevas privatizaciones). Aun así, el rescate de 146 500 millones de dólares a cargo de la UE y el FMI no garantiza que los ajustes van a reactivar la economía. Los entendidos afirman que lejos de darle impulso a la que produce bienes materiales, esa rebaja de salarios y pensiones o del gasto público provocará mayor recesión, aparte de lo injusto de socializar las pérdidas, dejando a salvo a quienes las generaron.

Una contracción fiscal como la que se le reclama a Grecia, “aun si fuera políticamente factible, empeoraría, al menos en el corto plazo, la recesión”, estimó Nouriel Roubini, conocido por sus acertados pronósticos sobre la actual crisis financiera mundial. “En medio de una recesión -dijo por su parte el profesor de la Universidad de Londres, Costas Lapavitsas-, el gobierno griego es forzado a cortar el gasto público”, lo que llevará a “una caída del 5% de la economía este año” y las tasas de desempleo al 20%.

El apretón, profundizado por el FMI, consiste en bajar los salarios de los empleados públicos en un 16% y congelar por 3 años los del sector privado. El impuesto sobre el valor agregado (IVA) se incrementa en 3 ó 4 puntos por encima del 21% actual y hace un aumento del 10% en el precio de diferentes artículos de consumo.

Dejemos anotadas circunstancias peculiares. Grecia es un país pequeño, pese a lo cual ocupaba el cuarto lugar entre los mayores compradores de armas, por detrás de naciones enormes como China e India, o petroleros ricos (Emiratos Árabes Unidos). Decidieron reducir los montos, pero apenas de 3 160 millones de euros en 2009 a 2 720 millones este año.

Otra realidad parece encontrarse en lo dicho por varios analistas sobre la índole real del salvamento, pues resulta que mientras las autoridades anunciaban la bancarrota, el gobierno estaba rescatando a la banca que, aunque nacional, está controlada por sus similares alemanes y franceses. Luego el reembolso, en la práctica, es para los acreedores. Sobre el resultado a sufrir por la población está el antecedente de similares políticas de austeridad impuestas antes a Lituania, donde causaron una reducción del 25% en su PIB, superior al sufrido por EE. UU. durante la Gran Depresión. Los préstamos exteriores y los ajustes internos se estructuran buscando salvar al capitalismo privado a costa de las sociedades y amenazan la gobernabilidad política, obviamente.

Mientras en Portugal, donde el trasfondo es peor al griego, según la OCDE, ocurrían las primeras manifestaciones populares, el inopinado anuncio del gobierno español, sacando de la manga un paquete parecido al heleno, sorprendió algo, aun cuando se vaticinaba que tanto Madrid como Lisboa y Dublín, quizás Roma también, serían las próximas víctimas.

El tajazo ibérico en busca de ahorrar 15 000 millones de euros y situar el déficit del 11,2% actual en 6% para el año que viene, achica en 5% este año el salario de unos dos millones y medio de trabajadores del sector público, en tanto seis millones de jubilados tendrán menor poder adquisitivo también. Se elimina la asignación creada para estimular los deprimidos niveles demográficos del país y se anulan fondos para infraestructuras que habrían creado empleos. Hubo protestas y se anuncian otras. Tampoco en este caso se le pasa factura a los responsables del descalabro: la banca, los fondos especulativos o las compañías de seguros, pese a que los técnicos aseguran que el problema de España no es de deuda pública sino en la privada.

Hay 4,6 millones de españoles sin trabajo y la cifra pudiera crecer, pero no afectan el presupuesto militar (de 18 160 millones de euros para 2010, aparte de 400 millones destinados a Afganistán y cantidad similar a causas parecidas). Ni se reciente lo destinado a la financiación oficial de la Iglesia católica (7 000 millones de euros) ni de la Casa Real (8 896 920 euros), apuntan analistas hispanos muy molestos. Pese a todo, el Partido Popular cree pobre el paquetazo y sugiere retornar a lo hecho en los 90, en tiempos de Aznar.

Experimentados economistas sugieren que la salida verdadera de la crisis no depende del rescate de uno o varios países sino de la reestructuración de la Unión Europea y de resortes nocivos igualmente, al otro lado del Atlántico, donde surgió y actúa maléfico el expandido problema.

Se habla del destino del euro, pero sería oportuno referirse al futuro de quienes sustentan esa moneda y también el de aquellos con otra incluso, porque la siempre poderosa libra esterlina también perdió valor y no fue capaz por sí misma de evitar que el Reino Unido tenga un déficit del 14%, superior incluso al de España.

El enfoque en boga no mira hacia los síntomas perniciosos del modelo neoliberal o a la falta de coherencia de una política monetaria con una divisa común pero sin los adecuados soportes. Por eso se ponen parches. No otra cosa es, pese a su elevado monto, la creación del fondo ascendente a 750 000 millones de euros aprobado por la UE con apoyo del FMI, destinado a socorrer a las naciones azotadas por los mercados y en dificultades para obtener dinero a tasas asequibles. ¿No sería preferible regular esos mercados díscolos capaces de traficar hasta con su sombra? El conjunto de estados adscritos a la UE que tienen un alto déficit público emplearon 3,7 billones de euros en ayudas a los bancos. No había dinero del Estado para crear puestos de trabajo o invertir en sanidad pero se encontró un gran botín, sacado de salarios y del fisco, para rescatar a los irresponsables financistas. Resulta terrible advertir que todavía no se dieron cuenta de que ese camino no lleva a ningún paraíso.

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