Baches en la ruta

Mario Sobarzo

Así las cosas, el tema es que el conflicto educacional no tiene solución. Cualquier cosa que el Gobierno haga, da lo mismo, pues no puede responder a lo que la sociedad está pidiendo (crisis de operatividad). Por ello este conflicto se va a seguir extendiendo. Más aún, si hay recesión mundial. Lenin hablaba de la chispa que incendió la pradera. Cuando el pasto está seco, prende hasta con agua, se dice en Chile. Es momento de oír esta sabiduría popular.

Baches en la ruta[1]

Mario Sobarzo

Quiero partir señalando que el contexto actual ha avanzado más rápido en estos cuatro meses y destruido más prejuicios, que el sistema neoliberal se había encargado de naturalizar, que en la suma de los 5 años anteriores. Haber logrado quebrar la legitimidad de un sistema que tiene el control total sobre los medios de comunicación, centros de poder y productivos, think tanks y centros de estudio, no es cosa fácil. Hace ya algunos años vengo sosteniendo que el sistema padece una triple crisis política: legitimidad, representatividad y operatividad[2]. Esto que hoy parece obvio no lo es en ningún caso y no implica sólo una decadencia del sistema, sino una capacidad desplegada por las fuerzas sociales vivas y movilizadas. Esta capacidad incluye una combinación de aprendizajes colectivos, modos de ejercer el poder (asamblea, vocerías, rotación en los cargos, crítica constante al verticalismo, etc.), unido a una estrategia comunicativa muy eficaz[3]. A pesar de ello la situación ha tornado en un virtual status quo, y remarco el virtual pues aunque parece insoluble, los procesos siguen su ciclo ascendente en el caso del movimiento social y descendente en el poder establecido.

Detengámonos en las dos noticias que copan la agenda del ministerio del interior por estos días. No lo hago porque considere que estas son LAS noticias más relevantes, sino porque me parecen buenos síntomas de la crisis a la que ha llegado el sistema en el momento actual. La primera es el sobreseimiento definitivo a los implicados en el caso bombas. A esta altura el ministerio del interior sigue sumando horas de montajes. La segunda es la propuesta de ley anti tomas, un despropósito mayúsculo.

Sabemos bien que la derecha no tiene fuerza para pasar la ley maldita de Hinzpeter, pues necesitaría el apoyo de una Democracia Cristiana que está al borde del quiebre, ni que decir del resto de los partidos. Por lo que surge la pregunta: ¿qué pretendía ganar el gobierno con ella? Algunos creen que es para dejar tranquila a la derecha más dura (estilo Labbé), pero es un costo alto para aumentar tan poco que terminas gobernando con armas ajenas[4]. En este sentido el verdadero peligro para Piñera está más en sus aliados que en un movimiento social aún inorgánico. Como digo es bueno que el Gobierno se haga zancadillas solo, como ha sido la tónica durante todas las movilizaciones. La otra opción para interpretar tan mala decisión es el intento de quebrar la mesa que tanto le costó levantar. Algo que le puede entregar tiempo en la espera de un desgaste de las movilizaciones, pero en ningún caso le permitirá seguir avanzando en su proyecto de gobierno.

Por otra parte, el movimiento social tiene un objetivo súper claro: construir poder constituyente[5]. Por eso no es tan sencillo como decir démosle más plata o mejoremos la calidad educativa, como quiere el gobierno. El movimiento social ha aprendido que un poder constituyente capaz de construir soberanía, pasa por instalar la sgte. premisa: queremos control sobre nuestro sistema educativo, para poder ser libres en nuestras vidas. Pienso que esto es novedosísimo para las lógicas tradicionales chilenas de los partidos institucionales (e institucionalistas), que quieren ganar mayores cuotas de poder en un sistema cerrado, pero no les importa el Chile que queda en los extramuros de Sanhattan.

Tuve pesadillas durante mucho tiempo con la película de Shyamalan, La Aldea. Nunca había visto tan bien representado este país anquilosado, construido por una especie de puritanos en estado de shock.

Para quienes no conocen la película, una pequeña síntesis. En ella, una casta de ancianos (en la actualidad de la película) ha construido su sociedad ideal sobre un pasado que ellos mismos no vivieron, pero que anhelan. Los ancianos han logrado mantener el orden entre los jóvenes, sólo en base al miedo infantil a los monstruos (es decir, muy ancestral), que se despiertan y salen de sus madrigueras cada vez que aparece algo de color rojo y en que el color que los protege es el amarillo… Hacia el final nos enteramos que todos aquellos ancianos, en su juventud, se conocieron en un centro de recuperación para traumas por crímenes de sangre con daño a algún pariente o persona cercana. Justamente, para evitar que eso volviera a suceder, deciden encerrarse en un sector aislado por medio de esos monstruos, que son ellos mismos, pero disfrazados.

Causa horror cinematográfico ver una sociedad en que una casta de ancianos se reproduce a sí misma. Sin embargo, hasta hace poco parecía razonable hacerlo en una democracia levantada a partir de operadores de la más diversa laya, caracterizados por la obsecuencia más brutal con un sistema que tampoco “compartían”, pero al que por defecto se adecuaban. Un sistema político rodeado por el miedo al contacto con un mundo que cambia. Un lugar en que la máxima transgresión juvenil hasta hace poco era pararse de espaldas a los monstruos de fantasía que sus padres actuaban para ellos, en vez de partir a cortarles la cabeza. Y lo más terrible, la casta dominante, enferma del miedo a su propio pasado, a todos y todas, le quitaba la energía a la juventud intentando volverla dócil mediante el consumo, las deudas o la violencia normalizada.

¿Hace falta imaginar los rostros para pensar que la historia da para tragedia?

Sin embargo, esta pesadilla duró hasta la última elección. Sin quererlo la derecha nos estaba liberando de los miedos de nuestros ancianos próceres. Las nuevas generaciones no le tenían miedo al cambio derechista, habían aprendido en los años oscuros de la Concertación a organizarse entre ellos autónomamente, autogestionariamente y horizontalmente, limitando, gracias a ello, la cooptación. Esto implicó una implosión constante del sistema político que ganaba en conocimiento de la realidad (sus centros de estudio eran capaces de generar encuestas para resolver casi cualquier duda), pero perdía en comprensión de ella[6]. Debido a esto, los jóvenes empezaron a caminar solos. Así de sencillo. Se fueron. Abandonaron. Desertaron de ese país de ancianitos en shock. Dejaron de temerle al monstruo del parte, del castigo, de la expulsión o de la muerte…

Pero, al no tener referencias en el pasado están obligados a aprender de sí mismos. Lo han venido haciendo desde el 2001, cuando cambiaron las estrategias de conflicto con el poder, en el mochilazo. El 2006 este nuevo sujeto social vivió un éxito y una derrota. Ganó, pues acumuló formas de acción, estableció estrategias de largo plazo, (re)aprendió el uso de la calle, etc. Sin embargo, también perdió, pues el poder lo desarticuló, reprimió, expulsó, aisló, cooptó, etc. y finalmente pasó la LGE que aprobó con las manos en alto desde la UDI hasta el PS, Bachelet mediante.

Pero, el 2011 ninguna de sus estrategias ha funcionado hasta ahora. Labbé lo señaló: estos tipos leen Rancière y están buscando el disenso o desacuerdo[7]. Muchos lo trataron de estúpido, burro, bestia, etc. por sus dichos, pero no lo era para nada. Estaba evidenciando la única forma en que el poder sabe responder ante el disenso: haciendo uso del garrote. Por ello creo que en el momento actual el poder está decidiendo hacer uso de los límites legales y eso es lo que representa la ley maldita de Hinzpeter. Esto para cualquier analista político debiera resultar peligroso, pues su base de sustentación es la constitución de Pinochet-Lagos, por lo que la estrategia puede terminar fagocitándose a sí misma. Mientras, en el otro frente, las asambleas, las movilizaciones, las coordinaciones siguen creciendo y van ganando fuerza y generando nueva conciencia.

Por supuesto esto no significa que todo vaya viento en popa. El propio movimiento social por la educación se encuentra con un conflicto: no es capaz de afectar el aparato productivo. Por ello sus medidas de presión en las negociaciones son muy limitadas. Pero, hasta eso está cambiando.

Así las cosas, el tema es que el conflicto educacional no tiene solución. Cualquier cosa que el Gobierno haga, da lo mismo, pues no puede responder a lo que la sociedad está pidiendo (crisis de operatividad). Por ello este conflicto se va a seguir extendiendo. Más aún, si hay recesión mundial. Lenin hablaba de la chispa que incendió la pradera. Cuando el pasto está seco, prende hasta con agua, se dice en Chile. Es momento de oír esta sabiduría popular.

Sin embargo, hay problemas graves aún: las redes de coordinación son muy incipientes y aún no logran romper completamente la tendencia a la fragmentación infantil (en el sentido de no estar basadas en discrepancias de fondo, sino en percepciones, opiniones o peleas puramente personales) y a la desconfianza entre grupos políticos. El futuro del movimiento hoy depende de resolver esto. Pero también de romper el status quo en su interior mostrando que las estrategias negociadoras no pueden resolver un problema en que se enfrentan dos visiones antagónicas de la sociedad.

Para finalizar quiero cerrar con el recuerdo de un cuento del premio Nobel Luigi Pirandello[8] en que un maestro anciano, decide dar la clase de su vida sobre el tema que más sabe (los cátaros). Así asistimos a que mientras camina hacia su sala, pensando en lo maravillados que van a quedar sus estudiantes, de pronto llega a ella y la encuentra llena, lo cual lo sorprende, pero le parece razonable. El cuento describe la emoción del maestro, al ver que la clase de su vida le está saliendo maravillosa ante ese auditorio repleto. Y, entonces, Pirandello escribe:

Una veintena de gabanes impermeables, tendidos aquí y allá en el aula oscura y desierta, para que se escurriesen, formaban aquel día todo el auditorio del profesor Bernardino Lamis.

Ciotta los miró consternado y sintió helársele la sangre al ver cómo el profesor leía tan enfervorizado su lección a aquellos gabanes, y se apartó casi con miedo.

Entretanto, terminada la hora, del aula cercana salía ruidosamente un tropel de estudiantes de derecho, tal vez los dueños de aquellos gabanes.

En seguida Ciotta, que aún no había podido recobrar el aliento por la emoción, tendió sus brazos y se plantó delante de la puerta para impedir el paso.

–                     ¡Por caridad no entréis! Está dentro el profesor Lamis.

–                     ¿Y qué hace?- preguntaron aquellos, sorprendidos del aspecto desencajado de Ciotta.

Este se puso un dedo sobre los labios, luego dijo en voz baja, con los ojos abiertos de par en par.

–                     ¡Habla solo!

Es una buena imagen para entender los días que se vienen para el poder. Lo importante es que el movimiento sea capaz de darse cuenta de ello y no caer en sus trampas.



[1] El texto pretende hacer alusión al principal bache que deberá enfrentar el movimiento social en su diálogo con el sistema político: la posibilidad de éste de reposicionarse mediante el recurso Bachelet.

[2] Véase Jugar Ajedrez con Piezas Blancas. En: http://www.ecos.cl/2010/12/mario-sobarzo-jugar-ajedrez-con-piezas.html

[3] Véase Cinco Perspectivas Críticas Actuales. En: http://radio.uchile.cl/opiniones/124127/

[4] Maquiavelo, N. El Príncipe. Ed. Espasa Calpe. España, 2002. Especialmente el capítulo XIV.

[5] Para observar este horizonte escuche el programa Alerta Educativa n° 42, con participación de voceros de la ACES y la SER. En: http://www.podcaster.cl/2011/10/alerta-educativa-opech-42/

[6] Para el sentido en que uso el término, véase Comprensión y Liminalidad. En: http://www.ucentral.cl/dup/pdf/12_comp_liminalidad.pdf

[7] Para su respuesta a la columna de Carlos Peña véase: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/09/27/labbe-y-la-educacion.asp

[8] El cuento se llama La Herejía de los Cátaros y se encuentra en el tomo II de sus Obras Escogidas, que publicó Aguilar en los ‘60.

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