Ante la nueva campaña contra Cuba

Consideraciones personales del Consejero  Político de la Embajada de Cuba en Chile.

Lic. Fernando Garcia Bielsa

Nunca fue torturado un prisionero, nunca dejó de atenderse a un combatiente enemigo herido. Esas fueron armas que posibilitaron también la victoria. Y en estos cincuenta años: ningún desaparecido, ni asesinatos ni acciones extrajudiciales, ni torturado, ni represión en las calles.

Por eso no entiendo ni me parece admisible la actitud de aquellos quienes, con un historial progresista y humanista, se han mostrado listos o apresurados para saltar al cuello de Cuba a la primera señal de una campaña a todas luces armada desde centros reaccionarios en el exterior.

Consideraciones personales del Consejero  Político de la Embajada de Cuba en Chile.

Ante la nueva campaña contra Cuba

Estimados:

En las últimas semanas, ocasionalmente les he hecho llegar por correo electrónico algunas informaciones que ponen en su contexto real e histórico el debate que se ha instalado acerca de supuestos abusos y arbitrariedades en mi país, y que espero usted pueda o haya podido revisar.  Ello porque comprendo la preocupación de muchos basada en la información más a la mano, divulgada a través del mundo por las grandes cadenas y que al decir de Eduardo Galeano es una “lupa que magnifica todo lo que interesa a los enemigos de Cuba”.

Recién leía un correo de un amigo sindicalista que ante la campaña en curso señalaba que “hay pasto seco que “prende” sin más para aceptar como verdad algo que merece la pena releer e informarse responsablemente”.

Con nuestro prócer independentista, José Martí, y con la ética que impregnó nuestro período revolucionario nos educamos y sentimos “como en carne propia cualquier golpe dado sobre mejilla de hombre en cualquier rincón” del planeta.

Nuestra Constitución – aprobada en plebiscito – comienza citando a ese nuestro prócer primero, cuando establece que “La ley primera de nuestra República es el respeto a la dignidad plena del hombre”

También de Martí, quien vivió en EE.UU. la mitad de su vida adulta, los cubanos comenzamos a conocer tanto las bondades de ese pueblo como los peligros que se gestaban en ese poderoso vecino del norte.

Es verdad que por ello, con esa espada de Damocles encima, la Revolución ha debido defenderse y múltiples han sido las agresiones por parte de su vecino poderoso del norte, pero hay una historia que nos da crédito y que nadie debería olvidar cuando se levantan calumnias y abusivas acusaciones.

Los 51 años de Gobierno Revolucionario, legitimado por su conducta intachable en defensa del ser humano y sus causas más nobles, y respaldado por procesos electorales propios donde el pueblo se siente verdaderamente protagonista, prueban también que sería imposible para la Revolución sobrevivir un minuto si franqueara la frontera que la distingue, si traicionara su historia y si olvidara sus principios más puros de humanismo y solidaridad.

Desde los primeros momentos de la lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista está marcada por un inobjetable comportamiento ético y de respeto por la vida humana, actitud probada con hechos y reconocida por políticos e intelectuales de todas las orientaciones ideológicas.

Nunca fue torturado un prisionero, nunca dejó de atenderse a un combatiente enemigo herido. Esas fueron armas que posibilitaron también la victoria. Y en estos cincuenta años: ningún desaparecido, ni asesinatos ni acciones extrajudiciales, ni torturado, ni represión en las calles.

Por eso no entiendo ni me parece admisible la actitud de aquellos quienes, con un historial progresista y humanista, se han mostrado listos o apresurados para saltar al cuello de Cuba a la primera señal de una campaña a todas luces armada desde centros reaccionarios en el exterior

Una campaña con otras tres principales vertientes agresoras: el terrorismo que ha ocasionado casi 3,500 muertos en mi pais, y el bloqueo que, en palabras de documentos oficiales de EE.UU. (6 abril 1960) instruía restar apoyo al gobierno cubano “a través del desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales…hay que emplear todos los medios…, provocar el hambre y la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Y a la par con ello, según reveló el General Kirkpatrick, quien fuera Inspector General de la CIA, la esencia del programa Cuba de la agencia es, precisamente, “fabricar una oposición dentro de Cuba alimentada con asistencia clandestina externa” (doc. Oct 1961).

Hoy día, aun sin base social de apoyo, nuestros enemigos recurren a sectores lumpen y delincuentes comunes que engatusan con los recursos como los $20 millones de dólares que se aprueban cada año, solo a la AID, para subvertir a Cuba.

Hay un marco legal y constitucional con el que enfrentamos también esas acciones. Son las leyes que a través de elecciones y de nuestro Parlamento, el pueblo se ha dado y que son tan validas como cualesquiera, y que merecen respeto a nuestra soberanía.

Repito que dada nuestra historia probada y esa ética, cualquier acción, cualquier pretensión de condenar – por aquellos que han dado ese paso – debió fundamentarse, basarse en la verdad y no en la mentira o la ignorancia.  Las bases deben ser como las establecidas por el nuevo Consejo de DD.HH.: un dialogo no discriminatorio y un examen por igual de las experiencias de todos los países.

Martí hablo de la América Nuestra, de nuestra hermandad latinoamericana que tanto defendemos. Seguiremos siendo vecinos, y seguiremos relacionándonos pues en Cuba el pueblo respalda a su revolución y de el emana su gobierno.

Con esa voluntad y la mejor disposición, les saluda afectuosamente,

Fernando García Bielsa

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