ANÁLISIS CRÍTICO Y PROYECCIÓN DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

Lisa Aniuta

sala y lucha de clasesEl triunfo de la Crecer en la FEUC (espacio de unidad estudiantil conformado por la Unión Nacional Estudiantil (UNE) y el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), más independientes)  es un hecho significativo no sólo para el quehacer del movimiento estudiantil, y sus dirigencias, para el próximo año 2016, cuya agenda estará marcada por la educación, sino también para el escenario político del país, pues que la  izquierda  haya vencido al gremialismo en la cuna de éste, da cuenta de que jóvenes, incluso los más privilegiados de la sociedad chilena, están conscientes de la poca dignidad con que vive el pueblo, de la gran desigualdad social del país y  de la imperiosa necesidad de cambiar el estado actual de cosas y, frente a esto, un problema de carácter estructural, deciden adherir a una propuesta de transformación basada en la erradicación de un sistema mercantil que debe su existencia a la desposesión, el lucro, la explotación y la violencia.

ANÁLISIS CRÍTICO Y PROYECCIÓN DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

Lisa Aniuta

Crecer en la FEUC

El triunfo de la Crecer en la FEUC (espacio de unidad estudiantil conformado por la Unión Nacional Estudiantil (UNE) y el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), más independientes)  es un hecho significativo no sólo para el quehacer del movimiento estudiantil, y sus dirigencias, para el próximo año 2016, cuya agenda estará marcada por la educación, sino también para el escenario político del país, pues que la  izquierda  haya vencido al gremialismo en la cuna de éste, da cuenta de que jóvenes, incluso los más privilegiados de la sociedad chilena, están conscientes de la poca dignidad con que vive el pueblo, de la gran desigualdad social del país y  de la imperiosa necesidad de cambiar el estado actual de cosas y, frente a esto, un problema de carácter estructural, deciden adherir a una propuesta de transformación basada en la erradicación de un sistema mercantil que debe su existencia a la desposesión, el lucro, la explotación y la violencia.

Ahora bien, esto en ningún caso implica que todos los votos de la lista Crecer, sean de jóvenes de izquierda o altamente politizados, en absoluto, pues una parte de éstos pertenecen a quienes simplemente no se vieron convocados por la continuidad del gremialismo, ni por las estáticas y retrogradas propuestas de éste.

Crecer hizo sentido en el estudiantado, utilizando una de las mejores campañas que ha visto la UC durante los últimos años, caracterizada por una estética no añeja y agradable, así como un discurso propositivo y cercano centrado en el cambio, en el potencial transformador de  los estudiantes -y la comunidad UC en general- frente a la realidad social y educativa del país,  participando de la campaña figuras como el cura Berríos, músicos, actores, profesores y funcionarios de la institución. Por otro lado, la campaña apeló a la inclusión de la universidad frente al debate -y propuesta gubernamental- de la  gratuidad, a cuestionar la manera en que son tomadas las decisiones dentro de la institución -proponiendo un cogobierno democrático- y, por cierto, al reposicionamiento de la FEUC dentro del Confech.

Este triunfo  tensiona y, si se quiere, instala en el debate de la comunidad  una discusión  cuyo fondo reside, en definitiva, en un proyecto político,  es decir, al  tipo de sociedad que estudiantes, académicos y funcionarios pretenden no sólo contribuir, sino que activamente construir, quedando las posibilidades para aquello bien delimitadas; una sociedad de derechos  o  una  sociedad colonizada por el  mercado. En unas elecciones FEUC 2016 marcadas por un alto porcentaje de participación, los estudiantes se inclinan, tanto en primera como en segunda vuelta, por el programa de quienes se identifican como los “Hijos de Chávez y Fidel”, y sin titubeos declaran tener como horizonte el socialismo, desplazando las preferencias ambiguas o de centro como la representada por el NAU -organización que estuvo al mando de la FEUC los últimos 6 años previo a la llegada del gremialismo en 2015-. Es necesario aclarar, sin embargo,  que en absoluto se trató de una victoria aplastante, muy por el contrario, Crecer consigue pasar a segunda vuelta -junto al gremialismo- con estrecho margen de votos por sobre la lista del NAU y, estando ya en segunda vuelta, es con el apoyo y traspaso de votos de éste, sin lugar a dudas, que logra triunfar (de igual manera que en anteriores años el apoyo y votos  de Crecer se transfirieron al NAU). Este asunto reviste de importancia pues, de algún modo, el NAU –origen DC y PS- se ve obligado a tomar posición y salir del cómodo centro, estableciéndose así, no sin marcadas diferencias, la existencia de perspectivas y proyecciones comunes de transformación más cercanas a la izquierda que a la derecha, para un año catalogado como decisivo.

Por otro lado, el éxito de Crecer  se debe a un trabajo consecuente, efectivo y permanente, que año a año ha ido sumando  adherentes y llegando a más territorios de la casa de estudios. Significativo es al respecto, que Daniel Gedda, actual presidente electo para la federación UC y militante de la UNE, provenga de la facultad de derecho, uno de los núcleos más duros del gremialismo. Sumado a esto, un asunto importante acontecido durante el  2015, que pudo haber incidido en la empatía del electorado, fue el despliegue y actuar manifestado por la UNE, y el movimiento estudiantil en su conjunto, ante lo sucedido con Rodrigo Avilés, el estudiante de literatura -militante de la UNE- violentado en Valparaíso por fuerzas especiales de carabineros, que estuvo en riesgo vital, y en coma inducido durante dos meses –hoy, luego de cinco operaciones al cerebro, se recupera satisfactoriamente-, despliegue relevante en términos de valoración y confianza, mediante la  seriedad y capacidad que visibilizó la organización a nivel nacional,  sobre todo a la hora de convocar a la acción concreta como movilizaciones y manifestaciones de distinta índole.

 

Las implicancias de una federación de izquierda en la UC están a la vista;  hace algunos días, por ejemplo, fuimos testigos de un hecho que impactó directamente a la política nacional, esto es, la decisión de la Corte de Apelaciones de desaforar de Hasbún debido a sus dichos sobre Rodrigo Avilés, decisión que fue comunicada en nota de prensa desde el interior de la casa de estudios católica por el padre del joven agredido, junto a la nueva directiva FEUC y Giorgio Jackson, acompañados por algunos dirigentes estudiantiles de otras universidades. En esta oportunidad Gedda señaló que “A nombre de la directiva FEUC queremos hacer una crítica abierta a todos aquellos que como Hasbún resguardan y respaldan la violencia por parte del Estado […] Todos aquellos que criminalizan el movimiento social lo hacen por intereses propios, que buscan mantener un Chile en condiciones de desigualdad e injusticia”. De esta manera, el movimiento estudiantil se manifiesta nuevamente unificado, utilizando para aquello una de las vocerías más importante y conservadora del país.

 

¿Alianzas fallidas o comienzos de  un proyecto de Unidad para la izquierda estudiantil?, el caso de la Universidad de Chile.

La alianza UNE-FEL no es la primera vez que conquista una federación, ya que por medio de la Coordinadora Luchar (espacio compuesto principalmente por ambas organizaciones en la Universidad de Chile), para el año 2014, se obtuvo doble una integración en la mesa FECH; la presidencia de Melissa Sepúlveda, militante del FEL, y  la Secretaría de Comunicaciones de Benjamín Idini, de la UNE. Esta unidad entre ambas orgánicas permite, desplazar a Izquierda Autónoma de la presidencia de la federación, cargo que había ocupado durante el 2012 y 2013, por otro lado, se cumplía el objetivo de no entregar el espacio a las JJCC.

No obstante, a fines del año 2014, se rompe la alianza UNE-FEL, desapareciendo la Coordinadora Luchar y, al poco tiempo, se inicia un nuevo esfuerzo de unidad, donde nuevamente UNE y FEL logran elaborar un programa para disputar la presidencia de la Fech 2015, esta vez incluyendo a una tercera orgánica “de peso”: Izquierda Autónoma (IA). Esta apuesta, por segunda vez logra doble integración de la mesa, quedándose Valentina Saavedra (IA) con la presidencia y Vicente Valle (FEL) con la Secretaría de Comunicaciones.

Esta triple alianza, que  fue pensada con fines estratégicos y conocida a nivel país como “bloque de conducción” dentro del Confech, no sólo se da al interior de la Universidad de Chile, sino que se replica en más universidades (tradicionales y privadas) disputando y venciendo a la nueva mayoría en distintas federaciones y centros de estudiantes para el periodo 2015. Sin embargo, nuevamente la unidad falla a nivel nacional; a principios del primer semestre del 2015, la UNE dejó de ser parte de la alianza, rompiéndose así el bloque de conducción. Este quiebre se vio reflejado en las recientes elecciones de la FECH 2016, donde la lista que obtuvo la presidencia se compone por una forzada alianza IA-FEL, quedándose con el cargo Camila Rojas, militante de IA, mientras que la lista Manos a la Obra -que obtuvo la Secretaría General- consiste en una apuesta solitaria de la UNE.

Esta ruptura de unidad estratégica para la lucha estudiantil universitaria, empero, no afectó la continuidad y/o el levantamiento de alianzas territoriales victoriosas, establecidas de acuerdo a las particularidades de cada espacio, como es el caso de Crecer en la UC (UNE-FEL) y Crear en la UDP (IA-UNE) para el año 2016.

Ahora bien, es iluso pensar en la construcción de la unidad y juzgar lo realizado por algunas orgánicas estudiantiles en la actualidad sólo en base a los primeros intentos de articulación, pues como se ha visto, y la historia nos ha demostrado, la unificación de amplios sectores de izquierda bajo un proyecto común consiste en un quehacer compartido, organizado y de largo aliento. En este sentido, la unidad es más que una palabra, se manifiesta principalmente en la acción;  es en la puesta en práctica de las ideas donde se encuentra el verdadero potencial de toda iniciativa mancomunada, en consecuencia, la unidad no se establece a priori, por mandato, sino que se crea y fortalece en el trabajo y en la lucha.

El problema fundamental consiste en la dispersión de las distintas orgánicas estudiantiles, y en la exacerbada práctica de discutir ideas sobre ideas, y no ideas sobre acciones, lo que en definitiva se traduce en desmotivación y desmovilización para gran parte del estudiantado que, más allá de participar eventualmente en una marcha, no se siente convocado a discutir ni menos a escuchar y ver cómo algunos jóvenes de izquierda realizan las mismas malas prácticas que la clase política chilena. Es como si el sectarismo, la traición, el matonaje, la desconfianza y el juego sucio practicado por quienes nos gobiernan, para conquistar y  mantenerse en el poder, consistieran en la única fórmula para algunos jóvenes que se organizan. Es cierto que no es simple dejar de hacer lo que se ha venido haciendo hasta ahora, eso una  es una realidad, sobre todo cuando los  referentes políticos de nuestro país, y buena parte del mundo, son verdaderos delincuentes incapaces de representar los intereses del pueblo, pero si los jóvenes quieren cambios verdaderos y profundos, tendrán necesariamente  que realizar prácticas distintas, por lo que  la desconfianza entre las organizaciones no puede seguir siendo el principal móvil.

De esta manera, cualquier proyecto que no se construya en base a la confianza está condenado al fracaso y, en este sentido, una vez más, serán las acciones las que determinarán y configurarán la condición de posibilidad para ella, ya que las personas no se definen en primer término por lo que piensan sino que por lo que hacen, esto es significativo pues no toda idea genera acción, pero sí toda acción genera idea y, por lo mismo, si no se realizan acciones y trabajos en conjunto no existe ni existirá espacio para la confianza, preludio de la unidad.

Como síntesis se puede señalar que el camino del quehacer en conjunto, trabajo centrado principalmente en la organización, politización y movilización de los estudiantes, y no en campañas electorales, está lejos de ser ideal, mas ya se ha trazado. Las experiencias deben servir siempre para avanzar en la movilización, que los dirigentes estudiantiles no se  confundan: la alianza estratégica debe estar vinculada a las demandas del movimiento popular, del país, de lo contrario se caerá en una lucha gremial, apartada y sin destino. El llamado es a aunar fuerza, salir a la calle y actuar, instalando la necesidad del cambio radical del modelo y de lucha en el sentido común. En esto consiste  el rol dinamizador de los estudiantes y no,  como lo han venido haciendo algunas  dirigencias, en el desgaste estudiantil a través de mesas de negociación elaborando propuestas que luego no serán consideradas,  que esa es tarea del gobierno y  los parlamentarios, son ellos quienes deben resolver nuestras exigencias, que para eso son electos y financiados con plata de todos los chilenos y chilenas, y si no cumplen, el deber del estudiantado no es ayudarlos a perfeccionar reformas que a larga profundizarán las perversiones del modelo, eso debe estar claro, sino que consiste en desobediencia, organización y protesta. Por lo mismo, es necesario dejar los eufemismos a un lado para  comenzar a hablar y a actuar con la verdad.

 

Movimiento Estudiantil en el 2016

Las movilizaciones, paralizaciones y jornadas de protesta ocurridas durante el año 2011 fueron la expresión del descontento generalizado de la población chilena, malestar acumulado durante los gobiernos de la concertación, ya que éstos no lograron cumplir con la promesa de justicia y mayor dignidad en las condiciones de vida de las grandes mayorías del país y, por el contrario, durante veinte años el pueblo fue testigo de la mantención y profundización del neoliberalismo, modelo violentamente implantado en la dictadura militar.

Fue precisamente la colonización del mercado en la administración de la vida de nuestra población lo que hizo crisis, a la calle salió una sociedad cansada de la estafa, la usura y colusión de los dueños del país, a costa del despojo, endeudamiento y explotación del pueblo. Los estudiantes cumplieron ese rol de catalizadores, de denuncia de las contradicciones fundamentales del modelo y, en el fondo, lograron instalar la profunda necesidad de cambiar todos los amarres constitucionales heredados para construir una sociedad de derechos, demandándose para esto, no sólo una educación gratuita, pública y de calidad, sino que también una reforma tributaria y la renacionalización del Cobre para financiamiento de todos demás derechos sociales, como la salud y la vivienda.

Los gobiernos de la concertación sí lograron extender el acceso a educación superior hacia amplias capas de la clases populares y medias, pero como toda cobertura social en este periodo, se hizo -y sigue haciéndose-  a través de la profundización del neoliberalismo en nuestro país, esto es, por medio de la creación del Estado de nichos de acumulación para los privados; del lucro con la expectativa de cientos de miles de estudiantes -y sus familias-, de insertarse en el mercado de trabajo en una posición que permitiera acceso a seguridad laboral, salud y una vivienda digna, en definitiva, a aquellos otros derechos sociales arrebatados y mercantilizados. Al respecto, los estafados por el crédito Corfo, y el cierre de la Universidad del Mar, son algunos ejemplos que grafican la gran burla y humillación hacia las clases trabajadoras, que son consideradas, tanto por el mercado como por el Estado, como agentes de consumo, mercancías y no personas.

Por otro lado, muchos estudiantes y dirigentes universitarios del 2011, habían formado parte activa del proceso de movilizaciones de los pingüinos del año 2006 y, por lo mismo, existía un precedente que posibilitó la buena articulación y conducción del movimiento estudiantil. En este punto, es necesario reforzar la idea de que el levantamiento, o despertar de los estudiantes, no surge espontáneamente el 2011 –como bastantes organizaciones estudiantiles, a veces, mesiánicamente lo creen- sino que viene de un proceso de largo aliento que tomó fuerza hacia fines de los noventa e inicios del nuevo milenio, reapareciendo en 2006, y posteriormente el 2011. Se trata de una serie de demandas que fueron madurando políticamente, y problematizándose a nivel de estructura, en medio de un proceso de deslegitimación de las instituciones y de crisis de representación. Además, por primera vez a gran escala, las redes sociales permitieron visibilizar la lucha, imposibilitando a los medios nacionales hacer vista gorda y mantener la censura y desinformación que los caracteriza.

Sin embargo, el año 2011 dejó un fantasma en las organizaciones estudiantiles de izquierda, referenciando, directa o indirectamente, toda futura posibilidad de movilización en torno a las acontecidas aquel año, valorándose –e idealizándose-  la efectividad de la masividad y pacificidad de la protesta, lo que posteriormente se tradujo en una apuesta por la formalidad de marchas masivas, que no se acompañaron de avances significativos frente a lo “conquistado” aquel año -hoy vemos cómo, de todo lo demandado y exigido en las calles, el movimiento estudiantil sólo tiene por defender y modificar una empobrecida propuesta de gratuidad-. Por otro lado, esta formalidad de la propuesta, en los años posteriores se transformó en una debilidad para el movimiento estudiantil, pues se perdió la voluntad, capacidad de acción, y de organización de la mayoría de los estudiantes antes movilizados. Ante esta situación, las orgánicas estudiantiles se culparon mutuamente del causal del estado de desarticulación de los estudiantes y baja incidencia de éstos en la agenda pública, surgen, en este contexto nuevas organizaciones estudiantiles catalogadas de “neomiristas” que, al contrario de lo que las vocerías estudiantiles, apostaron por mayor radicalidad y por no participar en negociaciones con el gobierno, en definitiva, en la no institucionalización del movimiento estudiantil.

Hoy, dentro del Confech las fuerzas políticas se han rearticulado ganando presencia las alas más radicales y, seguramente, el 2016 mostrará una conducción con mayor poder movilizador, que no temerá a perder legitimidad por expresar la necesidad de cambios profundos y radicales. Al respecto, puede señalarse que las dirigencias que condujeron pos 2011, en reiteradas ocasiones señalaron que el movimiento estudiantil no podía perder su calidad de actor legítimo, por lo que había que mantener cierta sobriedad en el actuar y en el discurso, descartándose, por ejemplo, discutir acerca de lo público en relación a lo estatal, pasando a segundo o tercer plano la histórica demanda de estatización, por considerarse portadora de una radicalidad que no haría sentido en la población, situación que derivó en un entrampamiento respecto a la definición de lo público.

Ahora bien, por cierto que la incapacidad de movilización y, en definitiva, de incidencia del movimiento estudiantil durante los últimos cuatro años responde no sólo a la correlación de las fuerzas dentro del Confech, donde la izquierda con capacidad de conducción ha buscado la negociación con la  institucionalidad, sino que también a la agenda de gobierno; esto es de suma importancia, pues además de las demandas estudiantiles existe una serie de problemáticas de igual y/o mayor importancia, cuyos actores principales a resolverlas son los trabajadores. En este sentido, los estudiantes perdieron protagonismo no sólo debido a que la Educación superior no se encontraba en la agenda pública, sino fundamentalmente, porque no fueron capaces de salir de una demanda gremial y participar activamente de la lucha de los demás actores movilizados, más allá de una conferencia de prensa en que se explicitó el apoyo  a los trabajadores de la salud, por ejemplo, o como en el caso del paro docente, donde la solidaridad se manifestó paralizando actividades y asistiendo a las marchas durante el día de ésta, y no precisamente en la búsqueda de mayor articulación, ni siquiera debido a que ésta implicaba directamente a los trabajadores de la educación.

Para ser justos, sin embargo, hay que reconocer y visibilizar también, que durante estos años de reflujo dentro del movimiento estudiantil, donde la gran masa de estudiantes no ha logrado sentirse convocada a ser parte activa, ni a movilizarse por asuntos que escapen a la realidad local inmediata, debido a diversos factores, ha habido un avance significativo, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, respecto al desarrollo de las orgánicas estudiantiles de izquierda donde, si bien sigue primando un dramático sectarismo -que no es más que el reflejo de la misma fragmentación que vive la izquierda en el país- existe en algunas organizaciones, a nivel discursivo, con pocos aciertos prácticos, una declarada voluntad política respecto a la necesidad de unidad  bajo un proyecto común, así como a nivel estratégico, claros intentos por avanzar hacia la unidad de las luchas, principalmente en términos de acción, destacándose, por ejemplo, la ocupación de Anglomerican por estudiantes, pobladores y trabajadores del cobre el 11 de julio del 2014, día de la dignidad nacional, con el llamado a renacionalizar el cobre y la industria minera,  o el hecho de que la marcha que reivindica la lucha por la recuperación del agua y la vida, realizada en abril de cada año, cuente con participación de estudiantes y trabajadores además de actores  territoriales y socioambientales.

La movilización estudiantil del 2011 generó la expectativa entre todos los revolucionarios, quienes no sólo soñamos sino que nos organizamos por construir una sociedad socialista, acerca del surgimiento de un actor capaz de interpretar la impotencia y sentir de la clase trabajadora ante un sistema injusto y violento, aquella clase que recibe un sueldo que no supera los 300 mil pesos, debiendo endeudarse para comprar alimentos y bienes de primera necesidad, cuyos hijos acceden a una educación que no permite salir de la miseria, que recibe pensiones indignas y que no accede a tiempo a prevenir problemas de salud, así como también, aquella clase que, accediendo a un salario mayor (el 80% de los trabajadores gana menos de 550 mil pesos en Chile), debe endeudarse para educar a sus hijos, acceder a salud y obtener una vivienda, deudas que angustian y enferman a nuestra población, que además posee trabajo precario e inestable y debe ver cómo en muchos casos, sus hijos por haber querido estudiar y “ser alguien en la vida”, terminan sus carreras endeudados en cifras millonarias, situación que marca negativamente el registro financiero de quien recientemente se está insertando al mundo laboral. Los estudiantes, como hijos, nietos, actuales y futuros padres y madres que son,  tienen el deber de luchar por dignificar la vida de sus familias, y de las generaciones que vienen, difundiendo y agitando, politizando e instalando en la población la imperiosa necesidad de cambiar el modelo que nos rige por otro capaz de asegurar asuntos mínimos para la vida, como una alimentación sana, salud, sistema de pensiones y viviendas que enorgullezcan a la población, estabilidad y seguridad laboral, educación centrada en el bienestar común, así como soberanía sobre los recursos naturales. En definitiva, el llamado es a luchar por la construcción de una sociedad regida por principios socialistas y, por sobre todas las cosas, a demostrar a los trabajadores del país, a nuestro pueblo, que ésta no es una utopía, y la encontraremos cuando se logren unificar  las diversas luchas, pues no basta con responder separadamente a los  síntomas, hay que acabar con la enfermedad que los provoca.

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