A LEVANTAR UNA ALTERNATIVA DEL PUEBLO

(Algunas cuestiones respecto a principios y tácticas en torno a las elecciones)

Cobre Chileno 1

 Nosotros  estamos con las ideas que promueve Marcel Claude. Su clara definición y bien estructurado planteamiento programático se promoverá independientemente del candidato y de los resultados de estas elecciones: indica el camino por el que hay que  luchar. Es el más claro en plantear el paso de la base económica de la gran burguesía a manos y control del pueblo, premisa fundamental para ganar el poder político.

En estas elecciones se incubarán las condiciones que harán de la filosofía del derecho el paso a la filosofía de la praxis, de la conciencia de la necesidad a la conquista de su realización, de los movimientos sociales al movimiento político revolucionario por una sociedad justa, de la situación de dominado y abusado a la conquista del poder político del pueblo.

A LEVANTAR UNA ALTERNATIVA DEL PUEBLO

(Algunas cuestiones respecto a principios y tácticas en torno a las elecciones)  

José Leiva

Introducción

En la historia de Chile las elecciones han sido un sinfín de frustraciones, traumas y efímeros éxitos para su pueblo. La constante ha sido una lucha inter burguesa, entre sectores más liberales y sectores conservadores, entre sectores industriales y oligarcas feudales junto a sectores agrícolas, entre sectores ligados a las transnacionales imperialistas y la burguesía nacional, etc. El pueblo ha sido comparsa en estas confrontaciones, un ente importante en las elecciones pero cuya opinión e intereses jamás son tenidas en cuenta. Los conatos y los golpes de Estado también han sido una constante en la historia de Chile en la medida que cambiaban las correlaciones de fuerzas y equilibrio entre estas fuerzas burguesas.

En este largo periplo de lucha política entre burgueses hubo contadas excepciones en que el pueblo salió favorecido. Pedro Aguirre Cerda —en el contexto de la gran depresión del 29, teniendo al keynesianismo como política del capitalismo mundial para enfrentarla, siendo el Estado regulador de la economía y no el mercado, bajo cuyo efecto emergen la guerra civil española y la II Guerra Mundial—, inicia un período de gobierno con un fuerte impulso a la industrialización del país y de la educación “gratuita, única, obligatoria y laica”. Funda la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) para llevar a cabo un plan de reconstrucción económica con vistas al desarrollo y base de la nacionalización de las principales riquezas del país. También determinó la soberanía de Chile en la Antártida, fijando los límites del Territorio Antártico Chileno.

Juan Antonio Ríos, continuador de estas políticas de fomento industrial, se preocupó del desarrollo agrícola otorgando subsidios a los campesinos y tecnificando el campoen pleno contexto de la Segunda Guerra Mundial. Ambos gobiernos favorecieron a vastos sectores del pueblo, principalmente, a los campesinos y pequeños empresarios. Evidentemente que la crisis de los 30 y la guerra mundial bajó la presión de los países imperialistas lo que permitió políticas más independientes para el desarrollo capitalistaen el tercer mundo.

La continuidad que se pretendió dar con Gabriel González Videla se vio truncada al retomar la ofensiva el capitalismo mundial una vez finalizada la Guerra Mundial y dar inicio a la guerra fría. Ante la fuerte presión de Estados Unidos, Gabriel González Videla pone en la ilegalidad al Partido Comunista y realiza una fuerte represión contra los movimientos sociales.

El reordenamiento mundial como consecuencia de la II Guerra Mundial, los Estados de Bienestar, el gran desarrollo de las fuerzas productivas tanto en el socialismo como en el capitalismo, crearon nuevas crisis en el capitalismo y nuevas condiciones para la liberación de los pueblos. La revolución cubana es la mayor expresión de ello.

La victoria de la Unidad Popular y de Salvador Allende en las elecciones de 1970 fue una de las raras excepciones que se dan en la historia en donde pierden los sectores burgueses con sus propias reglas de juego. Un contexto mundial marcado por la guerra de Vietnam, los movimientos de Liberación Nacional de África y Asia, la revolución cubana y un fuerte movimiento progresista, constituyeron una influencia decisiva para que la burguesía fuera debilitada y dividida a dichas elecciones, permitiendo la victoria de Allende quien inició un proceso de profundas transformaciones a favor del pueblo.

La “distracción” de EEUU se enmendó rápidamente con fuerte apoyo de recursos y asesorías para el inicio de planes conspirativos que llevaron al golpe de 1973, en cuyo eje el diario El Mercurio fue el principal articulador. Romper con el “juego democrático”, con sus propias leyes y normas, configura una prerrogativa “autoconcedida” de la burguesía que contó con todo el apoyo e incentivo de EEUU y del imperialismo mundial. En la actualidad, en nuestra región, los casosde Honduras y Paraguay son una fiel muestra de esto sin mencionar los fracasos en Venezuela, Ecuador, Bolivia y de la injerencia en todos los países del mundo.

El golpe militar de 1973 no fue una lucha de poder entre sectores de la burguesía, fue la “santa cruzada” de toda la burguesía con la oligarquía latifundista y el imperialismo norteamericano contra el pueblo de Chile y su gobierno popular. A 40 años del golpe no han podido borrar de la memoria el significado de los tres años de Salvador Allende y la Unidad Popular. Hoy se reivindican con mayor fuerza sus medidas económicas, sociales y políticas.

Nuestra democracia y la Constitución

Los 17 años de dictadura y la feroz represión contra el pueblo y todas sus organizaciones políticas y sociales, no solo significó volver a instaurar políticas burguesas sino el modelo más desenfrenado del capitalismo: el neoliberalismo. Junto a ella una Constitución prácticamente inmodificable, elaborada por Jaime Guzmán y siete personajes más. Cualquier cambio que se le ha pretendido hacer a lo sumo ha implicado solo una “mejora” en función de los intereses neoliberales.

Con el fin de la dictadura, la victoria pírrica del pueblo solo ha servido para elegir administradores del modelo sin importar que se vistieran con ropaje de “izquierda” o “revolucionario”. Siempre los verdaderos ganadores han sido los dueños del gran capital. Quienes han ingresado al sistema con el fin de modificarlo, solo han contribuido a perfeccionarlo y, por el contrario, han sido subsumidos haciéndose parte del mismo.

En la actualidad, algunos candidatos, las fuerzas sociales y la mayoría de los partidos políticos exigen Asamblea Constituyente, pero dentro del contexto de la filosofía del derecho imperante. “Que sea constituida por ambas cámaras”, “que sea por los concejales del país”. En otras palabras, que la nueva Constitución la elaboren los mismos que han administrado la antigua. Lo único que se puede esperar es el reciclaje de la misma. Ninguno se plantea un cambio radical del sistema. La miopía no les hace ver que éste no tiene solución y su permanencia únicamente significa el agravamiento y la extensión de las penurias del pueblo.

 Veinte años de Concertación

La Concertación nos trata de hacer pensar que son la “izquierda”, que se conforma con partidos populares, pero los 20 años en que han gobernado demuestran lo contrario. Tuvieron todas las oportunidades para realizar transformaciones a la institucionalidad heredada de la dictadura militar pero prefirieron lucrar y enriquecerse  a costa del pueblo

El primer gobierno post dictadura con Patricio Aylwin se dedicó a generar las condiciones políticas y económicas para profundizar el modelo neoliberal. Hizo todo lo posible para lavar la imagen sangrienta de las FFAA enjuiciando solo a algunos de los más notorios criminales, y con ello, quitarle el carácter de cuerpo y doctrinario a su participación en el golpe militar de 1973. Hoy las FFAA son las mismas que hicieron el golpe, su doctrina es la misma. Nada ni nadie ha intentado cambiarla.

Eduardo Frei fue más allá al implementar el libre mercado privatizando las empresas sanitarias, energéticas, puertos y otras.

Ricardo Lagos continuó con estas políticas estrechando lazos de “amistad” con el empresariado, como ninguno de sus antecesores. Envió la “Ley Corta de Pesca” con una vigencia de 10 años en la cual se le aseguró casi un 80% de las cuotas totales al holding empresarial del Grupo Angelini. Siendo Jaime Estévez (PS) como presidente del Banco Estado, se le otorgó un préstamo de 120 mil millones de dólares al grupo Luksic, para que el principal grupo económico del país comprara el Banco de Chile, en condiciones preferenciales.

El último gobierno de la Concertación con Michelle Bachelet no fue muy diferente a los anteriores excepto por un auge mayor de las movilizaciones y huelgas producto de la crisis del 2008 que se avecinaba. Cumplió su papel de defensora del establishment a cabalidad, favoreciendo a los grandes empresarios e intentó adormecer y desperfilar las movilizaciones sociales con “mesas de diálogo” inconducentes, además de bonos y subsidios inútiles.

La peor crisis del capitalismo

Además de las lacras propias del capitalismo que todos conocemos—explotación, hambre, injusticias, delincuencia, drogadicción, discriminación de toda índole, etc., —arrastra crisis económicas periódicas. Si estas lacras nos dan el motivo de luchar contra el sistema capitalista, sus crisis nos indican la forma y la táctica a utilizar.  Tal como decía Marx en estos períodos la consigna se modifica: En vez del lema conservador de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!”. Pasar de la lucha reivindicativa a la lucha política. La importancia de la previsión y entendimiento de las crisis son indicativos de las forma de lucha que debe predominar en el período, de la táctica y estrategia a utilizar. Así como en los momentos de bonanza la lucha debe centrarse en mejoras salariales y sociales, en las épocas de crisis todo el esfuerzo debe dirigirse a lograr transformaciones políticas revolucionarias. Es el momento de mayor debilidad de las clases dominantes.

La crisis capitalista—en especial del actual modelo neoliberal—, a la par de la economía, abarca todas sus instituciones jurídicas, ideológicas y políticas. El andamiaje empieza a resquebrajarse a medida que sus fundamentos (modo de producción) comienzan a entrar en crisis. El sistema parlamentario es incapaz de legislar a favor de las mayorías; el sistema jurídico colapsa por su incapacidad de hacer justicia; el gobierno gobierna para el salvataje de los grandes capitalistas: es decir, el 1% de la población acentuando las penurias del otro 99%.

Vivimos en un mundo productor de enormes riquezas pero a su vez con una brecha creciente entre los más ricos y la enorme mayoría de la población mundial. No hay correlación entre el aumento en la producción de bienes materiales y alimentos con las penurias, miseria y hambre en el mundo.

Los movimientos sociales son directa consecuencia de la gran desigualdad generada por el modelo neoliberal, del deterioro de las formas de vida, de la depredación del medio ambiente, del aumento de cesantía, de la miseria material y espiritual.

Magallanes, Aysén, Freirina, Huasco, los mapuches, los pescadores, los campesinos, los estudiantes, los enfermos, conformaron movimientos que se enfrentaron contra Metanex, Hidroaysén, Agrosuper, Celulosa Arauco, las siete familias dueñas del mar de Chile (gracias a Pablo Longueira), Colbún, las universidades privadas, el sistema de salud y farmacéutico privado que son, por mencionar algunas,las grandes corporaciones que abusan de nuestro pueblo con total desparpajo porque forman parte de un sistema de naturaleza explotador, depredador y abusador.

Por el momento, el sector organizado del mundo trabajador, vinculado a las grandes empresas, vive en un oasis laboral y de relativa satisfacción económica circunstancial en este mar de pesadumbre. Sin embargo, el impacto de la crisis global en la economía chilena es inevitable. Es solo cuestión de tiempo, y con ello resultará inevitable la incorporación de las centrales y sindicatos de trabajadores a la lucha por transformaciones estructurales del conjunto de la sociedad y no solo por mejoras económicas.

Pensar que las crisis automáticamente generan todas las condiciones para las transformaciones revolucionarias es un error muy recurrente. Las referidas a la organización, la unidad, la de un proyecto alternativo al sistema, a la conciencia de las masas de luchar por la alternativa, a la capacidad por derrotar a la clase dominante, etc, se construyen previamente a través de largos procesos de lucha social. Las crisis solo son portadoras de la situación revolucionaria. Cuando no van acompañadas de los factores subjetivos jamás podrán hacer caer a la clase dominante, paso fundamental para cualquier transformación estructural de la sociedad.

Transformaciones estructurales

Para evitar la hecatombe económica, social y política es obligatoriamente necesario que el control de la economía la asuma el conjunto de la sociedad y no que la economía controle al conjunto de la sociedad chilena. La pétrea Constitución vigente hace inviable cualquier cambio dentro de los marcos institucionales vigentes y, con ello, inevitablemente conduce a una confrontación social, a un enfrentamiento entre la gran mayoría que quiere los cambios contra los sectores que hasta ahora han lucrado a costa del pueblo. La clase dominante y todos sus acólitos en su enajenación por el enriquecimiento recurrirán a todos los medios por mantener el “statu quo” imperante y para ello tienen unas FFAA bien adoctrinadas y con experiencia en la represión a las fuerzas populares y sus organizaciones. Las fuerzas represivas son iguales o más brutales que las que realizaron el golpe el año 1973; doctrinariamente están preparadas y entrenadas para defender los intereses de la clase dominante.

Antes de resolver el problema de la Constitución es necesario instaurar una verdadera democracia que asuma el control del país y realice una profunda transformación a las instituciones estatales y de la economía. Esto sólo es posible si el pueblo asume el poder por sobre la clase de los grandes capitalistas. La actual “democracia representativa” solo tiene aprobación de un poco más del 30% de la población.

Es hora de dar paso a una democracia participativa engendrada desde los mismos movimientos sociales, desde los más vastos sectores populares a través de asambleas ciudadanas y populares que instaure un gobierno provisional de transición que nacionalice o pase al control del Estado las grandes empresas transnacionales, energéticas, eléctricas y agua, la banca y las AFP y desarrolle un proceso para instituir una nueva Constitución en cuya elaboración participe todo el pueblo. Solo así se evitará una catástrofe mayor. La elaboración de la nueva Constitución debe ser consecuencia de los cambios estructurales de todo el sistema económico, político y social del país, o ir a la par de ellos. La Nueva Constitución solo debe refrendar los cambios que exige el pueblo.

 

¿Se debe participar en las elecciones?

Si pretendemos que a través de los parlamentarios elegidos se logre cambiar el sistema político a favor de los intereses del pueblo, la respuesta es un no rotundo. No es posible de ningún modo hacer cambios estructurales a la Constitución dentro del marco jurídico imperante. En estas circunstancias la elección de tal o cual diputado y senador no traería ninguna implicancia para realizar los cambios que se exigen.

El modelo neoliberal no solo ha reestructurado la economía y las relaciones sociales sino también a los partidos políticos con sus relaciones. Los tradicionales partidos de los trabajadores y los llamados populares se han transformado en partido de empresarios y para los empresarios. Sus diputados y senadores, sus militantes más destacados, se han transformado en lobistas y receptores de coimas de las grandes empresas. No es casual el descrédito de la “clase política”, entendiéndola como los partidos y personajes insertos en el sistema político vigente que fueron absorbidos por los intereses empresariales convirtiéndola en una casta elitista totalitaria. El desinterés de casi el 70% de la población electoral por participar en elecciones, los conflictos entre partidos de los bloques de la Concertación y de la Alianza derechista, el show de las primarias para elegir los candidatos con el afán de dar un cariz democrático, son una muestra de la deslegitimación de los partidos y del mismo sistema político.

El marco en que se desarrollan estas elecciones las hacen muy distintas a todas las anteriores. Están inmersas en una profunda crisis en pleno desarrollo. En estas elecciones no se confrontan el pueblo conformado por los trabajadores asalariados, los campesinos, los empleados públicos, los estudiantes, los micro, pequeños y medianos empresarios, las diferentes minorías de todo tipo, los pueblos originarios, los defensores del medio ambiente, etc., que exigen cambios estructurales contra los sectores defensores de este modelo neoliberal y la institucionalidad vigente tal como debería ser, sino dos puntos de vista para administrar lo ya constituido.

La distinción reside en que se está engendrando una nueva fuerza que exige cambio, conformada por la mayoría de nuestro pueblo, aún desorganizada y sin conducción, sin un programa y una organización bien definida. Pensar en la posibilidad de victoria, y siendo ese el caso, con la fuerza suficiente para realizar los cambios planteados dentro esta institucionalidad, es una mera fantasía. Sin embargo, es una ocasión excelente para ir clarificando, para adquirir conciencia de cómo es la realidad, de ir organizándose como una fuerza popular por transformaciones estructurales de nuestra sociedad, a través de candidatos surgidos de los movimientos sociales y del pueblo, cuyas propuestas programáticas estén en consonancia con las transformaciones planteadas.

Para los revolucionarios, a diferencia de los reformistas y “anarquistas” o nihilistas, la campaña electoral no constituye un fin en sí mismo como método para lograr transformaciones en el sistema político. Ni siquiera tiene una importancia primordial dentro de su actividad política, pero indudablemente, es una formidable herramienta para hacer conciencia y organizar a las masas: principios irrenunciables para cualquier organización revolucionaria. Que las elecciones excepcionalmente sitúen al pueblo en condiciones de poder se debe a circunstancias muy específicas que de ninguna manera deben desaprovecharse. Se requiere una gran fortaleza del pueblo, expresada, por un lado, en una conciencia clara de sus intereses políticos, una sólida organización y una firme cohesión en torno a su conducción, y por otra parte, en una debilidad de los sectores dominantes, especialmente en épocas de crisis, solo entonces se podrá revertir los instrumentos de dominación a favor del pueblo.

Los que se niegan a cualquier participación en elecciones, elevando esto a nivel de “principio político”, es la otra cara de la misma moneda que solo favorece a la minoría dominante, al negar al pueblo la posibilidad de adquirir conocimiento de la realidad, organización y unidad en el accionar. Existen dos tendencias de este tipo: los que rechazan cualquier tipo de organización política, cualquier tipo de Estado y solo anhelan una sociedad sin clase, pero no tienen ninguna idea de cómo llegar a ésta y nada más quieren mostrar su indignación contra la situación política vigente recurriendo a actos violentos contra el “sistema”, como forma de hacer política: estos son los anarquistas.

La otra tendencia tiene que ver con el ultrarrevolucionarismo que niega absolutamente cualquier utilidad de los medios de lucha dentro de los marcos de la legalidad imperante. No salen nunca de los marcos de secta donde predomina el accionar individual al margen del accionar de las masas. La negación de la importancia del partido político como conductor, educador y organizador del pueblo en su lucha es parte intrínseca de estas tendencias, no tanto por aversión a ésta, sino por su propia incapacidad de conformarse como tal. El predominio del individualismo y desprecio al colectivo las hace sobrevalorar el accionar individual por sobre el colectivo, siendo incapaces de someterse a una disciplina partidaria y consciente. La subestimación de la teoría, la sobrevaloración del espontaneísmo y tareísmo como “principios” fundamentales de organización es producto de ese predominio del espíritu individualista que no toma en cuenta el hecho que la clase dominante, a pesar de ser una ínfima minoría, cuenta con un Estado, policías, FFAA, centros de investigación, científicos, universidades, medios de difusión, los cuales en definitiva le permiten dominar al pueblo.

El principismo en que desembocan ambas tendencias las pone al margen de la lucha del pueblo e incluso del rechazo de su práctica política que incurre casi exclusivamente en el intento de destruir todo lo que tenga carácter “capitalista”. No entienden que la violencia y destrucción ejercidas contra los bienes públicos y privados durante las manifestaciones sociales solo favorecen a los mismos capitalistas. Toda destrucción de una vitrina, de un paradero del transporte público, de un local comercial, banco, etc., solo pone contenta a la clase dominante al generar la necesidad de reponer lo destruido, a desviar la atención de los reales motivos de la manifestación y a dar argumentos para deslegitimar los reales motivos de las movilizaciones. A fin de cuentas, se regala a la clase dominante un argumento para reprimirlas. Desde que existe el capitalismo y las protestas contra sus abusos, las fuerzas represivas inducen a los grupos más influenciables a ejercer la violencia, y en el caso de carecer de actores, infiltran las manifestaciones con elementos provocadores. El objetivo es desorganizar y dividir al movimiento de masas.

La poca firmeza o total falta de principios hacen que sean totalmente rígidos en las tácticas, incapacitando a adecuarse a los cambios en la situación política. Mientras más firme y claro en la definición de los principios sea la organización revolucionaria, más flexible será en la táctica capacitándola para adecuarse no sólo a los cambios bruscos de una situación política sino de tener la calidad de vanguardia en cualquier momento político.

Los argumentos electorales

En las elecciones, en general, se utilizan todos los medios existentes y por haber para “convencer” al mundo electoral a favor de tal o cual candidato, partido o postura. Confluyen los mejores publicistas, analistas, teóricos, periodistas, académicos, intelectuales, etc. Quienes poseen mayores recursos monetarios atraen a los “mejores”. La mentira, la demagogia, la charlatanería, el engaño, la prestidigitación, inducción, hipnotismo, etc., son medios utilizados para manipular las mentes y voluntades del electorado. Así es la democracia representativa burguesa. Obviamente ganan los dueños de mayores recursos.

Ser de izquierda es cambiar de raíz el sistema político vigente y no solo realizar algunas reformas. Pretender que la Concertación tenga algo de izquierda es simplemente producto propio de la publicidad engañosa tan de moda hoy. En este ardid se basan los precandidatos Marco Enríquez – Ominami, Andrés Velasco, Claudio Orrego, Michelle Bachelet y José Antonio Gómez. Ningún partido o personalidad que participa en el actual parlamento se propone dicho cambio, ni siquiera el Partido Comunista.

El caso del PC es el más lamentable. Se consideró por definición el partido de la clase obrera, pero en vez de  cumplir su misión de conducir la lucha por el poder, por el socialismo, en el comienzo del ocaso del modelo neoliberal y de la Concertación el 2008, se pliega a apoyarla. La falta de coherencia política, la total ausencia de autocrítica histórica,  por falta de coraje, prefirió algunos cupos parlamentarios a la gran oportunidad de conformar un gran frente de todo el pueblo contra el capitalismo por un sistema revolucionario, democrático y popular, que hoy podría ser una real alternativa al sistema neoliberal. Abraza la filosofía del pragmatismo donde la conveniencia circunstancial es leitmotiv de todo su accionar político.  Ya no le queda otro camino que fundirse a los Escalona, Girardi, Estévez, Solari, Correa, etc. El rol que tenía en el “papel” lo ocuparán otros en la praxis.

Los candidatos del pueblo

Cualquiera que desee ser candidato a parlamentario o presidente, si contempla las siguientes mínimas medidas debe ser apoyado. Todo programa de gobierno que abarque los intereses de la mayoría de nuestro pueblo, imprescindibles para un desarrollo independiente y soberano del país no debe adolecer de estas ideas básicas:

“* El Estado, junto con tomar el control (nacionalizar) de la gran producción, del sistema energético, financiero, comunicacional y  servicios básicos, disolverá el parlamento existente convocando a una Asamblea Constituyente basada en asambleas populares locales y regionales. Solo de esta manera se pueden lograr las transformaciones estructurales que necesita nuestro pueblo.

* Establecer una educación gratuita; una salud digna y desarrollada al alcance de todos bajo la responsabilidad del Estado y no del mercado; leyes laborales que favorezcan a los trabajadores basadas en la sindicalización de todos ellos; nacionalización del cobre cuyos ingresos sean sustento de las transformaciones sociales;  establecer políticas hacia los pueblos originarios respetando sus formas de vida productivas, sociales y culturales.

* El nuevo sistema político y económico tendrá como base la integración regional, enmarcando la solución de todos los problemas limítrofes dentro del desarrollo de las economías y los lazos fraternales superando la historia de las guerras en función de intereses imperialistas.

* Reestructuración  de las Fuerzas Armadas basada en una doctrina en defensa de los intereses del pueblo, la nación y la región; y un nuevo orden jurídico basado en el respeto irrestricto a los derechos humanos.

* Desarrollar una política de industrialización del país que permita la autosustentabilidad fundamentada en el fomento de la mediana y pequeña empresa que conduzca a la formación de la gran industria nacional. Chile tiene potencialidad para ser parte activa e importante en el progreso de la región y del mundo dejando de lado su rol de dependencia histórica.”

Estas son algunas medidas fundamentales que ya algunos candidatos que van fuera del “sistema binominal” están promoviendo. En torno a éstas y a los candidatos que las promuevan se organizarán nuestro pueblo y los movimientos sociales, porque son sus exigencias. En las primarias propias que promueva el pueblo se irá organizando y tomando conciencia de su realidad y sus necesidades. En la primera  etapa de esta campaña electoral se pondrá a prueba el estado de las fuerzas que están por transformaciones de fondo de nuestra sociedad. El pueblo verá por quién votará entre los múltiples candidatos que van fuera de los bloques de la Concertación, de la alianza derechista y de los demagogos neoliberales como Franco Parisi y MEO. Solo tiene interés para nuestro pueblo la primera vuelta. La segunda a nadie le interesa, ni a la derecha porque son lo mismo la Concertación y la Alianza.

En el contexto actual de desorganización de nuestro pueblo y de la diversidad de tendencias políticas, no es extraña ni tampoco negativa la presentación de múltiples candidatos. Roxana Miranda, firme defensora de los intereses de los movimientos sociales y del pueblo, es una legítima candidata. Gustavo Ruz, impulsor de un amplio Movimiento por una Asamblea Constituyente, abarca una gran variedad de grupos sociales que desean cambios reales lo convierten también un candidato del pueblo. Marcel Claude, apoyado por el Partido Humanista y vastos movimientos sociales, especialmente el estudiantil, plantea profundas transformaciones económicas, sociales y políticas basadas en el control del Estado por parte del pueblo. Puede que surjan otros candidatos populares pero es esencial que converjan en un solo candidato del pueblo a medida que se acerque el día de la elección. Los mecanismos para definir pueden ser también variados, asambleas ciudadanas y populares, acuerdos, primarias, etc., pero la llegada de un solo candidato indicará el grado de madurez de nuestro pueblo, indicará el nivel de unidad alcanzado indispensable para plantearse el imperativo de asumir el poder político.

Nosotros  estamos con las ideas que promueve Marcel Claude. Su clara definición y bien estructurado planteamiento programático se promoverá independientemente del candidato y de los resultados de estas elecciones: indica el camino por el que hay que  luchar. Es el más claro en plantear el paso de la base económica de la gran burguesía a manos y control del pueblo, premisa fundamental para ganar el poder político.

En estas elecciones se incubarán las condiciones que harán de la filosofía del derecho el paso a la filosofía de la praxis, de la conciencia de la necesidad a la conquista de su realización, de los movimientos sociales al movimiento político revolucionario por una sociedad justa, de la situación de dominado y abusado a la conquista del poder político del pueblo.

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