La contradicción es entre comunismo y capitalismo

Nico Fuentes

En términos objetivos Estados Unidos no está en condiciones de expandir su economía, disminuir su nivel de endeudamiento astronómico y de mantenerse como primera potencia mundial, para desde allí continuar imponiendo al mundo el sistema capitalista. El imperialismo norteamericano sólo tiene una salida: apoderarse de nuevos territorios y recursos naturales, y ello significa la guerra.

La contradicción es entre comunismo y capitalismo

Nico Fuentes

En términos objetivos Estados Unidos no está en condiciones de expandir su economía, disminuir su nivel de endeudamiento astronómico y de mantenerse como primera potencia mundial, para desde allí continuar imponiendo al mundo el sistema capitalista. El imperialismo norteamericano sólo tiene una salida: apoderarse de nuevos territorios y recursos naturales, y ello significa la guerra.

Como hemos venido planteando de manera sostenida, la crisis actual del capitalismo tiene un carácter multifacético que trasciende desde lo económico a los ámbitos político, alimentario, energético, ambiental y migratorio. Asistimos a la crisis más profunda que ha enfrentado el sistema, para la cual no existe solución en el capitalismo. Lo anterior, pone en evidencia que el planeta, y por tanto la humanidad, no tiene destino en el contexto del actual modo de acumulación capitalista.

La profundidad de la crisis es evidente, y se sustenta en datos objetivos: la deuda pública global actual (de hogares, empresas, bancos y gobiernos), es de 193 billones de dólares, cifra que corresponde al 318 por ciento del PIB mundial. De este monto, un 29 por ciento pertenece a Estados Unidos, que representa el 23,3 por ciento de la producción mundial. Le sigue Japón con un 19,9 por ciento de la deuda, con un 6,18 por ciento de la producción mundial, y mucho más abajo, China con un 6,25 por ciento de la deuda mundial, que tiene el 13,9 por ciento de la producción del planeta. ¿Qué es la deuda pública? Es la suma de dinero de las deudas que tiene un Estado con los ciudadanos u otros países, y se puede expresar como cuantía o como porcentaje que se debe sobre el PIB. En concreto, es el porcentaje del PIB que debería gastar un país para pagar su deuda total.

Cabe destacar, que siete de los países más endeudados del mundo, son europeos. Europa, sin considerar a Rusia, representa el 26 por ciento de la deuda mundial. Lo anterior, significa que la deuda conjunta de Estados Unidos y sus aliados de Japón y Europa, corresponde al 75 por ciento de la deuda mundial total.

Si lo observamos desde el punto de vista del porcentaje del PIB que representa la deuda pública de los países más endeudados del planeta, el ranking es el siguiente: Japón un 237%, Grecia 179,2%, Eritrea 174%, Italia 135,5%, Portugal, 131,7%, Bélgica 109,7%, Chipre 109%, Estados Unidos 105%, España 100,5%, Francia 98,2%, Reino Unido 89,1%, Canadá 87%, Brasil 68%, India 67% y China un 42%. Cabe resaltar que la deuda pública de Rusia respecto del PIB fue de 21,94% en 2017 y se prevé que en 2018, alcanzará un 22,78%.

En América Latina, exceptuando a Brasil, las mayores tasas de deuda pública son de Venezuela, Argentina y México con un 53%, 48% y 44%, respectivamente. Panamá y Colombia tienen un 40% y un 35%, y las más bajas son las de Chile, Ecuador y Perú, con un 13%, 19% y 23%, respectivamente. Si bien, en los rankings oficiales no aparece la deuda pública de Bolivia, ésta es también una de las más bajas de Latinoamérica con un 23,6%.

Deuda impagable

Las cifras indicadas, demuestran que la deuda global, cuya mayor parte corresponde a Estados Unidos y sus aliados, es impagable. En el caso norteamericano, la deuda pública asciende a US$14 billones, que como dijimos, corresponde al 105% del PIB. De acuerdo a información del Fondo Monetario Internacional (FMI), Estados Unidos es el país con la mayor deuda externa: 5,7 billones de dólares, que representa el 34 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Cabe señalar, que el principal acreedor de Estados Unidos es Japón con 1,13 billones de dólares, país que desplazó a China, su principal adversario, que tiene casi US$ 1,12 billones en bonos del tesoro norteamericano.

El panorama para Estados Unidos, que aspira a mantenerse como primera potencia mundial, y sus aliados, es bastante magro, si consideramos las proyecciones del PIB al año 2050. Según las cifras, en dicha década, El PIB de China, corresponderá al 20% del PIB mundial, el de India representará el 15% y el de Estados Unidos y la Unión Europea, apenas constituirán el 12% y el 9% del PIB mundial, respectivamente.

Lo anterior, significa que en términos objetivos Estados Unidos no está en condiciones de expandir su economía, disminuir su nivel de endeudamiento astronómico y de mantenerse como primera potencia mundial, para desde allí continuar imponiendo al mundo el sistema capitalista. La situación de sus aliados europeos es la misma. El imperialismo norteamericano sólo tiene una salida: apoderarse de nuevos territorios y recursos naturales, y ello significa la guerra. Lo que ha planteado Donald Trump al respecto, no deja lugar a ninguna duda: “retomaremos la carrera armamentista y la  ganaremos. Los sobreviviremos a todos”, señaló.

Los recursos naturales de América Latina

Para ello, el imperialismo juega sus cartas en el mundo, y cada una de sus acciones abiertas y encubiertas tiene como objetivo preservar su hegemonía, defender el capitalismo, un estilo de vida que asegura los privilegios de una minoría de la humanidad.

Invadieron hace unos años Irak, Afganistán, Libia, y esperan intervenir en Irán para controlar el Estrecho de Ormuz. En América Latina, Venezuela es un objetivo largamente acariciado. Destruir la Revolución Bolivariana impulsada por el Comandante Hugo Chávez y apoderarse de las mayores reservas de petróleo del planeta, del gas natural, hierro, bauxita, carbón, oro y diamantes. Han ensayado múltiples fórmulas para desestabilizar al chavismo, pero hasta el momento, no han podido quebrar a las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Todo indica, que impulsarán acciones armadas con grupos mercenarios afincados en territorio colombiano. Una guerra civil o incluso una invasión directa, no es descartable.

En Brasil, también actúan directamente. Estuvieron detrás del proceso de destitución de la Presidenta Dilma Roussef y en la asonada que culminó con el encarcelamiento de Inazio Lula Da Silva, quien era ganador seguro de las próximas elecciones presidenciales. Toda la institucionalidad corrupta del país, incluidas las fuerzas armadas, puesta al servicio de los intereses del imperialismo y sus lacayos locales. Brasil es el país más grande de América Latina, es la sexta economía mundial y es rico en minería: diamantes, oro, hierro, magnesio, níquel, fósforo, plata, uranio y produce el 80 por ciento del petróleo que consume. Además, posee el 20% del agua del planeta y sólo la región del amazonas, alberga el 30% de la vida animal y vegetal del mundo. Y como si ello fuera poco, para la voracidad imperialista, Brasil cuenta con el mayor número de especies conocidas de mamíferos y de peces de agua dulce, el segundo de anfibios, el tercero de aves y el cuarto de reptiles. Con más de 50 mil especies de árboles y arbustos, es el país con la mayor biodiversidad vegetal del mundo.

Pero el imperialismo actúa en todos los frentes: hace algunas semanas, en Colombia fue arrestado Jesús Santrich, uno de los principales líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quien fue uno de los negociadores en el proceso de paz. El dirigente, que era uno de los 10 representantes del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) en el congreso, ha sido acusado por la DEA de participar en el envío de droga a Estados Unidos. Mientras el comandante de las FARC, Iván Márquez, ha denunciado un montaje, que pone en peligro el proceso de paz, el Presidente Juan Manuel Santos, ha señalado que no le temblará la mano para autorizar la extradición de Santrich, si se comprueba la veracidad de las acusaciones. Dado el servilismo de Santos con Estados Unidos, ya sabemos que sólo le tiembla la mano cuando debe actuar con independencia respecto de las  directrices que impone el imperio a sus lacayos del continente.

Es importante señalar, que tras la desmilitarización de las FARC, los territorios donde operaba la guerrilla, han sido ocupados por fuerzas paramilitares y mercenarios financiados por Estados Unidos para intervenir en Venezuela.

Campaña contra Rusia

La expulsión en bloque de diplomáticos rusos desde Estados Unidos y 14 países de Europa por el ataque químico contra el ex doble agente Sergei Skripal, ocurrido en marzo en Reino Unido, que el gobierno británico atribuyó a los rusos, es otra maniobra norteamericana destinada a afectar la imagen de Rusia. Si bien, no existe ninguna prueba concreta que incrimine en el hecho al gobierno ruso, Estados Unidos presionó a los países europeos para que se unieran a la asonada, como sabe muy bien hacerlo: condicionando las exportaciones de productos desde esas naciones a Estados Unidos.

¿Qué busca el imperialismo? La respuesta la entregó la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, quien advirtió que dentro de poco tiempo seremos testigos de una campaña muy activa de occidente de complot contra el Campeonato Mundial de Fútbol, que se realizará en Rusia, a partir del 14 de junio. Algunos países occidentales “recurrirán a todo tipo de medios, y habrá sorpresas”, agregó.

Pero Estados Unidos y Rusia también se enfrentaron por el supuesto ataque con armas químicas en la ciudad siria de Duma, el pasado 7 de abril. El gobierno norteamericano responsabilizó del hecho al gobierno de Bashar al Assad y a Rusia, su principal aliado militar. El embajador Ruso Vassily Nebenzia dijo que el incidente de Duma no existió o fue preparado, y enmarcó el hecho como una campaña liderada por Estados Unidos para dañar a Rusia con un amplio arsenal de métodos, que incluyen calumnias e insultos. No obstante, tal como amenazó Donald Trump, bombardeó en la madrugada del sábado 14 de abril varias instalaciones militares sirias, en conjunto con sus aliados de Francia y Reino Unido. El presidente ruso Vladimir Putin denunció que occidente utilizó un ataque químico falso para justificar el ataque, y advirtió que si Washington toma nuevas acciones contra Siria se producirá “inevitablemente” un caos en las relaciones internacionales.

El objetivo es China

Estados Unidos sabe que China logrará muy pronto la hegemonía mundial, y que la única manera de evitarlo, es la guerra. Todos sus movimientos en el tablero de ajedrez mundial, están dirigidos a detener el avance chino en todos los planos. La fuerte presencia militar norteamericana en la Península de Corea, con el pretexto de proteger a Corea del Sur de un supuesto ataque nuclear norcoreano, constituyen una amenaza y provocación directa contra China. A ello se suman las medidas proteccionistas impulsadas por Donald Trump, que ha impuesto aranceles de hasta US$60.000 millones a China. La respuesta de Pekín ha sido contundente: también aplicará aranceles a los productos de Estados Unidos e incluirá una tarifa de 25% a las importaciones de carne de cerdo y aluminio reciclado e impuestos del 15 por ciento a tuberías de acero, frutas y vinos norteamericanos, entre otras medidas. Estamos frente a una guerra comercial de las mayores potencias del planeta, y de allí a una guerra militar imperialista hay sólo un paso. Las fronteras nacionales no son suficientes para el capitalismo, que se ve forzado a tomar por asalto nuevos mercados.

Asistimos, en definitiva, al enfrentamiento entre un capitalismo neoliberal en grave crisis, liderado por Estados Unidos, y un capitalismo monopólico de estado exitoso, que ha permitido a China crecer a más de un 7% anual, sacar de la pobreza a 60 millones de personas, y que su economía represente hoy el 30% del PIB mundial, entre otros logros.  Cabe recordar, que el capitalismo monopolista de Estado constituye el mayor nivel a que puede llegar la socialización de la producción bajo el capitalismo, por lo que constituye, según Lenin, «la plena preparación material del socialismo”. Es fundamental, plantear claramente este punto para aquellos que piensan que la contradicción entre China y Estados Unidos es de carácter intercapitalista.

Tal como planteó el presidente chino, Xi Jinping, en el XIX Congreso del Partido Comunista de China, el objetivo es lograr en 2050 que China sea una potencia líder, “una gran nación socialista moderna”. El Partido Comunista de China (PCCh), que tiene 70 millones de militantes, se autodefine como la vanguardia de la clase obrera, el pueblo y la nación China. Proclama como su  ideal supremo y objetivo final materializar el comunismo.

Lo anterior, significa que la contradicción hoy sigue siendo entre capitalismo y comunismo, y es esa contradicción la que debe determinar nuestra acción. La realidad ha demostrado las limitaciones del progresismo, que si bien significó importantes beneficios económicos y de derechos para amplios sectores de Latinoamérica, lo concreto, es que hoy la derecha ha vuelto a tomar el control de los gobiernos. Lo dijo el Che claramente: “no se puede llegar al comunismo por la simple acumulación mecánica de cantidades de productos puestos a disposición del pueblo. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”.

Nuestra lucha es por el comunismo.

 

 

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