2019: año de definiciones y decisiones

José Leiva

Este articulo fue escrito a finales del año pasado. No fue publicado en su momento por ser hackeado. Los acontecimientos en el mundo y en particular en los de Venezuela reflejan lo acertado de lo enunciado en el articulo por lo que lo publicamos ahora. Se destacan con claridad ciertos personajes e instituciones en que se desenmascaran como portadores de las postura más fascistas del imperialismo. Almagro y la OEA, Piñera, Macri, Bolsonaro, Duque, Moreno, entre otros. No les da asco repetir el golpe militar como el de 1973 en Chile o la destrucción Estados como Libia, Irak y Siria en el presente siglo. En nombre de la “democracia” destruyen a naciones completas y conducen a la miseria y muerte a pueblos enteros.

2019: año de definiciones y decisiones

José Leiva

El año 2008 fue el inicio de la crisis económica más grande de la historia. Fue el comienzo de la crisis de la producción material y de sus relaciones, la que aún perdura. Diez años después,  vemos la concreción del desmoronamiento de su superestructura jurídica e ideológica. Símbolos, instituciones, “verdades eternas”, leyes, principios de toda índole, han pasado a la obsolescencia por el peso indesmentible de la realidad actual.

La hegemonía de Estados Unidos, gendarme mundial desde el derrumbe del campo socialista, hoy es cuestionada y sobrepasada  por potencias emergentes.  La creciente influencia de China y el nuevo rol de la Rusia de Putin en Eurasia, ha tensionado un escenario internacional, que actualmente es muy diferente al que existía hace pocos años. La Unión Europea está cada vez más desunida y amenazada con el desmembramiento de Gran Bretaña.

En América Latina asistimos al renacimiento de las posturas más retrogradas de la historia, y  también  al ocaso de las prácticas de “izquierda” reflejadas en algunos gobiernos progresistas.

Aclaramos que entendemos como posturas de izquierda,  las políticas más de avanzada  de un sistema político social determinado. Es un término muy movible por lo que muchas veces se denomina erróneamente de “izquierda” a posiciones hasta reaccionarias. Con ello, hacemos la distinción con el concepto de revolucionario, que en ciertos momentos sus políticas, por razones tácticas, pueden catalogarse de izquierda, pero en general su objetivo es hacer cambios profundos en la sociedad y construir un sistema diferente.  En ciertos momentos específicos del desarrollo económico es necesario luchar por  reformas económicas y sociales dentro del capitalismo, que mejoren las condiciones de vida del pueblo, ante la inexistencia de condiciones para cambios revolucionarios.  Sin embargo, como ocurre en el actual ciclo económico capitalista,  la lucha por esas reformas son totalmente insuficientes. Con ellas el  pueblo sólo accede a  miserables migajas, y en la práctica  las reformas perpetúan  el sistema. Es por ello, que gobiernos que en un momento fueron considerados  “revolucionarios”, hoy su accionar es  anacrónico.

Las enormes riquezas generadas por América Latina no guardan relación alguna   con el estado real de vida de su población. La brecha de desigualdad social ha aumentado proporcionalmente a la producción de riquezas. En los pueblos de América Latina hay  conciencia de ello y es la causa de la creciente agitación en el continente. Las reformas más avanzadas dentro del capitalismo, que ha generado el progresismo, son insuficientes hoy para los pueblos de América Latina. Se requieren de cambios revolucionarios.

El surgimiento de posturas más reaccionarias basadas en la explotación, esclavización y discriminación para el provecho de unos pocos, son el reflejo histórico de épocas pasadas, en las cuales  tenían viabilidad. Hoy, son impracticables. El retorno al patriarcado añejo, donde la mujer es un objeto y no un sujeto, es imposible. Revivir  prácticas dictatoriales pensando que el terror, la fuerza o la sumisión son suficiente para mantener un sistema en total decadencia, solo conduce a un suicidio. El modelo neoliberal para su funcionamiento requiere de libre flujo de capitales, de normas globalizadas, a las que sólo puede acceder a través de sus democracias burguesas. Las dictaduras no le sirven.

En Chile, el caos y la confusión se refleja en Carabineros coludido con el gobierno en prácticas pinochetistas, como se vio en el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca. El objetivo:   imponer  por la fuerza políticas económicas que beneficien a las empresas forestales y agroindustriales en detrimento del pueblo mapuche.  En otro ámbito, la malversación de fondos y el enriquecimiento ilícito de los altos mandos de carabineros y el ejército;  y los abusos sexuales y perversión en la Iglesia Católica.  El poder judicial al servicio  de los empresarios y políticos corruptos,  que por graves cargos de soborno, cohecho y corrupción aplica penas ínfimas o absuelve delitos flagrantes. El parlamento absolutamente cooptado con el dinero de las grandes empresas, convirtiendo a  sus miembros en vulgares mercenarios al servicio de la gran burguesía.  Así, la mayoría de  los referentes políticos e institucionales del país están hundidos en el lodazal del desprestigio.

Son muchos más los hechos que hicieron de  2018  un año de confusión. Los progresistas  creyeron  que podrían lograr algo  con  algunas reformas menores manteniendo el capitalismo y  sus estructuras estatales e institucionales intactas. Los reaccionarios que con medidas de shock no pueden revertir la hecatombe económica ni la descomposición política.

Estamos en un mundo que requiere cambios profundos, que no resiste vivir como se ha vivido hasta ahora. Estamos entrando en un año que exige definiciones y decisiones.

Momentos como éstos, cuando se requieren   transformaciones estructurales y de esencia, son los de mayor colisión entre las fuerzas que pujan por avanzar y las fuerzas conservadoras deseosas de mantener el estado actual. Es época de crisis revolucionaria porque los cambios que requiere la sociedad no pueden  ser otros que revolucionarios. Son momentos de confrontación entre fuerzas revolucionarias y reaccionarias.

La burguesía, en su desesperación, hará todo lo que está a su alcance por mantener su nivel de ganancias. Veremos  las posturas más extremas contra el  ser humano y actuarán contra sus propios predicamentos enarbolados hasta el momento. Sin embargo, en su infinita avaricia por elevar constantemente sus riquezas engendrarán a los sujetos y objetos de su propio fin. Su propia legalidad los ahoga; su propia moral los cuestiona e inhabilita. Es en estos momentos cuando se olvidan que son seres humanos y quieren destruir todo lo hecho hasta ahora para volver a entrar en procesos de acumulación de capitales. En las condiciones actuales, ello implica  escalar a niveles extremos de la confrontación de clases sociales. Podría significar el fin del capitalismo o el fin de la humanidad.

A los pueblos, en su lucha  por mejores condiciones de vida o, en última instancia, por sobrevivir como especie, no les queda otro camino que la revolución.

A los revolucionarios no les queda otro quehacer que  organizar la revolución.

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