12 Jóvenes dignos y la corrupción política

 

Por José Miguel Carrera

12 heroes del FPMRHoy la dignidad de estos doce héroes resalta ante la podredumbre que aflora cada día y que sale a la luz entre los miembros de la clase política, precisamente los que negociaron la “transición política de los ochenta” y que ha gobernado Chile todos estos años.

 

 

12 Jóvenes dignos y la corrupción política

Termina esta fría semana en Santiago, a pesar de la temperatura gélida, cientos de chilenos, por sobre todo jóvenes, militantes de diferentes orgánicas del rodriguismo, del movimiento estudiantil, de trabajadores y la izquierda popular, junto a familiares de los combatientes caídos, rememoraron con respeto y dolor la memoria ejemplar de los 12 héroes de la Matanza de Corpus Cristi. Se han escuchado palabras emocionadas, visto múltiples banderas, flores, lágrimas y puños en alto, en cada fatídico lugar donde los elementos terroristas pertenecientes a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile asesinaron a los doce combatientes y jefes del FPMR entre los días 15 y 16 de junio de 1987.

Ese asesinato fue la respuesta brutal del gobierno de los militares, ante la decisión de lucha y la audacia de las acciones rodriguistas que despertaban la simpatía y admiración popular. Tres compañeras, Elizabeth Escobar, Patricia Quiroz y Esther Cabrera, junto a nueve compañeros, Recaredo Valenzuela, Patricio Acosta, Waldemar Henríquez, Wilson Henríquez, Julio Guerra, Joaquín Valenzuela, Ricardo Rivera, Ricardo Silva y Manuel Valencia, entregaron la vida por intentar terminar con una de las más criminales dictaduras de Latinoamérica. Entre veinte y treinta años eran sus edades al momento del crimen.

Un montaje cubrió este crimen. El gobierno golpista, las FFAA, Carabineros, los órganos de inteligencia y la prensa mercurial, dilataron la justicia por años. Solo la decisión de los familiares hizo el milagro para que fluyera la verdad, nunca creyeron la versión del gobierno militar y lograron que la justicia chilena los encausara y finalmente condenara, pero los asesinos en correspondencia con la filosofía de justicia de la “Transición” -en la medida de lo posible- recibieron condenas insignificantes, conservaron sus grados militares y premiados con jubilaciones millonarias.

Hoy la dignidad de estos doce héroes resalta ante la podredumbre que aflora cada día y que sale a la luz entre los miembros de la clase política, precisamente los que negociaron la “transición política de los ochenta” y que ha gobernado Chile todos estos años. El último cambio de gabinete y el discurso del 21 de mayo pasado, no cambió la situación. En tiempo record cayó un nuevo ministro envuelto en redes de dinero, surgen nuevos antecedentes de abusos, se dice que solamente pocos diputados y un senador no recibieron fondos “reservados” para sus campañas políticas, verdaderos  “billetes encapuchados” que ponen en duda la independencia de diputados y senadores, en su mayoría de orientación neoliberal de derecha e izquierda. Se ha descubierto lo que se sabía, que dinero sangriento proveniente del pinochetismo llegó a manos de los candidatos de la coalición de la presidenta Bachelet, lo que constituye una vergüenza para los llamados “izquierdistas” de la Nueva Mayoría.

Hoy con las “boletas truchas” a la vista, quedan claras muchas interrogantes de la negociación de la Transición de finales de los años ochenta, entre ellas, las razones de por qué nunca se cumplieron las promesas de la Concertación, de NO cambiar la Constitución de Pinochet, de NO devolver las empresas del Estado apropiadas por sicarios afines a la dictadura y de NO hacer justicia por las violaciones de DDHH, como se esperaba. Para la Concertación no cumplir las promesas de esa campaña era y fue sencillamente un lucrativo negocio a futuro.

La presidenta en gira, dice que política chilena no es corrupta y nadie le cree. Su imagen de víctima de la dictadura, explotada permanentemente por sus partidarios se cae, recibe contramanifestaciones en Europa por la represión de su gobierno, aplicada con especial rigor contra mapuche y estudiantes.

Para la izquierda, a la que pertenecemos, no nos cabe duda que la Alianza y la Nueva Mayoría, están negociando a escondidas una salida a la situación, como siempre lo han hecho. Anunciarán tarde o temprano un arreglín a la corrupción, tal como lo hicieron para que Pinochet no fuera juzgado como debía, y también cuando relativizaron las consignas de Educación Gratuita y de Calidad del masivo movimiento estudiantil del 2011, haciéndolas bandera de su última campaña presidencial, engañando a los estudiantes y cooptando a parte de sus líderes.

Quien imaginaría la casualidad histórica que vivimos estos días: Doce muchachos y muchachas fueron masacrados ese aciago 15 y 16 de junio de 1987, acusados en la época del gobierno ilegal de Pinochet como de “terroristas”, y ahora, veintiocho años después, nuevamente doce seres humanos dignos, trabajadores en huelga de la empresa Express de Transantiago, luchando por sueldos y condiciones justas de trabajo, que tomaron una vía del Metro de Santiago, son acusados por el gobierno de Bachelet de violar e infringir la Ley de Seguridad del Estado. Castigo implacable a los trabajadores y vergonzosas excusas para no condenar a políticos corruptos.

Pero esto no debe ser novedad para nosotros, otra cosa es lo grave.

Los partidos históricos de la izquierda chilena al aliarse a la Concertación y hoy Nueva Mayoría, desecharon los paradigmas socialistas y anti capitalistas, los principios revolucionarios y las posturas clasistas. Se han transformado en gran medida, en grupos con demandas de poder para sí mismo, en luchas por cuotas de recursos del Estado y de dádivas mal habidas de los grandes empresarios capitalistas beneficiados del modelo económico impuesto por dictadura.

Quizás esa sea la razón de que hoy, la fuerza que irrumpe de los movimientos sociales y sus demandas, se imponga desde de las bases, y se desarrolle principalmente en grandes luchas de carácter sectorial. En otras palabras, el movimiento popular no tiene todavía respuestas unitarias, a pesar de la evidente descomposición de la clase gobernante, lo necesitamos, para hacernos cargo de nuestro país y alcanzar mejores condiciones de vida. En esa dirección, poco a poco se ven luces y pasos en las fuerzas que representan a las y los que luchan.

La unidad y lucha de los movimientos sociales, sus bases, los partidos de la izquierda popular, constituyen el mejor homenaje a la entrega de nuestros héroes, como los jóvenes de Corpus Cristi.

Construyamos un Chile Digno.

José M. Carrera                @JosMCarreraC

Santiago, Chile, junio 2015

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